Aunque nacido “en un lugar de La Mancha”, el poeta Emilio Ruiz Parra es tenido por muchos como andaluz, toda vez que en Andalucía (en Jaén y Córdoba) ha transcurrido buena parte de su vida.
En Jaén fundó en los años cincuenta una de las revistas literarias más valoradas, Aljaba, de la que se ha realizado una reedición en facsímil medio siglo después. En Córdoba vivió más de tres lustros, de 1955 a 1970, tuvo tres hijos y fundó, junto a Mariano Roldán y Rafael Mir, Revista del Mediodía, que dirigió. En una y otra publicación colaboró de forma permanente Antonio Povedano, giennense y cordobés en una pieza, pintor de la luz por doble vía: por la que por él creada se configura en sus lienzos, en especial los paisajísticos, y la que se filtra y embellece en el cristal policromo de sus vidrieras, que empezó a realizar por aquellos años, alhajando así tanto edificios civiles como religiosos en las tierras andaluzas.
Testimonio y memoria de aquellos tiempos son los retratos en línea que Povedano hizo del poeta, y el libro que este realizó, La vidriera y Antonio Povedano, incluido en la colección Temas Andaluces, entre las publicaciones de Cajasur, la entidad cordobesa. Asimismo en Córdoba se publicó uno de sus libros, Tiempo de bonanza, en el que está incluido el poema “Presencia de Córdoba”.
Ruiz Parra es autor de una decena de libros de poesía y ha recibido destacados premios. Actualmente reside en Madrid.
(Del prólogo del libro La vidriera y Antonio Povedano)
Esta semana, agradecemos el texto de Emilio Ruiz Parra dedicado a Córdoba a nuestro compañero Antonio Povedano Marrugat, así como a este poeta y a su esposa, Franca López Figueroa, que han tenido la gentileza de enriquecer nuestro blog con el hermoso poema y con la biografía de su autor. Antonio Povedano nos explica así su elección:
Estimo que, para hacer un homenaje a nuestra tierra andaluza, lo mejor podría ser ensalzar nuestra ciudad mediante un poema de un gran amigo de mi familia y mío que, pese a ser manchego de nacimiento, vivió muchos años aquí, donde disfrutó de la amistad de poetas, pintores e intelectuales, en compañía de su entrañable familia.
Ahora, muchos años después, con la travesía del desierto de la edad dorada a sus espaldas, entre tantos recuerdos y vivencias, sigue añorando aquellos tiempos en esta ciudad tranquila, por la que era posible pasear y charlar sin el tráfago de la agobiante metrópoli.
Emilio, gran amigo de mi padre -a quien me recuerda sin remedio-, tuvo que marcharse a la Villa y Corte por los imperativos del trabajo; pero desde allí escribía sobre Córdoba, que tendrá siempre grabada en su interior de poeta sincero.
Añadimos unas imágenes de un vídeo en el que se muestra una vidriera realizada por Antonio Povedano, comentada por su hijo, y otro de nuestra ciudad:








