LA NIETA DEL SEÑOR LINH

 

 Seis semanas. Lo mismo que dura el viaje. Así que cuando el barco llegue a su destino la niña tendrá el doble de edad. Y el anciano, la sensación de haber envejecido un siglo.

A veces le susurra una canción, siempre la misma, y la niña abre los ojos, y también la boca. El anciano la mira y ve algo más que el rostro de una recién nacida. Ve paisajes, mañanas luminosas, el lento y apacible paso de los búfalos por los arrozales, las alargadas sombras de los enormes banianos a la entrada de su aldea, la bruma azulada que desciende de las colinas al atardecer, como un chal deslizándose lentamente por unos hombros…

(…)

Nada le resulta familiar. Es como si hubiera venido al mundo por segunda vez. Pasan coches que nunca ha visto, en un número incalculable, como un fluido y ordenado ballet. En las aceras, los hombres y las mujeres andan muy deprisa, como si les fuera la vida en ello. Nadie lleva harapos. Nadie pide. Nadie mira a nadie. También hay muchas tiendas. Sus anchos y hondos escaparates están atestados de artículos que el anciano ni siquiera sabía que existieran. Mirar todo eso le da vértigo. Recuerda su aldea como se recuerda algo que se ha soñado sin saber a ciencia cierta si era un sueño o una realidad desaparecida.

PHILIPPE CLAUDEL

Philippe Claudel (Nancy, 2 de febrero de 1962) ha sido profesor de Antropología cultural y Literatura en institutos y en la Universidad de Nancy y en su tiempo libre dio clases a niños discapacitados y a presos. También es guionista de cine y televisión. Gran admirador de Simenon y del Jean Giono de la posguerra, otras de sus obras editadas en español, además de La nieta del Señor Linh (2006), a la que pertenece el fragmento que publicamos, son Almas grises (2005), El informe de Brodeck (2008) y Aromas (2013). Ha recibido prestigiosos premios, entre ellos el Goncourt. En 2008 fue director y guionista de la película Il y a longtemps que je t’aime (Hace mucho que te quiero) que consiguió, entre otros premios, el César a la mejor ópera prima. Su segundo filme, de 2011, lleva por título Tous les soleils (Silencio de amor).

Cristina Castilla ha seleccionado el fragmento anterior. Nos explica así su elección:

La nieta del Señor Linh, de Philippe Claudel, es una brevísima novelita que me recomendó nuestra compañera Pilar Fernández y que condensa en un escaso centenar de páginas un hermoso canto a la amistad, en un mundo que al protagonista le es ajeno, extraño y hostil.

En el siguiente enlace podéis escuchar, en francés, al autor leyendo un pasaje de una de sus novelas.

http://es.video.search.yahoo.com/video/play;_ylt=A2KLqIudkYtUVQ8Ahuu..Qt.;_ylu=X3oDMTByZWc0dGJtBHNlYwNzcgRzbGsDdmlkBHZ0aWQDBGdwb3MDMQ–?p=philippe+claudel+lecture&vid=644298735163687456c82b01736e4d99&l=12%3A26&turl=http%3A%2F%2Fts3.mm.bing.net%2Fth%3Fid%3DVN.608039014406425182%26pid%3D15.1&rurl=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DzqbMZVhhOeg&tit=Philippe+Claudel+-+Lecture&c=0&sigr=11bhae7uq&sigt=10qrb2ir6&age=0&fr2=p%3As%2Cv%3Av%2Cm%3Asa&hsimp=yhs-fullyhosted_003&hspart=ironsource&type=ast_ir_14_37_ie&tt=b

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LOS SÁBADOS

 

Los sábados teníamos de par en par los ojos

enseñando las luces doradas del domingo,

mientras iban las horas resbalando su carga

de ilusión en nosotras.

 

Sentadas en pupitres, en filas o en recreos,

pensábamos el día perfecto cada una

con un sol, sus películas y su adiós en la calle

al niño que llevaba nuestro nombre en su frente.

 

Volar era la clave escrita en nuestro ánimo.

Soñábamos con puertas y con la interminable

escalera que parte el monte en dos mitades,

donde un coche esperaba nuestra vuelta más rápida,

llevándose un viaje de alegría hacia el centro.

 

Mas pasaba el domingo, y con él los proyectos

de toda una semana extrañamente larga;

y el resultado era arrastrar la nostalgia

seis días como puños.

