El lenguaje de la misericordia

[…] Una articulación explícita entre justicia y misericordia se encuentra en el capítulo XLII de la Segunda Parte [de El Quijote]. Don Quijote, caballero andante, al ofrecer sus consejos a Sancho Panza cuando va a ser gobernador de la Ínsula de Barataria, le advierte para el buen gobierno: “Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable [es decir, digno de misericordia], sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra [Jn 8,7 “el que esté sin pecado, que tire la primera piedra”], y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria [siempre el amor a la verdad por encima de todo], muéstratele piadoso y clemente; porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia”.

Sancho Panza, de por sí caritativo y compasivo, actuando de juez en su Ínsula, sigue los consejos de don Quijote en una de sus actuaciones y, cuando la justicia está en duda, se decanta por la clemencia (II, 45). Este es el principal atributo y la virtud mayor del gobernante: ejercer el poder siempre bajo la vara de la clemencia.

También hablando de la venganza, don Quijote muestra tener las ideas muy claras, “justa no puede haber alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a los que nos aborrecen, mandamiento que aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo y más de carne que de espíritu; porque Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió ni pudo ni puede mentir, siendo legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana; y así, no nos había de mandar cosa que fuese imposible el cumplirla” (II, 27).

Con el Quijote nos alcanza el lenguaje de la misericordia impreso en la memoria viva del pueblo. La exuberancia cervantina, cuya raíz se hunde en el misterio de un amor desbordante, remite a un Autor que excede al autor. Cervantes emplea un lenguaje capaz de narrar al mundo con ardor simpatético –con el mismo sentir del Padre bueno que conoce a su criatura y al mundo-, y de mirar al hombre en su totalidad, hecha de grandezas y “nonadas”, que aprende de su experiencia con trabajos y penas, a discernir lo que es verdadero de lo que no lo es.

Es este el único lenguaje capaz de componer los contrastes dolorosos del ser humano. El Quijote habla de nosotros con palabras de condescendencia y mansedumbre, virilidad y ternura, tenacidad y magnanimidad, reto y confianza, caritas y amistad, ardor y paciencia. Y la lengua castellana permanece ligada indisolublemente a este lenguaje de la misericordia nacido del ingenio de Don Miguel.

CARMEN GIUSSANI, “El lenguaje de la misericordia”, revista Huellas, abril, 2016.

Carmen Giussani (Abbiategrasso, Milán,1957) es graduada en Educación Física por la Universidad Católica de Milán. Actualmente es directora de la revista Huellas (edición en castellano de la revista de Comunión y Liberación) y ha sido comisaria de le exposición VOCARE sobre María Zambrano. Su interés por la literatura, debido al amor por lo humano, la ha llevado a publicar una antología sobre el Quijote: Il fantastico hidalgo don Chisciotte della Mancia. Además organiza encuentros sobre autores o textos publicados en la colección BUR-Rizzoli.

Esta reflexión sobre El Quijote, en clave religiosa, ha sido elegida por Carmen Boceta como aportación para celebrar desde su departamento de Religión el 400º centenario del fallecimiento del autor de Alcalá de Henares. Es una muestra más de la riqueza de lecturas a que da lugar la obra más importante de la literatura española.

Como complemento, proponemos también otra lectura, esta vez en clave culinaria, a través del programa de RTVE Crónicas:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/cronicas/cronicas-cocina-quijote/3492142/

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EL OFICIO DEL POETA

Contemplar las palabras               
sobre el papel escritas, 
medirlas, sopesar 
su cuerpo en el conjunto               
del poema, y después, 
igual que un artesano, 
separarse a mirar               
cómo la luz emerge 
de la sutil textura. 
Así es el viejo oficio               
del poeta, que comienza 
en la idea, en el soplo 
sobre el polvo infinito               
de la memoria, sobre 
la experiencia vivida, 
la historia, los deseos,               
las pasiones del hombre.
La materia del canto 
nos lo ha ofrecido el pueblo               
con su voz. Devolvamos 
las palabras reunidas 
a su auténtico dueño.

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999) pertenecía a una familia burguesa que sufrió la muerte de la madre, Julia Gay, en un bombardeo franquista sobre la ciudad. Años más tarde, José Agustín pondría el mismo nombre a su hija y este daría título a uno de sus poemas más famosos, “Palabras para Julia”, musicado por Paco Ibáñez. En 1993 reunió en un libro, Elegías a Julia Gay, todos los poemas dedicados a su madre. Ya desde su primer libro, El retorno (1955) este fue uno de los temas fundamentales, lo mismo que en Final de un adiós (1984), que pretendió cerrar esta herida. 

Estudió Derecho en Barcelona y Madrid, donde conoció a otros poetas de su generación, como José Ángel Valente o José Manuel Caballero Bonald. Este grupo, llamado Generación de los 50, estaba compuesto por poetas y novelistas comprometidos contra la dictadura y con la vida, entre los que también se cuentan Juan García Hortelano, Carmen Martín Gaite o Luis Martín Santos, noctámbulos, bebedores y liberales. 

Tras el éxito de su primer libro, José Agustín alcanzó gran reconocimiento. Recibió el Premio Adonáis en 1954, el Boscán en 1956 por su libro Salmos al viento y el Ausias March en 1959 por Claridad. Reunió su obra en el tomo titulado Años decisivos. Tras una crisis creativa, publicó Algo sucede (1968), Bajo tolerancia (1973), Taller de Arquitectura (1977), Del tiempo y del olvido (1980) y Como los trenes de la noche (1994). Su último libro de poemas data de 1995, Cuadernos de El Escorial. También fue traductor de poetas como Pavese y otros autores catalanes, reunidos en Poetas catalanes contemporáneos (1968) y Veintiún poetas catalanes para el siglo XXI (1996). 

A pesar de ser un hombre vitalista, al final de su  vida padeció múltiples depresiones. Falleció al precipitarse del balcón de su casa en extrañas circunstancias. 

Este poema, elegido por Ángel Campillo, cierra por este curso nuestra Pausa semanal. Agradecemos a todos los colaboradores sus aportaciones y comentarios, que enriquecen año tras año este blog. 

Podéis escuchar la canción “Palabras para Julia” en el siguiente vídeo:

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Gestos

Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere
decir? Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero,
pasaron. Como esa
casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque
dejando herida o beso, solo azar entrañable.

Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla
del río, ¿qué
significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto
de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?

Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que solo supo
tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma, en cada
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo
uso. Yo solo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

CLAUDIO RODRÍGUEZ

Claudio Rodríguez  (Zamora, 1934-Madrid, 1999), Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Madrid, fue lector de español en las Universidades de Nottingham y Cambridge entre 1958 y 1964. Esta circunstancia le permitió conocer a los románticos ingleses y a Dylan Thomas, quien fue fundamental en su formación como poeta. Antes de cumplir los veinte años, en 1953, obtuvo el premio «Adonais», al que siguieron luego el premio «Nacional de la Crítica», el «Nacional de Literatura» el de «Letras de Castilla y León», el «Premio Nacional de Poesía», el «Príncipe Asturias de las Letras», y el «Reina Sofía Iberoamericana». Fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Perteneciente a la Generación del 50, junto con Ángel González o José Ángel Valente, su primer libro, Don de la ebriedad (1953), es considerado como uno de los más brillantes de la poesía española. Otros se titulan Conjuros (1958), Alianza y condena (1965), El vuelo de la celebración (1976) y Casi una leyenda (1991). Su poesía se caracteriza por su desbordante optimismo.

En el poema que publicamos apreciamos la mirada distinta con que un poeta percibe la misma realidad que vemos todos. 

Si queréis conocer mejor a este autor, podéis ver el siguiente vídeo:

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En las mañanicas

En las mañanicas

del mes de mayo

cantan los ruiseñores,

retumba el campo.

 

En las mañanicas,

como son frescas,

cubren los ruiseñores

las alamedas.

 

Ríense las fuentes

tirando perlas

a las florecillas

que están más cerca.

 

Vístense las plantas

de varias sedas

que sacar colores

poco les cuesta.

 

Los campos alegran

tapetes varios,

cantan los ruiseñores,

retumba el campo.

                  Lope de Vega

Félix Lope de Vega Carpio (Madrid-1562-1635) es uno de los grandes poetas y dramaturgos que abundaron en la España de nuestro segundo Siglo de Oro. Dotado de un talento innato para el verso y de una personalidad vitalista, llevó su vida a sus poemas, tanto sus amores como sus sinceros arrepentimientos, que lo impulsaron a ordenarse sacerdote en su madurez. Llamado Fénix de los ingenios o Monstruo de la naturaleza por su fertilidad creativa, su fórmula teatral arrasó con el teatro anterior e impuso una nueva tendencia, acercando al pueblo el espectáculo dramático y dotándolo de unas nuevas reglas que defendió en El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo. Se le atribuyen unos 3000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios centenares de comedias. Entre sus obras poéticas, destacamos sus Rimas y un poema épico burlesco, La Gatomaquia; sus obras teatrales más conocidas son Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el rey, El caballero de Olmedo, El perro del hortelano o La dama boba.

Este mes de mayo queremos recordar este poema del estilo popular que tanto le gustaba al genio del teatro, en cuyas obras se incluían sencillos poemas como este. 

Podéis escuchar el poema musicado en este vídeo:

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Firmamento

Leemos unos versos. Remontamos

ese rayo de luz que nos alcanza.

 

Ascender en la noche tras el rastro

de una estrella extinguida.

 

Hasta perder el hilo.

Hasta hollar nuestra propia oscuridad.

 

Hasta cavar en ella

un nuevo firmamento.

 

EDUARDO GARCÍA 

Eduardo Garcia 2008.jpg

Eduardo García (São Paulo, 1965-Córdoba, 19 de abril 2016) fue un reconocido poeta. Hijo de españoles, permaneció en Brasil hasta los siete años. Vivió su infancia y juventud en Madrid, donde obtuvo la licenciatura en Filosofía, especializándose en Estética. Desde 1991 residió y trabajó como profesor de Filosofía en Córdoba, los últimos años en el IES Blas Infante.

Como poeta es autor de Las cartas marcadas, No se trata de un juego, Horizonte o frontera, Refutación de la elegía, La vida nueva y Duermevela, así como de recopilaciones de su obra, dentro y fuera de España. En paralelo a su obra de creación, cultivó la reflexión sobre el fenómeno poético en dos ensayos: Escribir un poema y Una poética del límite. En 2015 publicó Las islas sumergidas, libro de aforismos, donde conjugó poesía y pensamiento. Escribió columnas en Milenio, suplemento cultural del diario El Día (2000-01), así como reseñas críticas en diversas revistas literarias. Participó como traductor en los volúmenes colectivos de traducciones de Elaine Feinstein (Música urbana, Hiperión, 2002) y Douglas Dunn (Elegías). Conferenciante y profesor de talleres de poesía y cursos de escritura creativa, coordinó el Homenaje al poeta Pablo García Baena celebrado en las ciudades de Córdoba y Málaga en el año 2003. También cultivó la crítica de ensayo y poesía en la revista de libros Mercurio.

Su obra poética estuvo en permanente evolución. En sus primeros libros cultivó lo que el propio autor denominaba un “realismo visionario”. A partir de Refutación de la elegía (2006) su poesía se internó más a fondo en el territorio de lo onírico. Desarrolló entonces una lírica vitalista de exaltación de las fuerzas del deseo. La ensoñación ganó terreno en sus poemas, así como el cultivo de formas poéticas más extremas: de un lado el versículo; de otro, la fragmentación del discurso. 

Recibió, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica (2009), el Premio Internacional de Poesía «Ciudad de Melilla» y el Premio «Ojo Crítico» de Radio Nacional de España.

Dedicamos esta semana este espacio a un poeta y compañero que acaba de dejarnos, arrebatado por una cruel enfermedad que no le ha permitido continuar una obra meritoria. Si os interesa conocer más a este autor, podéis ver el siguiente vídeo:

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Otelo

ACTO TERCERO- ESCENA III

YAGO.- Señor, temed mucho a los celos, pálido monstruo, burlador del alma que le da abrigo. Feliz el engaño que descubre el engaño y consigue aborrecer a la engañadora, pero ¡ay del infeliz que aún la ama, y duda, y vive entre amor y recelo!

OTELO.- ¡Horrible tortura!

YAGO.- Más feliz que el rico es el pobre, cuando está resignado con su suerte. Por el contrario el rico, aunque posea todos los tesoros de la tierra, es infeliz por el temor que a todas horas le persigue, de perder su… ¡Dios mío, aparta de mis amigos, los celos!

OTELO.- ¿Qué quieres decir? ¿Imaginas que he de pasar la vida entre sospechas y temores, cambiando de rostro como la luna? No: la duda y la resolución solo pueden durar en mí un momento, y si alguna vez hallares que me detengo en la sospecha y que no la apuro, llámame imbécil. Yo no me encelo si me dicen que mi mujer es hermosa y alegre, que canta y toca y danza con primor, o que se complace en las fiestas. Si su virtud es sincera, más brillará así. Tampoco he llegado a dudar nunca de su amor. Ojos tenía ella y entendimiento para escoger. Yago, para dudar necesito pruebas, y así que las adquiera, acabaré con el amor o con los celos.

YAGO.- Dices bien. Y así conocerás mejor la lealtad que te profeso. Ahora no puedo darte pruebas. Vigila a tu esposa: repárala bien cuando hable con Casio, pero que no conozcan tus recelos en la cara.
No sea que se burlen de tu excesiva buena fe. Las venecianas sólo confían a Dios el secreto, y saben ocultárselo al marido. No consiste su virtud en no pecar, sino en esconder el pecado.

OTELO.- ¿Eso dices?

YAGO.- A su padre engañó por amor tuyo, y cuando fingía mayor esquiveza, era cuando más te amaba.

OTELO.- Verdad es.

YAGO.- Pues la que tan bien supo fingir, hasta engañar a su padre, que no podía explicarse vuestro amor sino como obra de hechicería…
Pero ¿qué estoy diciendo? Perdóname si me lleva demasiado lejos el cariño que te profeso.

WILLIAM SHAKESPEARE, Otelo.

 

ACT  III- SCENE III

IAGO

O, beware, my lord, of jealousy;
It is the green-eyed monster which doth mock
The meat it feeds on; that cuckold lives in bliss
Who, certain of his fate, loves not his wronger;
But, O, what damned minutes tells he o’er
Who dotes, yet doubts, suspects, yet strongly loves!

OTHELLO

O misery!

IAGO

Poor and content is rich and rich enough,
But riches fineless is as poor as winter
To him that ever fears he shall be poor.
Good heaven, the souls of all my tribe defend
From jealousy!

OTHELLO

Why, why is this?
Think’st thou I’ld make a lie of jealousy,
To follow still the changes of the moon
With fresh suspicions? No; to be once in doubt
Is once to be resolved: exchange me for a goat,
When I shall turn the business of my soul
To such exsufflicate and blown surmises,
Matching thy inference. ‘Tis not to make me jealous
To say my wife is fair, feeds well, loves company,
Is free of speech, sings, plays and dances well;
Where virtue is, these are more virtuous:
Nor from mine own weak merits will I draw
The smallest fear or doubt of her revolt;
For she had eyes, and chose me. No, Iago;
I’ll see before I doubt; when I doubt, prove;
And on the proof, there is no more but this,–
Away at once with love or jealousy!

IAGO

I am glad of it; for now I shall have reason
To show the love and duty that I bear you
With franker spirit: therefore, as I am bound,
Receive it from me. I speak not yet of proof.
Look to your wife; observe her well with Cassio;
Wear your eye thus, not jealous nor secure:
I would not have your free and noble nature,
Out of self-bounty, be abused; look to’t:
I know our country disposition well;
In Venice they do let heaven see the pranks
They dare not show their husbands; their best conscience
Is not to leave’t undone, but keep’t unknown.

OTHELLO

Dost thou say so?

IAGO

She did deceive her father, marrying you;
And when she seem’d to shake and fear your looks,
She loved them most.

OTHELLO

And so she did.

IAGO

Why, go to then;
She that, so young, could give out such a seeming,
To seal her father’s eyes up close as oak-
He thought ‘twas witchcraft–but I am much to blame;
I humbly do beseech you of your pardon
For too much loving you.

WILLIAM SHAKESPEARE, Othello.

A lo largo de esta semana se celebra el 400º aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare. La semana pasada rendíamos homenaje al autor español y esta nos centraremos en el inglés. Las fechas de este aniversario (23 de abril de 1616) coinciden solo en apariencia, pues en realidad no fallecieron estos autores el mismo día, ya que en Inglaterra se regían por el calendario juliano y en España por el gregoriano. 

William Shakespeare (Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 – id., 1616) es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos. Hijo de un acaudalado comerciante y político local, poco o nada se sabe de su niñez y adolescencia. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal y que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran estas económicas o derivadas de su carrera política. Siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que solo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena. La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain’s Men, más tarde conocida como King’s Men, propietaria de dos teatros, The Globe y Blackfriars. También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios. En 1613 dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.

La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa, y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona. Pero fue su obra dramática (catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos) la que lo encumbró a la fama. Se trata de un compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. Además, Shakespeare dota a sus  personajes de una manera peculiar de hablar y a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial. Destaca la comedia Sueño de una noche de verano, y las tragedias Hamlet, prototipo de la duda; Otelo, de los celos; Macbeth de la ambición o Romeo y Julieta del amor. Sus últimas obras son tragicomedias con final feliz. La tempestad sería su testamento literario.

Os proponemos un juego, gracias al periódico El Mundo: averiguar quién fue el autor de cada una de las diez frases siguientes (Cervantes o Shakespeare).

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/04/160210_shakespeare_cervantes_400_aniversario_citas_quiz_wbm

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La mentira se salva por la mentira

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Un día Don Quijote, el caballero tan conocido, el más magnánimo caballero que jamás haya existido, vagabundeando con su fiel escudero Sancho, tuvo un ataque de perplejidad. Había leído que sus predecesores de los tiempos antiguos, por ejemplo, Amadís de Gaula, habían tenido a veces que luchar durante años enteros con cien mil soldados enviados contra ellos por las potencias infernales o los magos. Ordinariamente, un caballero que tropieza con semejante ejército de réprobos saca su espada, invoca en su ayuda el nombre de su dama y se lanza solo en medio de sus enemigos, a los que extermina, sin dejar uno. Todo esto estaba bien claro; pero aquel día, Don Quijote permaneció pensativo. ¿Cómo querían que un caballero, por fuerte y valiente que fuese, exterminase a cien mil adversarios en un solo combate de veinticuatro horas? Se necesita tiempo para matar a cada hombre; para matar a cien mil hace falta un tiempo inmenso. ¿Cómo podía ocurrir todo aquello?
“Ya he salido de mi perplejidad, amigo Sancho, dijo al fin Don Quijote; esos ejércitos eran diabólicos; por lo tanto imaginarios; los hombres que los componían no eran más que una creación de la magia; sus cuerpos no se parecían a los nuestros; tenían más analogía con los de los moluscos, los gusanos o las arañas. De tal modo que la espada de los caballeros los cortaba de un solo golpe sin encontrar más resistencia que la del aire. Y siendo así, podían matar tres, cuatro y hasta diez de esos guerreros de una sola estocada. Así es como resultaba fácil deshacerse, en algunas horas, de ejércitos de ese género”.
En esto, el autor de Don Quijote, gran poeta y profundo observador del corazón humano, ha comprendido uno de los aspectos más misteriosos de nuestros espíritus. Ya no se escriben libros como aquel. Veréis en Don Quijote, en cada página, revelados los más secretos arcanos del alma humana. Notad que ese Sancho, el escudero, es la personificación del buen sentido, de la prudencia, de la astucia, y que, sin embargo, se ha convertido en compañero del hombre más loco del mundo; ¡precisamente él, y ningún otro! A cada instante engaña a su amo, lo engaña como a un niño pequeño; pero al mismo tiempo se siente lleno de admiración por la grandeza de su corazón y cree reales todos sus sueños fantásticos; no duda ni un minuto el que su amo no llegue a conquistarle una ínsula.
Es de desear que nuestra juventud adquiera un serio conocimiento de las grandes obras de la literatura universal. Yo no sé lo que les enseñan hoy a los jóvenes como literatura, pero el estudio de Don Quijote, uno de los libros más geniales y también de los más tristes que haya producido el genio humano, es muy capaz de educar la inteligencia de un adolescente. Verá allí, entre otras cosas, que las más hermosas cualidades del hombre pueden llegar a ser inútiles, excitar la risa de la Humanidad, si el que las posee no sabe penetrar el sentido verdadero de las cosas y hallar la “palabra nueva” que debe pronunciar…
Aparte de eso, yo no he querido decir más que una cosa; a saber: que el hombre que puso en acción los sueños más locos, los más fantásticos, llega de pronto a la duda y a la perplejidad. Toda su fe ha desaparecido, y no porque lo absurdo de su locura le haya sido revelado, sino porque una circunstancia secundaria aclara momentáneamente su inteligencia. Este hombre de ideas de otro mundo experimenta súbitamente la nostalgia de lo real. Si libros que él venera como verídicos le han engañado una vez, pueden engañarle siempre; quizá todo lo que contienen es mentira. ¿Cómo volver a la verdad? Cree volver a ella imaginando un absurdo mayor que el primero. Los centenares de miles de hombres evocados por los magos tendrán cuerpos de moluscos, y la espada del buen caballero trabajará diez veces más deprisa en su faena. Su necesidad de semejanza quedará satisfecha. Tendrá derecho a creer en el primer sueño gracias al segundo, mucho más ridículo.
Interrogaos a vosotros mismos y ved si cien veces no os ha ocurrido lo mismo. ¿Os habéis sentido enamorados de una idea, de un proyecto, de una mujer? ¿Habéis tenido una duda? Os habéis cuidado de crearos una ilusión más engañosa que la primera, que os habrá permitido continuar estando enamorados y desprenderos de la duda.

FIODOR DOSTOIEVSKI, La mentira se salva por otra mentira (1879), Diario de un escritor.

Fiodor Dostoievski (1821-1881) es uno de los grandes escritores de la literatura universal. Destaca en sus obras el análisis psicológico de los personajes, los principios morales y una fuerte preocupación religiosa. Nació en Moscú, en una familia noble venida a menos. Vivió una infancia triste, marcada por un padre autoritario y alcohólico. Tras la muerte por tuberculosis de su madre, modelo de las protagonistas de las novelas de Dostoievski por su dulzura y abnegación, su padre moriría a manos de sus siervos. Dostoievski siempre sintió la culpa de este asesinato por haberlo deseado en su interior (ver Los hermanos Karamázov). Al reunirse con sus amigos para comentar las obras de los socialistas franceses (prohibidas por el zar), fue acusado de conspiración y condenado a muerte. Momentos antes de la ejecución, le conmutaron la pena por cuatro años de trabajos forzados en Siberia. Como consecuencia de este trauma, empeoró la epilepsia que sufría desde niño. En Siberia se dedicó a leer la Biblia, se desengañó de sus ideas socialistas y, desde entonces, la religión fue un elemento fundamental en su vida. Dostoievski recrea esta amarga experiencia en su novela Recuerdo de la casa de los muertos. Cumplió la condena y volvió a escribir. En 1857 se casó con María Dimítrievna Isáieva, una joven viuda tísica. El matrimonio resultó ser un fracaso desde el día de la boda, cuando Dostoievski sufrió un ataque de epilepsia frente a su sorprendida esposa. Al morir esta, la pasión por el juego agravó su situación financiera, por lo que tuvo que marchar a Europa para huir de sus acreedores. Para poder cumplir con sus apremiantes contratos, en 1.866 había empleado a una taquígrafa, y en veinticinco días le dictó la novela El jugador. Anna Grigorievna Snitkina, la taquígrafa, era una joven de veinte años y de carácter dulce, con quien el novelista se casó al año siguiente. En Europa obtuvo relativo éxito, pero nunca se libró de las dificultades económicas, en parte debido a su afición al juego. Regresó a Rusia envejecido, arruinado, incluso desprestigiado. Sin embargo, con las nuevas obras, especialmente con El adolescente (1875) y la serie de articulos Diario de un escritor (que empezó a publicar en 1876) recobró su fama y también, gracias al inesperado talento práctico de su joven esposa, pudo vivir desahogadamente por primera vez. Aunque las desgracias no lo abandonaron: en 1878 murió su hijo Aliosha, golpe terrible para el autor, que ya antes había perdido a una niña. En sus últimos años vivió en su casa de Staria Russa, cerca de San Petersburgo, y trabajó en la que sería su novela magna: Los hermanos Karamazov (1879-1880). A estas alturas ya era un escritor muy popular y venerado. El 9 de febrero de 1881, un mes antes de que asesinaran al zar, falleció Dostoievski, a causa de una hemorragia pulmonar.

Esta semana se conmemora el 400º aniversario de la muerte de Cervantes, que coincide en fecha, aunque no en día, con la de Shakespeare, debido a la disparidad del calendario en vigor en sus respectivos países. La obra de ambos autores ha dado lugar a innumerables interpretaciones. Aquí publicamos la visión que Dostoievski, admirador profundo de la inmortal novela, aporta sobre el hidalgo manchego. Una buena ocasión para revisar la obra de estos tres grandes autores y encontrar su riqueza y sus profundos significados.

La Biblioteca Nacional ha publicado este magnífico Quijote interactivo. En él aparece la edición original, la modernizada, detalles sobre la obra e incluso las rutas que siguió el caballero. 

http://quijote.bne.es/libro.html

Además, os invitamos a ver la exposición sobre Cervantes, El Quijote y Shakespeare que se montará en nuestro centro. 

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