AGUA CLARA

    La vida es el río que va a dar al mar, por supuesto, y también está claro que nunca nos bañaremos dos veces en la misma corriente, según dijo Heráclito, pero uno puede sentarse en la ribera entre las flores de esta incipiente primavera y contemplar cómo fluye el agua, que no es sino la propia memoria limpia o turbia. Existe el placer de remontar el cauce hasta llegar al manantial donde uno se bañaba de niño, aquellas risas, aquellos gritos, y recordar también los felices y turbulentos días de la adolescencia cuando era todavía agua plateada de alta montaña, tan fría e incontaminada la que llegaba a la cascada.

    Bajo la espesura de los sauces había plácidos remansos, que a veces un rayo de sol hería hasta el fondo de la madre y allí de joven la vanidad del cuerpo se fundía con el verde del agua desnuda. Pero hubo en momento en que la vida dejó de deslizarse suavemente sin peligro río abajo y en las riberas aparecieron los primeros cocodrilos. Recuerdas muy bien cuándo fue y quiénes eran esos enemigos. Después aún tuviste que atravesar un banco de pirañas antes de llegar a este prado de primavera donde ahora estás sentado contemplando cómo pasa el agua.

    El río tiene una doble corriente, una superficial y otra profunda, como sucede también en la vida. Este suave airecillo de marzo va a producir muy pronto un violento deshielo, y con la crecida por la superficie verás pasar junto con animales muertos, árboles arrancados de cuajo y enseres inútiles, todo lo que en ti fue vano y estúpido. En cambio, por el fondo del cauce a ciegas con el légamo fluirán hacia la muerte, hacia el mar, el esfuerzo que hiciste para no ceder al fracaso, los amores y sueños que hayas tenido, toda la belleza que pudiste obtener como un regalo en tu paso por la tierra. Pero nunca habrá que morir mientras en esta orilla sea primavera.

MANUEL VICENT

Manuel Vicent nació en Villavieja (Castellón), en 1936. Estudió Derecho, Filosofía y Periodismo. Colaboró en las revistas Hermano Lobo y Triunfo, entre otras, y en los periódicos MadridEl País, en el que actualmente aparecen sus columnas y artículos. Ha escrito además novelas (Tranvía a la Malvarrosa, Jardín de Villa Valeria, Son de mar, Balada de Caín), relatos (Los mejores relatos de Manuel Vicent), biografías y entrevistas (Retratos de la transición, Daguerrotipos, Borja Borgia), libros de viaje (Viajes, fábulas y otras travesías) y de gastronomía (Comer y beber a mi manera). Es también galerista de arte. Su estilo, barroco y sensual, cargado de dualidades de contrarios, resume, en palabras de su autor, «esos momentos que nos hacen felices, perplejos, escépticos y expertos en dioses menores». Dios y el carpe diem, el afán por gozar de los pequeños grandes placeres que nos brinda la vida aparecen constantemente en sus obras. Entre su palmarés se encuentran premios tan prestigiosos como el Alfaguara de novela y el Nadal.

Vicent es un autor bien conocido por nuestros alumnos, que hoy se gradúan. A ellos va dedicada la Pausa semanal en esta ocasión. Este año deja nuestras aulas una nueva promoción que verá discurrir el río de su vida, en el transcurso de la cual esperamos que las experiencias buenas y enriquecedoras sean mucho más abundantes que las negativas y que sepan llevar el rumbo del barco que es su vida sin dejarse embarrancar en la orilla. 

Podéis conocer mejor a este autor si veis el siguiente vídeo:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/esta-es-mi-tierra/esta-tierra-valencia-sentidos-manuel-vicent/672085/

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

NI BILINGÜE NI ENSEÑANZA

Una de las mayores locuras del sistema educativo español –también una de las más paletas– ha sido la implantación, no sé en cuántas comunidades autónomas, de lo que sus responsables bautizaron pomposa e ilusamente como “enseñanza bilingüe”, consistente en que los alumnos estudien algunas asignaturas en español y otras en inglés. Pongamos que Ciencias Naturales –o como se llame su equivalente en la actualidad– se imparte exclusivamente en la lengua de Elton John. Bien. Los encargados de las clases no son, sin embargo, salvo excepción, nativos británicos ni estadounidenses ni australianos ni irlandeses, sino individuos de Langreo, Orihuela, Requena, Conil o Mejorada del Campo que se supone que dominan dicha lengua. Pero, por cuanto me cuentan personas que trabajan en colegios e institutos –y absolutamente todas coinciden–, esos profesores poseen un conocimiento precario del idioma, de nuevo salvo excepción; lo chapurrean, por lo general tienen pésimo acento o ignoran la pronunciación correcta de numerosas palabras, su sintaxis y su gramática tienden a ser mera copia de las del castellano, y además, en cuanto se encuentran con una dificultad insalvable, recurren un rato a esta última lengua, sabedores de que es la que los estudiantes sí entienden. El resultado es un desastre total (ni enseñanza ni bilingüe): los chicos salen sin saber nada de inglés y aún menos de Ciencias o de las asignaturas que hayan caído bajo el dominio del presunto o falso inglés. Al parecer no se enteran, dormitan o juegan a los barcos (si es que aún se juega a eso) mientras los individuos de Orihuela o Conil sueltan absurdos macarrónicos en una especie de no-idioma. Algo ininteligible hasta para un nativo, un farfulleo, una ristra de vocablos quizá aprendidos el día antes en Internet, un mejunje, un chapoteo verbal.

Una de las cosas más incomprensibles es una lengua extranjera mal hablada por alguien que, para mayor fatuidad, está convencido de hablarla bien. Incluso alguien que conozca la gramática, la sintaxis y el vocabulario, capacitado para leerla y hasta traducirla, sólo emitirá un galimatías si tiene fortísimo acento, pronuncia erróneamente o no adopta la adecuada entonación. He oído contar que ese era el caso del renombrado traductor Fernando Vela, que vertió al español muchos libros, pero que si oía decir como es debido “You are my girl”, frase sencilla, no la reconocía: para él “You” se pronunciaba como lo veía escrito, y no “Yu”; “are” no era “ar”; “my” no era “mai”, sino “mi”; y la última palabra era “jirl”, con una i bien castellana. Si oía “gue:l” (pronunciación correcta aproximada), simplemente no estaba facultado para asociarla con “girl”, que había traducido centenares de veces. También he oído contar que Jesús Aguirre se atrevió a dar una conferencia en inglés en una Universidad norteamericana. Los nativos lo escucharon pacientemente, pero luego admitieron, todos, no haber comprendido una palabra de aquel imaginario inglés de esparto. En una ocasión oí a un colega novelista leer fragmentos de sus textos en una sesión londinense. Pese a que el escritor había residido largo tiempo en Inglaterra y debía de conocer su lengua, no estaba capacitado para hablarla de manera inteligible, tampoco allí entendió nadie nada.

Lo curioso es que, a pesar de estas dificultades frecuentes, los españoles de hoy están empeñados en trufar sus diálogos de términos en inglés, pero por lo general tan mal dichos o pronunciados que resultan irreconocibles. Hace poco oí hablar en una tertulia del “Ritalix”. Así visualicé yo la palabra al oírsela a unos y otros, y tan sólo saqué en limpio que lo de “Rita” iba por la alcaldesa de Valencia, Barberá. Al poco apareció el engendro por fin escrito en pantalla: “Ritaleaks”. Lo mismo me pasó con un anuncio de algo: “Yástit”, repetían las voces, hasta que lo vi escrito: “Just Eat”. En castellano contamos con sólo cinco vocales, así que si uno no distingue que “it” no suena igual que “eat”, ni “pick” como “peak”, ni “sleep” como “slip”, ni “ship” como “sheep”, con facilidad llamará ovejas a los barcos y demás. Si además ignora que se usa la misma vocal para “bird”, “Burt”, “herd”, “hurt” y “heard”, pero no para “beard” ni “heart”, o que “break” se dice “breik” pero “bleak” se dice “blik”, son fáciles de imaginar las penalidades para entender y para hacerse entender. La gente española llena hoy sus peroratas de “brainstorming”, “crowdfunding”, “mainstream”, “target”, “share”, “spoiler”, “feedback” y “briefing”, pero la mayoría suelta estos vocablos a la española, a la pata la llana, y así no habrá británico ni americano que los reconozca en tan espesos labios. Vistas nuestras limitaciones para la Lengua Deseada, a uno se le ponen los pelos de punta al figurarse esas clases de colegios e institutos impartidas en inglés estropajoso. ¿No sería más sensato –y mucho menos paleto– que los chicos aprendieran Ciencias por un lado e inglés por otro, y que de las dos se enteraran bien? Sólo cabe colegir que a demasiadas comunidades autónomas lo que les interesa es producir iletrados cabales.

JAVIER MARÍAS, El País, 17-1-2017

Javier Marías, hijo del filósofo Julián Marías, nació en Madrid en 1951. Escritor, traductor, ensayista y articulista, es licenciado en Filosofía y Letras. Fue profesor de Literatura española y de Teoría de la traducción en la Universidad de Oxford entre 1983 y 1985. Desde 2008 pertenece a la Real Academia de la Lengua española. Como articulista, es siempre incisivo y crítico, como se puede apreciar en su sección fija en El País semanal. Sus artículos han aparecido reunidos en los volúmenes titulados Lección pasada de moda (2012) y Juro no decir nunca la verdad (2015), entre otros. Como novelista, es uno de nuestros autores más leídos, tanto en España como en el extranjero, con obras reconocidas entre las que se encuentran Todas las almas (1989), Corazón tan blanco (1992), Mañana en la batalla piensa en mí (1994), Negra espalda del tiempo (1998) o la trilogía Tu rostro mañana (2009). En 2012 recibió el Premio Nacional de Narrativa por Los enamoramientos y también ha sido galardonado con el Premio Giuseppe Tomasi di Lampedusa en 2014. Entre sus ensayos citaremos Vidas escritas (1992) y Faulkner y Nabokov: dos maestros (2009).

A Javier Marías no le preocupa lo “políticamente correcto”. Siempre opina con total libertad en sus artículos, como podemos observar en este, escrito en 2015, que publicamos ante el anuncio de ampliar la enseñanza bilingüe a la escuela infantil. Lo proponemos como un punto de partida para una reflexión profunda. 

Podéis ver en el siguiente vídeo algunas de las controvertidas opiniones de este escritor:

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

LA FE NACIONAL Y OTROS ESCRITOS SOBRE ESPAÑA

Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos… Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (…). No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (…) La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental. Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente.

BENITO PÉREZ GALDÓS (“La Fe Nacional y otros Escritos sobre España”, 1912)

Benito Pérez Galdós (1843-1920) está considerado como el mejor novelista del realismo español. Leer sus novelas es la mejor manera de comprender la época en la que vivió (Fortunata y Jacinta, Tormento, Tristana, Episodios Nacionales, Marianela, Doña Perfecta, Misericordia y tantas otras). Fue académico de la Lengua y estuvo nominado para el Premio Nobel en 1912, pero sus ideas políticas y sus enemistades derivadas de estas impidieron que se le concediera este galardón. Colaboró en los periódicos La Nación y El Debate con artículos que analizaban de forma penetrante y visionaria la situación política y social de su tiempo. Sus Episodios Nacionales, cuarenta y seis novelas que se publicaron por entre 1872 y 1912, le proporcionaron una gran popularidad entre el público. Sus viajes como corresponsal de prensa por Europa le permitieron conocer la obra de los grandes autores del realismo, como Flaubert, Tolstoi, Balzac, Zola o Dickens. Se afilió al Partido Progresista de Sagasta y en 1886 fue elegido diputado por Guayama (Puerto Rico) en las Cortes. En los inicios del siglo XX ingresó en el Partido Republicano y en las legislaturas de 1907 y 1910 fue diputado a Cortes por Madrid por la Conjunción Republicano Socialista; también en 1914 fue elegido diputado por Las Palmas. Es uno de los autores más prolíficos de la Literatura española. 

Además de ser un gran escritor, Pérez Galdós dedicó también parte de su vida a la política y destacó por denunciar las corruptelas que gobernaban España en aquella época, como en el anterior discurso, pronunciado en 1912, en el que denuncia la corrupción política de su época. No sabemos cuántos siglos más deben pasar para erradicar esta enfermedad de la política y los políticos de nuestro país. 

El siguiente vídeo es un recorrido por el Madrid de Galdós.

http://http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventura-del-saber-serie-documental-rutas-literarias-galdos/2357218/

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

La madre ahora

Doce años atrás
cuanto tuve que irme
dejé a mi madre junto a la ventana
mirando la avenida
ahora la recobro
solo con un bastón de diferencia
en doce años transcurrieron
ante su ventanal algunas cosas
desfiles y redadas
fugas estudiantiles
muchedumbres
puños rabiosos
y gases de lágrimas
provocaciones
tiros lejos
festejos oficiales
banderas clandestinas
vivas recuperados
después de doce años
mi madre sigue en su ventana
mirando la avenida
o acaso no la mira
solo repasa sus adentros
no sé si de reojo o de hito en hito
sin pestañear siquiera
páginas sepias de obsesiones
con un padrastro que le hacía
enderezar clavos y clavos
o con mi abuela la francesa
que destilaba sortilegios
o con su hermano el insociable
que nunca quiso trabajar
tantos rodeos me imagino
cuando fue jefa en una tienda
cuando hizo ropa para niños
y unos conejos de colores
que todo el mundo le elogiaba
mi hermano enfermo o yo con tifus
mi padre bueno y derrotado
por tres o cuatro embustes
pero sonriente y luminoso
cuando la fuente era de ñoquis
ella repasa sus adentros
ochenta y siete años de grises
sigue pensando distraída
y algún acento de ternura
se le ha escapado como un hilo
que no se encuentra con su aguja
cómo quisiera comprenderla
cuando la veo igual que antes
desperdiciando la avenida

pero a esta altura qué otra cosa
puedo hacer yo que divertirla
con cuentos ciertos o inventados
comprarle una nueva tele
o alcanzarle su bastón

MARIO BENEDETTI

Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009) perteneció a la Generación del 45 de poetas uruguayos, a la que pertenecen, entre otros, Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti. Fue uno de los autores más importantes del Boom de la literatura hispanoamericana, surgido en los años 60 del pasado siglo. Su larga trayectoria comenzó en 1945, fundando el semanario Marcha y colaborando en multitud de publicaciones.  Desde 1971 se integró activamente en la coalición de izquierdas de su país “Frente Amplio”.  Tras el golpe de Estado de 1973, abandonó su cargo en la universidad y marchó al exilio, primero a Buenos Aires y posteriormente a España durante diez años. En 1983 vuelve a Uruguay y se reencuentra con su esposa, que se vio obligada a permanecer todos esos años cuidando a las madres de ambos.  Poeta, narrador, ensayista, articulista y autor teatral, entre sus obras destacan las novelas La Tregua, Gracias por el fuego o la autobiográfica La borra del café; la colección de relatos Con y sin nostalgia y los poemarios La casa y el ladrillo, Vientos del exilio, Geografías y Las soledades de Babel.  “Corazón coraza”, “Currículum”, “Defensa de la alegría”, “El Sur también existe”, “Hagamos un trato”, “Los formales y el frío”, “No te rindas”, “Táctica y estrategia” y “Viceversa” son algunos de sus poemas más famosos. Su lenguaje sencillo, para que sus obras puedan ser accesibles a todo el mundo, a veces sin signos de puntuación, tiene defensores y detractores. Sus poemas han sido musicados por Serrat, entre otros cantantes. Obtuvo en 1999 Premio Reina Sofía de Poesía y en 2005 el Premio Internacional Menéndez Pelayo.

En esta semana en que celebramos el Día de la madre, hemos querido recordar a las nuestras con este poema que resume toda una vida.

En el siguiente vídeo podéis escuchar a Silvio Rodríguez recitando este poema:

Publicado en Uncategorized | 1 Comentario

MI SUFRIDA BIBLIOTECA

     Tengo la costumbre de deshacerme de los libros que he leído. Y también de los que todavía no he leído, si veo que tienen mal pronóstico. El origen de esta costumbre, que muchas personas encuentran bárbara y desalmada, no es intelectual. Durante una larga etapa de mi vida combiné la movilidad con una relativa escasez de medios, con lo que me vi forzado a ir dejando atrás objetos estimados pero no de primera necesidad. Las primeras víctimas de esta emergencia siempre fueron la vajilla y los libros; la vajilla, por su fragilidad; los libros, por su volumen; en ambos casos, por la pesadez de embalar y meter en cajas cosas de tamaños y formas difíciles de acoplar. Total, que acababa tirando platos, vasos y tazas de muy escaso valor, y pilas de libros de un valor material aún más escaso, aunque quizá de mayor valor sentimental. Pero lo bueno de los apuros es que el sentimentalismo desaparece cuando la necesidad aprieta. Fuera libros.

     A la tercera o cuarta masacre me di cuenta de que rara vez necesitaba los libros que había tirado y de que, si los necesitaba, los podía volver a comprar. Aparentemente, un gasto doble. En realidad, un considerable ahorro si entra en el cálculo el coste del espacio y el mobiliario. Si el libro que quería recuperar estaba descatalogado, lo encontraba online, en librerías de segunda mano o, a las malas, en alguna biblioteca pública. Y si todo esto fallaba, siempre me quedaba la solución de encogerme de hombros y pasar a otra cosa. La vida está llena de frustraciones y renuncias y no poder releer un libro, habiendo tantos, no es gran tormento.