MARÍA VICTORIA ATENCIA

María Victoria Atencia García nació en Málaga el 28 de noviembre de 1931. Cursó piano y armonía en el Conservatorio Superior de Música y esta formación, junto con el gusto por la pintura, caracterizará luego su poesía, su sentido del color y de la composición, así como una serena formación religiosa a la que se ha acogido siempre. También obtuvo el título de piloto de aviación, afición que queda reflejada en la pasión por las alturas que se aprecia en su obra. Comenzó su obra con influencia de lo popular y de la poesía arábigoandaluza en Tierra mojada (1953), a la que siguió Arte y parte (1961). Tras el largo periodo de silencio que sucedió al fallecimiento de sus padres, publicó Marta y María, Los sueños, El mundo de M. V., Eclesiastés. El coleccionista, De la llama que arde, La señal, La intrusa, Los niños o El hueco. Acaba de obtener el XXXIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía, que se suma a otros muchos. 

El reciente premio obtenido por esta escritora malagueña nos ofrece la oportunidad de conocerla un poco más. En el siguiente vídeo podéis escucharla recitando algunos de sus poemas.

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LA INTRUSA

 

   

(…) Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con él a Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucía en las fiestas. (…) Juliana era de tez morena y de ojos rasgados; bastaba que alguien la mirara, para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.

 Eduardo los acompañaba al principio. Después (…) se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.

 Una noche, Eduardo vio el oscuro de Cristián atado al palenque. En el patio, el mayor estaba esperándolo con sus mejores pilchas. La mujer iba y venía con el mate en la mano. Cristián le dijo a Eduardo:

 -Yo me voy a una farra en lo de Farias. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés usala.

 El tono era entre mandón y cordial. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía qué hacer. Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, montó y se fue al trote, sin apuro.

 Desde aquella noche la compartieron. (…) El arreglo anduvo bien por unas semanas, pero no podía durar. Entre ellos, los hermanos no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban, razones para no estar de acuerdo. Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa. Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto los humillaba.

La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia, sin duda por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto.

Un día, le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no apareciera por ahí, porque tenían que hablar. Ella esperaba un diálogo largo y se acostó a dormir la siesta, pero al rato la recordaron. Le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenía, sin olvidar el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre. Sin explicarle nada la subieron a la carreta y emprendieron un silencioso y tedioso viaje. Había llovido; los caminos estaban muy pesados y serían las once de la noche cuando llegaron a Morón. Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo. El trato ya estaba hecho; Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro.

 En Turdera, los Nilsen, perdidos hasta entonces en la maraña (que también era una rutina) de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su antigua vida de hombres entre hombres. (…) Acaso, alguna vez, se creyeron salvados, pero solían incurrir, cada cual por su lado, en injustificadas o harto justificadas ausencias. Poco antes de fin de año el menor dijo que tenía que hacer en la capital. Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos reconoció al overo de Eduardo. Entró; adentro estaba el otro, esperando turno. Parece que Cristián le dijo:

 -De seguir así, los vamos a cansar a los pingos. Más vale que la tengamos a mano.

 Habló con la patrona, sacó unas monedas del tirador y se la llevaron. La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo para no verlos.

 Volvieron a lo que ya se ha dicho. La infame solución había fracasado; los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa. (…)

Un domingo (los domingos la gente suele recogerse temprano) Eduardo, que volvía del almacén, vio que Cristián uncía los bueyes. Cristián le dijo:

 -Vení; tenemos que dejar unos cueros en lo de Pardo: ya los cargué, aprovechemos la fresca.

  Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:

 -A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas, ya no hará más perjuicios.

 Se abrazaron, llorando. Ahora los ataba otro vínculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.

JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) fue un escritor argentino cuyos poemas y cuentos vanguardistas lo consagraron como una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana. Estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España relacionándose con los escritores ultraístas. Su poesía lírica quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). En la década de 1930, debido a una enfermedad hereditaria, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional, de la que llegó a convertirse en  director. Publicó con  Adolfo Bioy Casares  Antología de la literatura fantástica (1940). A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales. Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Otros libros importantes del mismo género son El Aleph (1949) y El hacedor (1960). En 1980 obtuvo el premio Cervantes con Gerardo Diego. Escritor cultísimo, con gran influencia de la literatura inglesa, desarrolla una obra original, con símbolos repetidos, como el laberinto o los manuscritos, reescritos una y otra vez.

Ángel Campillo ha seleccionado y sintetizado este cuento, perteneciente a la obra de Borges El informe de Brodie (1970), con motivo del Día contra la violencia de género, para provocar nuestra reflexión.

Podéis ver el siguiente corto basado en este cuento:

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MEMORIA Y DIGNIDAD

Me viene a la memoria
en un día de lluvia
y de canciones tristes
el recuerdo de aquellas trece rosas
rojas como su sangre.

Las jóvenes mujeres
que hoy vemos por las calles
de la ciudad nerviosa
tal vez no las recuerden
ni conozcan su historia.

Mas aun cuando no sepan
del dolor ni la lucha
su herencia ya es genética
y está escrita en el mapa de la vida.

Se anuncia un nuevo tiempo
sin nada que perder
pues todo lo han ganado 
con trabajo y constancia:
La dignidad hoy se escribe
con nombre de mujer.

MIGUEL COBO

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Miguel Cobo Rosa nació en 1949 en Torreperogil (Jaén). Es profesor jubilado de Lengua y Literatura y Francés. Su último destino fue el IES Santa Catalina de Siena. Escribe poesía de forma autodidacta desde muy joven. Fueron sus compañeros del instituto los que decidieron editar algunos poemas en su libro Riografía en el año 2008, en colaboración con la Consejería de Educación. Este es también el título de su magnífico blog (http://riografia.blogspot.com), donde ha publicado casi toda su obra. Colabora habitualmente en blogs y revistas digitales, así como en el programa cultural de Radio Úbeda, “La Librería” y en “El Barrero” de Radio Loma, de Torreperogil. Es miembro del Ateneo de Córdoba y ha participado en el ciclo Poesía en la bodega y en la Galería de arte Arc en Ciel de Mayte Béjar. Su obra Qué silencio sustituirá tu voz obtuvo primer premio en el V Concurso Domecq de Poesía Corta de Jerez de la Frontera en 1987. También recibió el primer premio del I Concurso Literario Ateneo de Jaén en 1989 por su obra Guadalquivir (Metamorfosis del agua y de la luz). Su libro antes mencionado, Riografía, mereció un accésit en el VII Certamen Rosalía de Castro organizado por la Casa de Galicia de Córdoba en 1997.  Además de la Literatura, sus aficiones son la música y el cine. Sus poetas favoritos son Luis García Montero, Ángel González, José Ángel Valente, Xavier Villaurrutia, José Hierro y Joaquín Pérez Azaústre, entre otros. Actualmente prepara la edición de su Diario de un funambulista, un exhaustivo dietario en verso publicado en Facebook durante el primer semestre de 2013. Ha participado en numerosos actos literarios en asociaciones culturales, centros cívicos e institutos, entre ellos en el nuestro, así como en la Muestra provincial de poesía desde el aula y en Cosmopoética. Su sensibilidad hacia el mundo de la mujer como sujeto poético queda patente en muchos de sus poemas, incluido el que proponemos.

Su poética podría resumirse, según sus propias palabras, en esta metáfora: “Si nuestras vidas son los ríos, no solo en la inmortal metáfora manriqueña, una Riografía vendría a ser la biografía poética del propio río y también la del hombre que vive en sus orillas y recorre su curso. Vidas paralelas, no en el sentido plutarquiano del término, sino en el de la telúrica influencia –y afluencia– que recíprocamente se tributan”.

El próximo 25 de noviembre Miguel Cobo acudirá a nuestro centro a leer algunos de sus poemas y a hablarnos de su obra. Como docente, siempre colaboró con las actividades de Coeducación de su centro, y aún sigue haciéndolo. En su blog quedan los poemas que ha dedicado a la mujer, entre ellos el que publicamos, que recuerda la muerte de las “Trece Rosas”. En el siguiente vídeo se explica quiénes fueron y cómo murieron.

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YO ME NIEGO

¿Sabes? Te he querido, 
te he pedido, te he rogado, 
pero tú no has sabido darme 
ni una gotita de amor. 

Tanto te he sufrido, 
tanto, tanto te he esperado 
y tú que nunca jamás 
te has enterado. 

Pero al final de todo 
los ángeles siempre ganan. 
No necesito un hombre malo. 

Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver 
con el alma en el suelo. 
Ya no tengo nada que dar.
Me cansé de llorar, 
te entregué mi pañuelo. 

Tarde para ti, que yo me fui.
Mi corazón no es ciego. 
Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver, 
yo me niego, yo me niego. 

Tuve suficiente del dolor.
Salí valiente 
después de perder esta guerra 
que me has declarado. 

Pero al final de todo 
los ángeles siempre ganan. 
No necesito un hombre malo. 

Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver 
con el alma en el suelo. 
Ya no tengo nada que dar. 
Me cansé de llorar. 
Te entregué mi pañuelo. 

Tarde para ti, que yo me fui. 
Mi corazón no es ciego.
Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver, 
yo me niego. 

Y aunque no lo creas 
yo he luchado a mi manera.
Yo no soy lo que pensaba, 
hay un mundo para mí. 

Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver 
con el alma en el suelo. 
Ya no tengo nada que dar.
Me cansé de llorar.
Te entregué mi pañuelo. 

Tarde para ti, que yo me fui.
Mi corazón no es ciego.
Tú ya no me vuelves a ver, 
no me vuelves a ver, 
yo me niego, yo me niego, 
yo me niego.

ROSARIO FLORES

Cantante, compositora y actriz, Rosario González Flores (Madrid, 1963) ha creado un estilo propio en el mundo de la música fusionando pop, blues, rumba, soul, gipsy funk y bossa nova, mezclada con una esencia latina y flamenca muy suya. Tras una primera incursión en la música en 1984 con Vuela una noche, en 1992 apareció De ley, compuesto en su mayoría por Antonio Flores,  con canciones como “Mi gato” o “Sabor sabor”. Repitió éxito con su segundo disco, Siento (1994), de nuevo compuesto en su mayoría por canciones de su hermano Antonio, con las colaboraciones de Raimundo Amador, Antonio Carmona y Vicente Amigo.  En 1996 publica Mucho por vivir, un homenaje a la memoria de Antonio Flores, especialmente el primer single, “Qué bonito”. Después, en 1999, Rosario da un giro más rockero a su música con Jugar a la locura.  En 2001 edita Muchas flores,  un homenaje a la rumba catalana. En 2003, De mil colores, con temas propios, y en 2006, Contigo me voy. Dos años después, Rosario publica Parte de mí, el álbum de la banda sonora de su vida. En 2011 apareció Raskatriski y en 2013 su último trabajo, llamado Rosario, del que se extrajo el sencillo “Yo Me Niego”. La discografía de Rosario suma más de treinta Discos de Platino y Oro, con un extenso palmarés de premios y números uno. También ha actuado a las órdenes de Pedro Almodóvar en la película Hable con ella.

Con motivo del día contra la violencia de género, esta semana publicamos la canción de Rosario Flores, compuesta por ella misma en colaboración con Claudia Brant, sobre la que está trabajando el alumnado de nuestro centro. Nuestro deseo es que algún día consigamos que no sea necesario recordar a las víctimas de esta lacra social.

Y ahora podéis escuchar la canción en el siguiente vídeo:

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EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

  

        Así, aun en los momentos en que no tenía ocasión de obrar el bien, la princesa trataba de demostrar, o, mejor dicho, de hacer creer por todos los signos exteriores del lenguaje mudo, que no se tenía por superior a las personas en medio de las cuales se hallaba. Tenía para cada una esa encantadora cortesía que tienen para con las inferiores las gentes bien educadas, y a cada momento, por hacerse útil, corría su silla con objeto de dejar más sitio, me tenía los guantes, me ofrecía todos esos servicios, indignos de las orgullosas burguesas y que prestan de muy buen grado las soberanas, o, instintivamente y por hábito profesional, los criados viejos.

            Ya, en efecto, el duque, que parecía tener prisa por acabar las presentaciones, me había arrastrado hacia otra de las muchachas-flores. Al oír su nombre, le dije que había pasado por delante de su castillo, no lejos de Balbec. “¡Oh, cómo me hubiera gustado enseñárselo!”, dijo, casi en voz baja, como para mostrarse más modesta, pero en un tono sentido, penetrado por entero del pesar por la ocasión perdida de un placer especialísimo; y añadió con una mirada insinuante: “Espero que no todo se haya perdido. Y debo decir que lo que más le habría interesado a usted es el castillo de mi tía la de Brancas; fue construido por Mansard; es la perla de la provincia”. No era sólo ella la que se hubiese puesto contenta con enseñarme su castillo, sino su tía la de Brancas, quien no hubiera estado menos encantada de hacerme los honores del suyo, según me aseguró esta dama, que pensaba evidentemente que, sobre todo en un tiempo en que la tierra tiende a pasar a manos de financieros que no saben vivir, importa que los grandes mantengan las altas tradiciones de la hospitalidad señorial, con palabras que no comprometen a nada. Era, también, porque procuraba, como todas las personas de su medio, decir las cosas que mayor placer podían causar al interlocutor, darle la más alta idea de sí mismo, que creyese que halagaba a aquellos a quienes escribía, que honraba a sus huéspedes, que la gente ardía en deseos de conocerle. Querer dar a los demás esta idea agradable de sí mismos es cosa que existe a veces, a decir verdad, incluso entre la misma burguesía. Encuéntrase, en ella, esta disposición benéfica, a título de cualidad individual compensadora de un defecto, no, ¡ay!, en los amigos más seguros, pero sí, por lo menos, en los compañeros más agradables. Florece, en todos los casos, completamente aislada. En una parte importante de la aristocracia, por el contrario, este rasgo de carácter ha dejado de ser individual; cultivado por la educación, sostenido por la idea de una grandeza propia que no puede temer humillarse, que no conoce rivales y sabe que por diversión puede hacer dichosos a algunos y se complace en hacerlos tales, ese rasgo ha pasado a ser el carácter genérico de una clase. Y aun aquellos a quienes defectos personales demasiado opuestos impiden conservarlo en su corazón, llevan la huella inconsciente de él en su vocabulario o en su gesticulación.

MARCEL PROUST

En busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu) es una novela del escritor francés Marcel Proust -cuya biografía ya incluimos en otra entrada de este blog- escrita entre 1908 y 1922 que consta de siete partes, publicadas entre 1913 y 1927, las tres últimas de las cuales son póstumas. Es ampliamente considerada una de las cumbres de la literatura francesa y universal. Más que del relato de una serie determinada de acontecimientos, la obra se centra en la mente del narrador: sus recuerdos y los vínculos que crean.

Las siete partes de esta obra son: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, a la que pertenece el fragmento que publicamos, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva, a veces llamada Albertine desaparecida, y El tiempo recobrado (1927).

En Busca del Tiempo Perdido es una novela autobiográfica de un escritor novel. Prácticamente todos, si no todos, los personajes que aparecen en ella son transposiciones literarias reinventadas de personajes reales conocidos por Proust: desde Swan hasta el propio narrador, álter-ego de Proust, lo cual le granjeó la enemistad de algunos amigos de la alta sociedad. Es difícil recordar a un autor anterior a Proust que haya escrito tan prolijamente sobre la homosexualidad, masculina y femenina. Ello le confiere una gran modernidad para la época en que la novela fue escrita. Proust era homosexual pero sus convicciones religiosas por un lado, y la presión familiar y social por otro, lo obligaron a vivir su homosexualidad secretamente.

Lo más característico de su estilo son las frases muy largas, poco frecuentes en la literatura de su época.

Alberto Rubio ha elegido este texto, perteneciente a una obra que se publicó por primera vez el 14 de noviembre de 1913, y nos ha explicado sus motivos:

Entre los muchos deleites que ofrece la gran obra de Proust En Busca del Tiempo Perdido está la descripción, hasta en los más delicados matices, de los usos sociales del mundo que su autor conoció. El ejercicio de los buenos modales como signo de distinción social, algo de lo que, a los que tenemos ya muchos años, nos llegó un eco en nuestra juventud y que hoy parece desaparecido de la faz de la tierra, se retrata en el siguiente pasaje con la deliciosa ironía y el pesimismo velado por el humor tan característicos de Proust. El pasaje se inserta en el tomo tercero, El Mundo de Guermantes, cuando el joven protagonista asiste a una de sus primeras veladas en un medio aristocrático.

Podéis leer el tercer libro de la gran obra de Proust, al que pertenece el fragmento, aquí:

Proust, Marcel – 3 El mundo de Guermantes

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SUEÑOS DE SEMILLA

 

 En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.

  …Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.

 En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.

 Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.

 Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas… para convertirse en árboles.

 Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

 Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez cegadora.

 Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos… Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

 Nada hay que temer,… una sabiduría interior las acompaña… porque cada semilla sabe… cómo llegar a ser árbol…

 JORGE BUCAY

Jorge Bucay (Buenos Aires, 1949) es médico especializado en enfermedades mentales. Considera importante la recuperación de los cuentos como medio de comunicación y de educación. Sus obras son muy populares en España y han sido traducidas a más de veinte idiomas. Entre las más destacadas se encuentran Cartas para ClaudiaDéjame que te cuenteCuentos para pensarAmarse con los ojos abiertos, además de la novela El candidato. También  ha escrito una serie de libros que él denomina “Hojas de ruta”: El camino de la autodependenciaEl camino del encuentroEl camino de las lágrimas y El camino de la felicidad. Se le ha criticado su estilo por tender a la excesiva simplicidad. El autor intenta llevar al lector a encontrar respuestas sobre el comportamiento y el razonamiento humano para lograr vivir en paz y con felicidad.

Podéis escuchar el cuento anterior y otros del mismo autor en el siguiente vídeo:

Y podéis leerlos en el siguiente archivo:

CUENTOS PARA PENSAR. JORGE BUCAY

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