LA PRIMAVERA

       

 ¡Ay, qué relumbres y olores!
¡Ay, cómo ríen los prados!
¡Ay, qué alboradas se oyen!

ROMANCE POPULAR

En mi duermevela matinal, me malhumora una endiablada chillería de chiquillos. Por fin, sin poder dormir más, me echo, desesperado, de la cama. Entonces, al mirar al campo por la ventana abierta, me doy cuenta de que los que alborotan son los pájaros.

Salgo al huerto y canto gracias al Dios del día azul. ¡Libre concierto de picos, fresco y sin fin. La golondrina riza, caprichosa, su gorjeo en el pozo; suba el mirlo sobre la naranja caída; de fuego, la oropéndola charla, de chaparro en chaparro; el chamariz ríe larga y menudamente en la cima del eucalipto, y, en el pino grande, los gorriones discuten desaforadamente.

¡Cómo está la mañana! El sol pone en la tierra su alegría de plata y de oro; mariposas de cien colores juegan por todas partes; entre las flores, por la casa -ya dentro, ya fuera-, en el manantial. Por doquiera, el campo se abre en estallidos, en crujidos, en un hervidero de vida sana y nueva.

Parece que estuviéramos dentro de un gran panal de luz, que fuese el interior de una inmensa y cálida rosa encendida.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Platero y yo.

Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) estudió en la Universidad de Sevilla, pero abandonó Derecho y Pintura para dedicarse a la literatura influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses. Sufrió varias crisis de neurosis depresiva durante su juventud. En Estados Unidos se casó en 1916 con Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española, se exilió a Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico. En este último país recibe la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956.

La crítica suele dividir su trayectoria poética en tres etapas:

-Etapa sensitiva (1898-1915), marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella predominan las descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental que trasluce la sensibilidad del poeta a través de la estructura formal.

-Etapa intelectual (1916-1936). El mar simboliza la vida, la soledad, el gozo, el eterno tiempo presente. Se inicia asimismo una evolución espiritual que lo lleva a buscar la trascendencia. En su deseo de salvarse ante la muerte se esfuerza por alcanzar la eternidad, que busca conseguir a través de la belleza y la depuración poética.

Etapa verdadera (1937-1958). Comprende todo lo escrito durante su exilio americano, con una exigencia de verdad y profundidad que hacen sus poemas difíciles de comprender.

Platero y yo es el libro más universal de Juan Ramón Jiménez, injustamente relegado al ámbito de la literatura infantil. En enero de 1917 se publicó la edición completa de esta obra, con lo que conmemoramos su centenario estos días. Teñido de sensibilidad y sensaciones, en él el poeta dialoga con su burro vertiendo sus deseos y frustraciones en esas confesiones, en medio de un paisaje como el que se describe en este poema, con el que celebramos también la llegada de la primavera. 

En este enlace podéis ver una ficción basada esta obra.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-libros-ficcion/libros-platero-yo-juan-ramon-jimenez/3735198/

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YO ERA CAPERUCITA

Un día que tenga tiempo
os contaré la aventura de mi infancia
con el lobo Franco.

Yo era una caperucita roja en zona roja.
El lobo Franco se enteró que en mi cestita
no llevaba solomillo y queso para mi abuelita
y al ver que llevaba libros y poesía,
mandó su jauría
y me detuvo en la Gran Vía.

Los criados del lobo
me metieron en prisión,
me mordisquearon a gusto,
por poco me muero del susto.

En el bosque de cemento
pasé un miedo atroz.
Yo era una caperucita roja
y “el Franco” un lobo feroz.

GLORIA FUERTES

Gloria Fuertes nació en Madrid en 1917 en una familia humilde. Su infancia transcurre en las bulliciosas calles cercanas a la antigua Plaza del Progreso, donde aprende el lenguaje coloquial que la caracterizará. Era una niña alegre y desde pequeña quiso escribir, pero la falta de medios la lleva a trabajar enviando cartas o contando huevos en una fábrica. Su madre la matricula en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer, donde recibió la formación que entonces se consideraba necesaria para una futura ama de casa: cocina, cuidado de niños, corte y confección, etc. Con quince años muere su madre. La Guerra Civil cambia su vida: a pérdida de su novio y sus propias experiencias marcan su carácter pacifista. En 1939 escribe su primer relato para niños y lo envía al semanario Maravillas , donde es publicado y donde entrará a trabajar como editora durante diez años. De 1940 a 1955 publica muchos cuentos en la revista Maravillas así como en la revista Pelayo. En 1950 aparece su primer poemario: Isla ignorada. En los años 50 inició una fulgurante carrera literaria que la llevó a obtener en 1961 una beca Fulbright  para enseñar literatura española en la Universidad de Pennsylvania. A mediados de los años 70 colaboró activamente en diversos programas infantiles de TVE, siendo Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca los que la convirtieron definitivamente en la poeta de los niños. Recibió en cinco ocasiones el Aro de Plata de TVE. A partir de estos años la actividad de Gloria Fuertes es imparable: lecturas, recitales, homenajes, siempre cerca de los niños, publicando continuamente, tanto poesía infantil como de adultos. Obtuvo algunos premios y accésit por sus cuentos y poemas. De su obra se destacan los libros Poesía ignorada (1950), Aconsejo beber hilo (1954), y Poeta de guardia (1980). En septiembre de 1998 se le diagnostica un cáncer de pulmón que acabará con su vida ese año.

Aunque ella siempre se definió como “autodidacta y poéticamente desescolarizada”, su nombre ya ha quedado ligado a dos movimientos literarios: la generación del 50 y el Postismo, grupo literario de posguerra al que se unió a finales de los 40 y del que formaban parte Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, y en el que también colaboraron Ángel Crespo y Francisco Nieva. Del Postismo quedó para siempre en Gloria Fuertes una actitud poética desmitificadora por vía del humor; el humor en Gloria Fuertes es una forma crítica de deconstruir la realidad y descubrir la verdad de las cosas. El antibelicismo y la protesta contra lo absurdo de la civilización consumista están presentes en su poesía, de forma categórica. Como ella misma declaró, “sin la tragedia de la guerra civil quizá nunca hubiera escrito poesía”. Como secuela de su experiencia bélica, la obra de Gloria Fuertes se caracteriza por la ironía con la que trata cuestiones tan universales como el amor, el dolor, la muerte o la soledad. Todo ello aderezado con curiosas metáforas y juegos lingüísticos llenos de encanto, frescura y sencillez, que dotan a sus poemas de una gran musicalidad y cadencia cercana al lenguaje oral.

Este año se celebra el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes, poeta conocida por su obra infantil, pero mucho menos por sus escritos para adultos, como el que comentamos. Fue una mujer fuerte y decidida, que no dudó en revelar su condición homosexual en una época en que no era nada habitual hacerlo. 

Para conocer mejor a esta interesante escritora, aquí tenéis un vídeo en el que se la entrevista.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/escritores-gloria-fuertes-1977/3943462/

 

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CARTA AL PADRE

 

        Queridísimo padre:

                Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para explicar los motivos de ese miedo necesito muchos pormenores que no puedo tener medianamente presentes cuando hablo. Y si intento aquí responderte por escrito, sólo será de un modo muy imperfecto, porque el miedo y sus secuelas me disminuyen frente a ti, incluso escribiendo, y porque la amplitud de la materia supera mi memoria y mi capacidad de raciocinio.

                A ti la cosa siempre te ha resultado muy sencilla, al menos en la medida en que has hablado de ella delante de mí y delante -indiscriminadamente- de muchos otros. Tú piensas más o menos lo siguiente: has trabajado a destajo tu vida entera, lo has sacrificado todo por tus hijos, muy especialmente por mí, lo que me ha permitido vivir «por todo lo alto», he tenido completa libertad para estudiar lo que me ha apetecido, no tengo motivos de preocupación en cuanto al pan de cada día, o sea, no tengo motivo alguno de preocupación; tú no has exigido a cambio gratitud, conoces «la gratitud de los hijos», pero sí al menos una cierta deferencia, alguna que otra muestra de simpatía; en lugar de eso, yo siempre me he escabullido de tu presencia, refugiándome en mi habitación, en los libros, en amigos chalados, en ideas exaltadas; nunca he hablado abiertamente contigo, nunca me he puesto a tu lado en el templo, jamás te he ido a ver a Franzensbad1, ni en general he tenido nunca espíritu de familia, no me he ocupado de la tienda ni de tus demás asuntos, te he endosado la fábrica y después te he dejado plantado, a Ottla la he apoyado en su caprichosa testarudez y mientras que por ti no muevo un dedo (ni siquiera te traigo entradas para el teatro), por los amigos lo hago todo.

                Si resumes lo que piensas de mí, el resultado es que no me echas en cara nada propiamente inmoral o malo (a excepción tal vez de mi último proyecto matrimonial), pero sí frialdad, rareza, ingratitud. Y me lo echas en cara de una manera como si fuese culpa mía, como si yo hubiese podido cambiarlo todo con sólo dar un giro al volante, mientras que tú no tienes la menor culpa, como no sea la de haber sido demasiado bueno conmigo. Esta forma tuya habitual de presentar las cosas la considero acertada sólo en el sentido de que yo también creo que tú no tienes en absoluto la culpa de nuestro mutuo distanciamiento.

                Pero tampoco la tengo yo, en absoluto. Si pudiese llegar a convencerte de ello, entonces sería posible, no una nueva vida, para eso ya tenemos los dos demasiados años, pero sí una especie de paz; sería posible, no que dejaras tus incesantes reproches, pero sí que los suavizaras.

FRANZ KAFKA


1 Franzensbad era el balneario donde la familia Kafka pasaba regularmente las vacaciones.

Franz Kafka (Praga, 1883 – Kierling, Austria, 1924) utilizaba la lengua alemana, a pesar de ser checo, lo que le valió enemistades y animadversiones. Su obra señala el inicio de la profunda renovación que experimentaría la novela europea en las primeras décadas del siglo XX. Franz Kafka dejó definitivamente atrás el realismo decimonónico al convertir sus narraciones en parábolas de inagotable riqueza simbólica: protagonizadas por antihéroes extraviados en un mundo incomprensible, sus novelas reflejan una realidad en apariencia reconocible y cotidiana, pero sometida a inquietantes mutaciones que sumergen al lector en una opresiva y asfixiante pesadilla, reflejo de las angustias e incertidumbres propias del hombre contemporáneo. Las grandes obras de Kafka son La metamorfosis, El proceso y El castillo. En la primera se vierten experiencias autobiográficas, entre ellas la mala relación con su padre que marcó la vida de Kafka. Escribió esta carta a su padre,  Hermann, en noviembre de 1919, criticándolo por su conducta abusiva e hipócrita hacia él. Fue publicada (al igual que la mayoría de los escritos de Kafka) póstumamente, en 1952. El texto resulta de vital importancia para comprender la relación de Kafka con su padre, aspecto elemental en la biografía del autor. Según Max Brod, su amigo y albacea, Kafka en realidad dio la carta a su madre para que la hiciera llegar a su padre. Ella nunca entregó la carta, sino que la devolvió a su hijo y este no llegó a dársela a su padre. La carta original constaba de unas 103 páginas manuscritas. Kafka la reescribió varias veces (tardó dos semanas en acabarla) e incluso mandó que la pasaran a máquina. 

Próximos a la celebración del Día del padre, nos sirve esta fecha como pretexto para recoger el comienzo de la famosa carta de Kafka, en la que refleja lo importantes que son para los hijos las relaciones paterno-filiales y la enorme distancia que separa en ocasiones a las dos generaciones enfrentadas. 

Tenéis el texto completo de esta emotiva carta en el siguiente audio:

 

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EMILY DICKINSON

686

Dicen que el “tiempo aplaca”-

el tiempo nunca aplacó-.

un actual sufrimiento fortalece

como los tendones, con la edad-

el tiempo es una prueba del dolor-

pero no un remedio-

si esto se prueba, esto prueba también

que no había una enfermedad-.

                                                            c. 1863

701

Un pensamiento subió a mi mente hoy–

que tuve hace un tiempo-

pero que no terminó –hace un tiempo atrás-

no podría fijar el año-

ni dónde fue- ni por qué vino

la segunda vez-

ni definitivamente- qué es lo que era-

si tuviera el arte de decirlo-

pero en alguna parte- en mi alma- yo sé-

que encontré todo eso antes-

simplemente me hizo recordar- fue todo-

y no volvió nunca más-

                                                          c. 1863

EMILY DICKINSON, Poemas. Selección y traducción Silvina Ocampo, editorial Austral.

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886) es una escritora apasionada a la altura de Allan Poe o Walt Whitman, 

Dickinson procedía de una familia de prestigio y con fuertes lazos con su comunidad, aunque vivió gran parte de su vida recluida en su casa. Tras estudiar durante siete años en la Amherst Academy, asistió brevemente al seminario femenino Mount Holyoke antes de regresar a la casa familiar. Considerada una excéntrica por sus vecinos, tenía predilección por vestir siempre ropa blanca, era conocida por negarse a saludar a los invitados y, en los últimos años de su vida, por ni siquiera querer salir de su habitación. Dickinson nunca se casó y mantenía la mayoría de sus amistades exclusivamente por correspondencia.

Aunque Dickinson era en la intimidad de su hogar una prolífica poeta, durante su vida no se llegó a publicar ni una docena de sus casi 1800 poemas.  El trabajo publicado durante su vida fue alterado significativamente por los editores para adaptarlo a las reglas y convenciones poéticas de la época. Sin embargo, los poemas de Dickinson son únicos en comparación con los de sus contemporáneos: contienen líneas cortas, por lo general carecen de título, contienen rimas consonantes imperfectas (halfrhyme) y una puntuación poco convencional. Muchos de sus poemas se centran en temas relacionados con la muerte y la inmortalidad, dos temas también recurrentes en las cartas que enviaba a sus amigos.

Los conocidos de Dickinson probablemente sabían de sus escritos, pero no fue hasta después de su muerte, en 1886, cuando Lavinia, la hermana pequeña de Dickinson, descubrió los poemas que Emily guardaba y pudo hacerse evidente la amplitud de su obra. Su primera colección de poesías fue publicada en 1890 por conocidos personajes como Thomas Wentworth Higginson y Mabel Loomis Todd, aunque alteraron significativamente los originales. El erudito Thomas H. Johnson publicó en 1955 una colección completa y en su mayoría sin cambios, la primera de su poesía. A pesar de que tuvo una crítica y recepción desfavorable y escéptica entre finales del siglo XIX y principios del XX, Emily Dickinson está considerada de forma casi universal como una de las más importantes poetas estadounidenses de todos los tiempos.

María Arenas nos propone estos poemas de Emily Dickinson, que publicamos con motivo del Día Internacional de la Mujer. Ella nos explica así su elección:

He seleccionado estos dos poemas de Emily Dickinson, pues muestran el profundo conocimiento que pueden llegar a tener los poetas sobre el ser humano; de hecho, ella admiraba a Shakespeare por eso mismo y tampoco nuestra autora se queda atrás en este punto, si tenemos en cuenta su inmensa obra. En estos poemas su reflexión sobre el alma humana nada tiene que envidiar a los análisis de Freud.

También ha seleccionado María el siguiente vídeo sobre la autora y nos informa de que existe una interesante película sobre su vida: Historia de una pasión, de Terence Davies (Gran Bretaña, 2016).

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EL AMOR

Las palabras son barcos
y se pierden así, de boca en boca,
como de niebla en niebla.
Llevan su mercancía por las conversaciones
sin encontrar un puerto,
la noche que les pese igual que un ancla.

Deben acostumbrarse a envejecer
y vivir con paciencia de madera
usada por las olas,
irse descomponiendo, dañarse lentamente,
hasta que a la bodega rutinaria
llegue el mar y las hunda.

Porque la vida entra en las palabras
como el mar en un barco,
cubre de tiempo el nombre de las cosas
y lleva a la raíz de un adjetivo
el cielo de una fecha,
el balcón de una casa,
la luz de una ciudad reflejada en un río.

Por eso, niebla a niebla,
cuando el amor invade las palabras,
golpea sus paredes, marca en ellas
los signos de una historia personal
y deja en el pasado de los vocabularios
sensaciones de frío y de calor,
noches que son la noche,
mares que son el mar,
solitarios paseos con extensión de frase
y trenes detenidos y canciones.

Si el amor, como todo, es cuestión de palabras,
acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma.

LUIS GARCÍA MONTERO

Luis García Montero

Luis García Montero nació en Granada en 1958. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, obtuvo su Doctorado en la misma Universidad con una tesis sobre Rafael Alberti, con quien lo unió una gran amistad. Es uno de los poetas más significativos de la poesía española de hoy, incluido en la corriente que se llamó “Poesía de la experiencia”. Ha sido profesor del departamento de Filología Española de la Universidad de Granada. Es además poeta, ensayista y columnista de opinión. Entre los numerosos premios que jalonan su carrera destacan el premio Federico García Lorcael premio Ciudad de Sevilla, el premio Loewe, el Premio Adonais en 1982 por El jardín extranjero, el Premio Nacional de Literatura en 1994 por Habitaciones separadas  y el Premio Nacional de la Crítica en 2003 por La intimidad de la serpiente. En el año 2001 le fue concedida la Medalla de Oro de Andalucía, en 2003 la Medalla de Oro de Granada,  y en 1999 estuvo nominado para el premio Cervantes, máximo galardón de las letras españolas. Parte de obra poética está contenida en los siguientes volúmenes: Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980), Tristia (1982), El jardín extranjero (1983), Rimado de ciudad (1985),  Diario cómplice (1987), Las flores del frío  (1991), Habitaciones separadas (1994), Casi cien poemas (1997),  Completamente viernes (1998), Antología personal (2001), Poesía urbana (2002), La intimidad de la serpiente (2003), Un invierno propio (2011) y Balada en la muerte de la poesía (2016).

Se le acaba de conceder a Luis García Montero el título de Hijo Predilecto de Andalucía, lo que nos da pie para traerlo a esta Pausa Semanal. Si queréis conocerlo mejor podéis ver el siguiente documental:

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Da bienes Fortuna

Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

¡Cuán diversas sendas
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
a otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero;
y a quien se le antoja,
la cabra más coja
pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó solo un huevo,
al sol bambolea,
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

LUIS DE GÓNGORA

Góngora por Velázquez

Luis de Góngora y Argote (1561-1627) es el poeta más original e influyente de todo el Siglo de Oro español. Su obra poética rompe moldes e inaugura un nuevo lenguaje que se sirve del modelo de la lengua latina, lleno de cultismos, esdrújulos, imágenes novedosas en su época y cambios violentos del orden lógico de las frases; en suma: el culteranismo o gongorismo, que tantos seguidores tendría en su tiempo. Aún insuperable, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea, a partir del redescubrimiento que de su obra hizo la Generación del 27. La Fábula de Polifemo y Galatea y Las Soledades se constituyen en dos obras más imaginativas y complejas, retando la inteligencia y la razón humanas. Gracias a las explicaciones de Dámaso Alonso, hoy podemos comprender toda su riqueza.

Pero existe otro Góngora, el llamado “Príncipe de la luz”, por oposición al “Príncipe de las tinieblas” que oscurece y complica su mensaje. Es el autor de los romances y letrillas, como la que hoy publicamos, y de algunos de los mejores sonetos de la literatura española.

Siempre envidiado y criticado por sus enemigos -el más famoso de los cuales fue Quevedo, aunque también Cervantes y Lope tuvieron sus diferencias con el genial cordobés-, su carácter huraño y difícil no le impedía saber que tenía un puesto en el Parnaso de la lírica española.  

En una semana como la que acabamos de terminar en que hemos conocido resonantes sentencias judiciales de casos mediáticos, Paco Luque nos sugiere releer esta conocida letrilla de Góngora, que adjudica a la Fortuna la capacidad de repartir dones y desgracias caprichosamente entre los humanos. Da pie a una interesante reflexión sobre la justicia en nuestros días, no tan lejanos, al parecer, de los del maestro cordobés.

Para conocer mejor a este escritor podéis ver el siguiente vídeo:

 

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LOS ANDALUCES

Decían: «Ojú, qué frío;»
no «Que espantoso, tremendo,
injusto, inhumano frío».
Resignadamente: «Ojú,
qué frío…» Los andaluces…

En dónde habrían dejado
sus jacas; en dónde habrían
dejado su sol, su vino,
sus olivos, sus salinas.
En dónde habrían dejado
su odio… Parecían hechos
de indiferencia, pobreza,
latigazo… «Ojú, qué frío».
Tiritaban bajo ropas
delgadas, telas tejidas
para cantar y morir
siempre al sol. Y las llevaban
para callar y vivir
al frío de Ocaña y Burgos,
al viento helado del mar
del Dueso… Los andaluces…

Estos que están esperando,
desde Huelva hasta Jaén,
desde Jaén a Almería,
junto a las plazas de cal
y noche, deben de ser
hijos de aquellos. Esperan
que alguno venga a encerrarlos
entre rejas. Como aquellos,
no preguntarán por qué.
No se quejarán de nada.
Ni uno se rebelará.
«Las cosas son como son,
como siempre han sido, como
han de ser mañana… Ojú,
qué frío…» Los andaluces…

Apenas dejaban sombra,
sonido, cuando pasaban.
Se borraban sus cabezas.
Tan sólo un inmenso frío
daba fe de ellos. Y aquella
dejadez que rodeaba
su fragilidad. Más solos
que ninguno, más hambrientos
que ninguno… (Deseaba
que odiasen, porque los vivos
odian. Los vivos perdonan.
El hombre es fuego y es lluvia.
Lo hace el odio y el perdón.)
Indiferentes: «Ojú,
qué frío…» Los andaluces…

Un grano de trigo. Una
oliva verde. (Guardad
el aliento de la tierra,
el parpadeo del sol
para ayer, para mañana,
para rescataros…) Quiero
que despierten del pasado
de frío, de los cerrojos
del futuro. Todo está
tan confuso. Yo no sé
si los veo, los recuerdo,
los anticipo…

                    Hace pocos
kilómetros tuve aquí,
en mi mano, la madeja
de los días. La emoción
de los días. Como un padre
que olvidó hace tiempo el rostro
de los hijos muertos. Y ahora
los recuerda. Y ahora vuelve
a olvidarlos, unos pocos
kilómetros más allá.
Olvidados para siempre.

Cuántos años hace de esto.
O cuántos faltan para esto
que hace un momento viví
por los caminos…  —ojú,
qué frío— de Andalucía.

JOSÉ HIERRO

José Hierro

José Hierro del Real (Madrid, 1922-2002) fue poeta, crítico de arte y académico de la Real Academia de la Lengua. Estudió en Santander perito industrial, pero la Guerra Civil interrumpió sus estudios. Su primer poema, “Una bala le ha matado”, aparece publicado en 1937. Al finalizar la Guerra Civil es detenido y procesado. Permanece en la cárcel hasta 1944 y allí empieza a interesarse de forma sistemática por la literatura, apareciendo ya en sus primeros escritos diversos hechos vividos durante la contienda.

Cuando sale de prisión se traslada a Valencia, donde se dedica a escribir, colabora en un diccionario mitológico y, junto a José Luis Hidalgo, participa en la fundación de la revista Corcel. En 1944 realiza la primera crítica pictórica sobre la obra de Benito Ciruelos. Durante los años 40 vuelve a Santander y, además de trabajar en diferentes oficios, colabora en la revista de la Cámara de Comercio, donde escribe sobre economía y sobre los hombres ilustres de la industria cántabra.

En 1946 se relaciona con el renovador grupo “Proel”, editor de la revista poética del mismo nombre en la que publica su primer libro de poemas, Tierra sin nosotros, en 1947. En 1950 escribe Con las piedras, con el viento y en 1953 aparece Antología poética, una amplia selección de su obra lírica. Durante esa época fija su residencia en Madrid, donde comienza a trabajar en Radio Nacional de España, además de realizar crítica de arte y colaborar en revistas y periódicos. En 1954 edita Estatuas yacentes y en 1962 el volumen Poesías completas.

Durante las décadas siguientes continúa creando poesía, participa en actividades literarias, realiza crítica de arte analizando la obra de artistas del campo de la pintura y de la escultura, y forma parte de numerosos jurados literarios. Pronuncia gran número de conferencias sobre poesía y arte en la mayoría de las capitales europeas y sus poemas figuran en las más destacadas antologías de poesía contemporánea.

Está  considerado como una de las voces más representativas de la poesía social de posguerra.

Esta semana celebramos el Día de Andalucía. No está de más mirar atrás, a lo que fuimos, como nos recuerda José Hierro en este poema. Afortunadamente, hemos avanzado, pero queda tanto por hacer…

Podéis conocer mejor a este poeta en el siguiente vídeo:

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