    La práctica me enseñó que los sentimientos, como al parecer ocurre con otras prolongaciones del cuerpo humano, se recomponen. En mis sucesivas viviendas no había libros, pero procuraba que no faltaran las flores, otro artículo entrañable que, a diferencia de los libros, lleva incorporada la fugacidad. Más tarde, cuando alcancé cierto grado de estabilidad, acumulé algunos libros, pero no perdí la higiénica costumbre de desprenderme de la mayoría. Una pared limpia no me parece menos acogedora que una pared cubierta de estanterías. Y por lo que se refiere a la utilidad de una biblioteca personal, lo considero nulo o poco menos. He visto bibliotecas personales especializadas, arduamente construidas a lo largo de toda una vida, que luego alguna institución pública se aviene a heredar de mala gana. Salvo estos casos contados, una biblioteca personal es un mapa confuso del peregrinaje intelectual de su dueño: cambios bruscos de gustos o intereses, propósitos abandonados, palos de ciego y una buena dosis de azar. A lo sumo, testimonio de una cierta solidez de criterio, de amplitud de miras, de cultura general. Antiguamente, el que nacía en una casa provista de una biblioteca, tenía a su alcance un territorio por explorar.

La biografía de algunas personas de mérito incluye el episodio de descubrimientos venturosos. Pero como pasa también en otros aspectos del desarrollo juvenil, lo que uno tiene en casa suscita menos interés que lo que hay en la casa del vecino. En mi caso, recuerdo haber sentido curiosidad por libros que veía en bibliotecas ajenas, pero no en la que habían hecho mis padres. Quizás sí que soy un desalmado. La gente normal siente apego por sus libros, como por sus amigos. Yo también, pero a mi modo. Por más afecto que les tenga, no me gustaría convivir con ellos. Prefiero perderlos de vista, reencontrarlos, comparar lo que el paso del tiempo ha cambiado en cada uno. Hay algo morboso en releer un libro que lleva años envejeciendo ante mis ojos. Prefiero volver a comprarlo, nuevo, con el papel blanco, bien encuadernado, sin una mota de polvo, como la primera vez que lo leí. Hasta entonces, todos los libros que he leído, siguen en mi memoria. La inmensa mayoría, aparentemente olvidados. No importa. Soy lo que ellos me aportaron en su momento. Y también pueden reaparecer de repente, con una claridad deslumbrante, como si los acabara de leer.

EDUARDO MENDOZA

    Eduardo Mendoza acaba de recibir el Premio Cervantes 2016. Nacido en Barcelona en 1943, comenzó su carrera literaria con la publicación de La verdad sobre el caso Savolta en 1975, en una época en la que vivía en Estados Unidos. Con esa primera novela obtuvo el Premio de la Crítica. Su siguiente novela, El misterio de la cripta embrujada, de 1979, es el comienzo de una pentalogía que mezcla la parodia con el género policiaco protagonizada por un detective ingresado en un manicomio. La serie ha sido un gran éxito de ventas, aunque la consagración literaria de Mendoza llegó en 1986 con La ciudad de los prodigios, una obra que muestra la evolución social y urbana de Barcelona entre las exposiciones universales de 1929 y 1988. Ganador en 2010 del Premio Planeta con Riña de gatos. Madrid 1936, Mendoza es colaborador habitual de EL PAÍS.

     El 23 de abril celebramos el Día del libro. También se otorga el Premio Cervantes, el galardón literario más importante en castellano. Este año ha recaído sobre Eduardo Mendoza, de quien publicamos un artículo que trata, precisamente, de los libros, con un punto de vista original, como suele ser habitual en su autor. Es una buena ocasión la de la concesión de este premio para releer o conocer, según los casos, a un autor fundamental en las literatura española del siglo XX, tanto en su vertiente seria como en sus divertidas novelas humorísticas, que también encierran una crítica irónica y escéptica a la sociedad en la que vivimos.

 En el siguiente vídeo podéis escuchar íntegro el discurso sobre el humor pronunciado por el escritor al serle entregado el Premio Cervantes.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/premio-cervantes/discurso-integro-del-premio-cervantes-2016-eduardo-mendoza/3987398/

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

SI… (IF…)

 

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: “¡Resistid!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!

———————————————————–

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don’t deal in lies,
Or, being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise;

If you can dream—and not make dreams your master;
If you can think—and not make thoughts your aim;
If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build ‘em up with wornout tools;

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on”;

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings—nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And—which is more—you’ll be a Man my son!

RUDYARD KIPLING

Rudyard Kipling nació en Bombay en 1865, cuando la India era una colonia inglesa, y murió en Londres en 1936. Con seis años fue enviado a Inglaterra, a un internado en Devonshire, con el objetivo de ser formado para el ingreso en la academia militar, aunque sus notas no lo hicieron posible. En 1882 regresó a la India y comenzó a trabajar para La gaceta civil y militar, donde publicó varias historias cortas; ingresó en una logia masónica con veinte años, y pocos años más tarde publicó por primera vez. Con lo cobrado por los derechos de sus publicaciones marchó en 1889 a Inglaterra, donde ya era conocido y reconocido como sucesor literario de Dickens. En 1892 se casó con una americana y marchó a vivir a los Estados Unidos, pero allí no se encontraba satisfecho y regresó a Inglaterra, en donde continuó su carrera literaria.

Fue autor de poemas, cuentos, relatos cortos y novelas, en las que destaca el heroísmo de los soldados británicos en la India y Birmania. De entre su obra habría que destacar obras como Kim de la India, El hombre que pudo reinar o El libro de la selva, novelas que han sido adaptadas al cine y la televisión en varias ocasiones. Tres veces fue nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico, y tres veces declinó el ofrecimiento. Fue el primer inglés en conseguir el Nobel de Literatura, en 1907. 

Este famoso poema, como también ocurriera con Invictus, obra de William Ernest Henley, es una evocación del estoicismo de la era victoriana. Su reconocimiento internacional queda patente por el gran número de versiones y parodias que ha inspirado, así como por la amplia popularidad que todavía hoy tiene especialmente entre los británicos. Según el propio Kipling afirma en su autobiografía Something of Myself, publicada póstumamente en 1937, el poema fue inspirado por el Dr. Leander Starr Jameson, quien en 1895 lideró una incursión de las fuerzas británicas contra los Boers en Sudáfrica, llamada la «Incursión de Jameson», que concluyó en la Segunda Guerra Anglo-Bóer.

Consideramos que es una obra que todo joven debería conocer, por los valores de superación que defiende. Por eso la publicamos en nuestra Pausa semanal.

 Aquí tenéis este poema magníficamente recitado por el actor José Sacristán.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

VUELO

Solo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar… Pero ¿quién ama? Volar… Pero ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otros como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir: apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de batirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.

MIGUEL HERNÁNDEZ

Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela (España) y falleció el 28 de marzo de 1942. Se le considera un epígono de la Generación del 27, pues es más joven que sus miembros, aunque comparte con ellos inquietudes e influencias vanguardistas. Pese a su inmenso deseo de estudiar, su padre se lo impidió y lo obligó a cuidar de su rebaño de cabras; sin embargo, en sus ratos libres Miguel leía fervorosamente y escribía poemas.
De forma autodidacta aprendió las bases de la buena literatura de maestros como Paul Verlaine, Miguel de Cervantes, Pedro Calderón de la Barca y, sobre todo, Luis de Góngora. Durante la Guerra Civil Española luchó en el bando republicano. Fue apresado y condenado a muerte en marzo de 1940. La intercesión de varios amigos influyentes consiguió que le conmutaran la pena por 30 años de prisión, aunque falleció de tuberculosis en la cárcel a los 32 años. Entre sus obras podemos destacar Perito en lunas, El rayo que no cesa Viento del pueblo, Cancionero y romancero de ausencias y El hombre acecha.. Algunos de sus poemas son muy conocidos, como “Nanas de la cebolla”, “Aceituneros” o “Elegía a Ramón Sijé”,  a muchos de los cuales los cantautores han puesto música. Escribió también teatro, con obras como El labrador de más aire o el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras.

Hace unos días se han cumplido 75 de la muerte del poeta alicantino que en los pocos años que vivió nos dejó una obra clásica e inmortal, monumento a los valores humanos y a la poesía con mayúsculas. 

En este documental podéis conocer la obra de Miguel Hernández y escuchar algunos de sus poemas más conocidos.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/miguel-hernandez/924754/

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario