MARÍA ENCADENADA

 

     

 

                                   (A una niña, mientras
                                   le taladran los oídos.)

Llora, pequeña.
Te están circuncidando la belleza, llora,
tus tenues agujeros de esclava
pregonarán tu rol desde la sangre.
Te están atando al oro
para que no recuerdes
ni voluntad ni inteligencia,
para que seas eternamente la muñeca
presa de adornos y miradas.
Tus dos pétalos de rosa taladrados
son el primer dolor de tu recuerdo, llora,
te espera una isla de vestidos
donde cada deseo te mojará las alas.
Un paraíso de espejos,
de tules y de encajes
te da la bienvenida,
tu mañana tendrá el color del maquillaje.
Los focos, las joyas y las fiestas
con sus mil tentáculos
matarán tu tiempo atenazado.
Sonreirás
la sumisión standard que te marquen
en el mundo consumo de los sexos.

JUANA CASTRO

Juana Castro nació en Villanueva de Córdoba en 1945. Es profesora de Educación infantil y miembro de la Real Academia de Córdoba. Comenzó su carrera poética relacionándose con el grupo Zubia de poetas cordobeses. Colabora en diversos medios como articulista y crítica literaria. También ha traducido poesía italiana y ha escrito relatos y ensayos. Ha obtenido importantes reconocimientos por su obra, como el Premio Juan Ramón Jiménez por Arte de cetrería en 1989, el XI Premio Carmen Conde por No temerás en 1994, el Premio San Juan de la Cruz por El extranjero, el premio de la crítica en 2011 por Cartas de Enero, el premio Carmen de Burgos por sus artículos periodístico o el premio del Instituto de la Mujer en 1984 y el premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer en 1998. Algunos de sus poemarios son Cóncava mujer, Del dolor y las alas, Narcisia, Alta traición, Alada mía, Del color de los ríos y Cartas de Enero.  Su obra es una de las más personales y de más calidad de la poesía contemporánea. En ella, Juana dedica siempre unos versos a la mujer, como en el poema que hemos elegido, oscilando entre la voz crítica, satírica a veces, y el tono trascendental.

Para conmemorar el Día internacional de la Mujer, publicamos un duro poema de denuncia de Juana Castro en el que advierte a una recién nacida del mundo que va a encontrar.

En este vídeo la autora recita otro de sus poemas de corte feminista.

http://es.video.search.yahoo.com/video/play;_ylt=A2KLqIhPR_JU3C4AGOO..Qt.;_ylu=X3oDMTByYXI3cnIwBHNlYwNzcgRzbGsDdmlkBHZ0aWQDBGdwb3MDNA–?p=juana+castro+poemas&vid=3037fcd55c7e464995176e019fc2fbdb&l=1%3A36&turl=http%3A%2F%2Fts1.mm.bing.net%2Fth%3Fid%3DVN.608020614851331640%26pid%3D15.1&rurl=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DfatpV6yEomg&tit=Juana+castro+violencia&c=3&sigr=11bhsrhe6&sigt=10mes1pvn&sigi=11rp7ucmb&age=1232571654&fr2=p%3As%2Cv%3Av&fr=chr-greentree_ie&tt=b

 

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CÓRDOBA

 

                                                              A Carlos Castilla

 “¿A quién pediremos noticias de Córdoba?”

Porque las piedras que amabas a la tarde han sido derribadas,

talados los cipreses y su claustro de salmos silencioso,

destruidos los arcos,

el capitel rodó sobre la ortiga

y los artesonados aplastaron blasones,

soberbia, yelmos, gules…

Corrió la lagartija sobre lises

y las manos falaces arrasaron vergeles,

enmudeció la esquila en la espadaña,

abatieron dinteles, picaron tracerías, hundieron hornacinas

y a la venta pusieron atauriques,

teselas, surtidores, plata ilustre de ofrendas

y cobraron monedas de la traición tus hijos,

subastaron tus lágrimas, oh madre,

patria mía.

 

No había más belleza en este mundo.

Por las calles de cal, cuando furtiva

ajena sombra iba enamorada,

incansable de sol a sol,

tejiendo el embeleso luna a luna,

telones de murallas, celosías

de altas clausuras,

palmas de sombra sobre tapias blancas,

era ya sólo amor el escenario,

la letanía armoniosa de los nombres:

Muro de la Misericordia, Alcázar Viejo,

Plaza de los Aguayos, Piedra Escrita,

Tesoro, Hoguera, Cidros, Mucho Trigo.

¿Qué ramos de tristeza los naranjos al cielo levantaban?

¿Qué soledad y sus arpas de relente

enfriaban heridas como joyas?

Fuentes cegadas, oigo vuestros caños por la memoria,

vivas gargantas sollozantes.

Palpo el mármol, los fustes, las verdinas

sobre bronces ecuestres. Aromas como anillos

ciñen nupcias, suben por galerías desvaídas:

jazmín morisco, lilas, ajedrea.

Edén siempre perdido,

concédeme el recuerdo y su llave de niebla.

 

Don Luis se alejó por la calleja,

el Duque miró el ángel dorado del ocaso,

volvió al baño Lucano y tus hijos

de la campiña fueron a trabajar a Düsseldorf.

Amarillas banderas

como présagas aves codiciosas

enlutaron terrazas. Usura y avaricia

la heredad repartieron destruyéndola,

dividieron tu duelo,

echaron suertes

sobre el solar patricio,

fonsque sophiae,

mientras te disfrazaban percalinas

para un siniestro carnaval turístico,

oh inmortal, eterna, augusta siempre,

oh flor pisoteada de España.

 PABLO GARCÍA BAENA

Pablo García Baena nació en Córdoba en 1923. Estudió Bellas Artes. En 1947 fundó, junto a Ricardo Molina, Juan Bernier y Julio Aumente, la revista Cántico, punto de encuentro de un grupo de escritores andaluces que reivindicaba una mayor exigencia estética y enlazaba con la poesía del 27. Su obra, antes casi olvidada, fue rescatada por un grupo de poetas de la promoción del 70. Destacan los títulos Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957), Prehistoria (1994), Poniente (1995), En la quietud del tiempo (2002) y  Los Campos Elíseos (2006). En prosa, ha escrito, entre otras, Lectivo (1983), El retablo de las cofradías (1985) y Zahorí Picasso (1999). Ha recibido el premio Príncipe de Asturias en 1984, las medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba en 1984 y de la Provincia de Málaga en 2004, y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2008.  

El texto que proponemos, con motivo de la celebración del Día de Andalucía, pertenece al poemario Antes que el tiempo acabe (1978). En el siguiente vídeo podéis ver al poeta, uno de los mejores que ha dado Córdoba, recitando dos de sus composiciones.

 

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ME BASTA ASÍ

 

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,

yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
                    Oigo
constelaciones: existes.
                        Creo en ti.
                                    Eres.
Me basta).

ÁNGEL GONZÁLEZ

Poeta y profesor de literatura, perteneciente al grupo conocido como “Generación de los 50″ o del medio siglo, Ángel González (1925-2008) es dueño de una poesía humanamente comprometida, teñida de fina ironía y humor. Nació en Oviedo y su infancia estuvo marcada por la sombra de la guerra civil y por la muerte prematura de su padre cuando él apenas contaba dos años. Precisamente será en la biblioteca que su padre dejara, como un tesoro familiar, donde se inicia en la lectura, aunque es en un pueblo de la montaña leonesa, donde, convaleciente de una profunda afección pulmonar, siente la llamada de la poesía y escribe sus primeros versos. La experiencia de la guerra aparecerá en su primer libro, Áspero mundo (1956) y con el que obtendría un accésit del Premio Adonáis. En él se ordenan una serie de vivencias originadas por el trauma de la guerra civil española reflejadas en la contraposición de dos mundos irreconciliables: el de la infancia y la cruel realidad, de duros y agrios perfiles. A partir de entonces, su posición ante el mundo se torna más clara y militante. Al escribir en 1961 Sin esperanza, con convencimiento, incluye ya un análisis social de las causas de la derrota y pasa a ser clasificado claramente en el grupo de los poetas sociales. Ángel González abandona más adelante esta actitud para dedicarse a una poesía en la que testimonia su propia experiencia de la realidad y donde hay una preocupación por la palabra en sí misma, por la expresión justa, precisa, casi imprescindible. El paso del tiempo, la temática amorosa y cívica, son tres obsesiones que se repiten a lo largo y ancho de sus poemas. Su tercer libro, Grado elemental (1962), fue galardonado en Colliure con el Premio Antonio Machado, poeta al que Ángel González admiró profundamente. Palabra sobre palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967), Breves acotaciones para una biografía (1971), Procedimientos narrativos (1972), Muestra de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976) y Prosemas o menos (1984) son otros de sus libros. Su obra completa, en la que incluye poemas inéditos, ha sido publicada en tres ocasiones, la última de ellas en 1986, y siempre con el título de Palabra sobre palabra. Es asimismo autor de diversos estudios poéticos sobre Juan Ramón Jiménez (1973), El Grupo poético de 1927 (1976), Gabriel Celaya (1977) y Antonio Machado (1979). Ángel González fue maestro nacional, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y periodista por la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Trabajó también en el Ministerio de Obras Públicas, de donde fue funcionario en excedencia. En sus últimos años enseñó Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Alburquerque (Estados Unidos) y fue profesor visitante de las de Nuevo México, Utah, Maryland y Texas.

Pilar Fernández nos envía este poema de amor, además de su comentario:

Es difícil elegir un poema de amor entre los miles escritos sobre el tema. He escogido este por varias razones. Por la persistencia del amor después del amor. Su autor, Ángel González, repetiría y repetiría su vivencia con la persona amada hasta el punto de volver a “crearla y crearse” para volver a vivir ese mismo amor. Otra razón es el profundo respeto que manifiesta por su amada, “…para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día”. También por el delicado erotismo que refleja, por la fingida improvisación que le da frescura: “no sé si me explico”. Porque su amada es la luz de la vida que descorre el velo de la noche y lo resucita con solo existir. Le permite “oír el silencio” y formar parte del universo.

Y porque sí.

Bueno, no sé si me he explicado, pero quiero que quede claro que a todos/as os deseo un amor así.

En el siguiente vídeo podéis escuchar al propio autor con Pedro Guerra, que pone música a la hermosa letra de este poema.

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DNA

 

[dna.jpg]

DNA o ADN, poco importa

si en castellano o inglés: el caso

es que me muero por tus proteínas,

por tus aminoácidos, por todo

lo que fuiste una vez, cuando tus padres

vinieron de cenar algo achispados

y, después de tirar de la cadena,

hicieron una nueva con tu nombre,

con tus curvas y con tus fantasías.

Dame una foto de tu DNA

tamaño DNI, que me retuerzo

de ganas de mirarla a todas horas.

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Luis Alberto de Cuenca es un poeta, traductor y ensayista español nacido en Madrid en 1950. Interrumpió los estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid para licenciarse en Filología Clásica. Es un miembro destacado de los poetas de su generación, caracterizado por cultivar tanto las formas clásicas como modernas, evolucionando hacia fórmulas personales que le han valido el reconocimiento de la crítica literaria. Fue director de la Biblioteca Nacional (1996-2000) y Secretario de Cultura del gobierno (2000-2004). Es miembro de la Real Academia de Historia. Obtuvo el Premio de la Crítica con La caja de plata en 1985 y el Premio Nacional de Traducción con el Cantar de Valtario en 1987. De su obra poética también merecen destacarse, Los retratos (1971), Elsinore (1972), Scholia (1978), Necrofilia (1983), El otro sueño (1987) y El hacha y la rosa (1993). Sin miedo ni esperanza recoge, en seis partes, sesenta poemas escritos entre 1996 y 2002 y su poesía completa hasta 1996, está contenida en Los mundos y los días.

Ángel Campillo nos propone este texto, con el que el autor desmitifica los poemas de amor con un lenguaje actual y una mirada irónica. Una nueva óptica con la que contemplar el día de San Valentín.

Si veis el siguiente vídeo podéis conocer mejor a este autor.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/pienso-luego-existo/pienso-luego-existo-luis-alberto-cuenca/1851608/

 

 

 

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EL QUIJOTE

Entró el escribano con los demás, y, después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas, dijo:

–Ítem, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que, porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos, ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno, después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y, si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece. Y, volviéndose a Sancho, le dijo:

–Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.

–¡Ay! –respondió Sancho, llorando–: no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

 –Así es –dijo Sansón–, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad destos casos.

 –Señores –dijo don Quijote–, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano.

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) publicó su obra universal, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en dos partes: la primera en 1605 y la segunda en 1615, pocos meses antes de morir, con un título algo diferente: Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. Según los expertos, la segunda, de la que se conmemora este año el 400º aniversario, es aún mejor que la primera, ya que presenta más unidad argumental, eliminando las historias interpoladas que algunos habían criticado, e introduce la perspectiva novedosa de que algunos de sus personajes ya han leído la primera parte, como es el caso de los duques, quienes  preparan distintas bromas a los protagonistas. También se observa una evolución notable entre ambos: Don Quijote abandona sus fantasías para apegarse a la realidad, a la vez que Sancho se contagia de los ideales de su amo. Entre ambas partes, un tal Avellaneda publicó la supuesta segunda parte del Quijote, lo que ofendió a Cervantes, quien modificó sus planes y llevó a los protagonistas a Barcelona, en lugar de a Zaragoza, donde había prometido que llegarían. Por el mismo motivo, decidió que el hidalgo debía morir, no fuera a revivir aventuras por otra pluma distinta de la suya. Este final, triste y emotivo, en el que Sancho intenta renovar las ansias de aventura de su amo, es el que hemos elegido para celebrar a nuestra manera este cuarto centenario de la obra inmortal de Cervantes.

Cumplimos este aniversario cuando se buscan los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias de Madrid, donde los localizan diversos testimonios. Pero el mejor homenaje al autor es leer su obra. Proponemos la segunda parte de El Quijote, que tenéis en el siguiente enlace:

http://www.educa.jcyl.es/educacyl/cm/gallery/Recursos%20Infinity/tematicas/webquijote/pdf/DONQUIJOTE_PARTE2.pdf

También podéis ver el episodio final en esta dramatización:

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VIVO SIN VIVIR EN MÍ

 

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

SANTA TERESA DE JESÚS

Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582), es decir, Santa Teresa de Ávila, ciudad en la que nació, o Santa Teresa de Jesús, sintió muy pronto una fuerte inclinación religiosa, hasta el punto de que a los 7 años huyó de su casa con un hermano para ir a buscar martirio. A los doce, perdió a su madre, lo que la afectó en extremo y pareció decidir su vocación religiosa. A los 16 años entró en el convento de Santa María de Gracia, llevada por su padre a causa de las exageradas lecturas de libros de caballerías. A los 19, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma: sentía los primeros síntomas de sus neurosis. En 1537, en casa de su padre, sufrió un ataque y durante dos años estuvo paralítica. Tras un paréntesis en que su fe se entibió, volvió al pasado ardor religioso tras ver a Cristo, según afirma la autora. Decidió reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar conventos de monjas descalzas y enclaustradas. La santa se queja en sus obras de su falta de estilo y de capacidad, pero su tono coloquial y sencillo, muy en la línea del renacimiento, no es en absoluto descuidado. Sus poesías fueron compuestas en los momentos de mayor ardor místico, según la autora inspiradas por Dios. La más conocida es la que publicamos. Entre sus obras en prosa destacan Camino de perfección (1562-64), El castillo interior o Las moradas (1577) y el Libro de las fundaciones (1573-82).

Este año se celebra el quinto centenario del nacimiento de una de nuestras escritoras más importantes. Por eso decidimos recordar aquí uno de sus poemas más conocidos, atribuido también a San Juan de la Cruz.

Para conocer mejor a Santa Teresa, podéis ver el siguiente vídeo:

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CAPE COD

La baja y arenosa playa y el pino enano,

la bahía y la larga línea del horizonte.

¡Qué lejos yo de casa!

La sal y el olor de sal del aire del océano

y las redondas piedras que pule la marea.

¿Cuándo arribará el barco?

Los vestigios quemados, rotos, carbonizados,

y la profunda huella dejada por la rueda.

¿Por qué es tan viejo el mundo?

Las olas cabrilleantes y el cielo inmenso y gris

surcado por las lentas gaviotas y los cuervos.

¿Dónde todos los muertos?

El delicado sauce doblado hacia el fangal,

el gran casco podrido y los flotantes troncos.

¡La vida trae la pena!

Y entre pinos oscuros y por la orilla lisa

el viento fustigando. El viento, ¡siempre el viento!

¿Qué será de nosotros?

GEORGE SANTAYANA

 Georges Santayana (Madrid, 1863-Roma, 1952). De la cariñosa semblanza del filósofo George Santayana que escribiera Fernando Savater en Apóstatas Razonables queda la idea de un escritor de vida errante, poco amigo de los sobresaltos y las estridencias, con una obra elegante tamizada por el escepticismo y la racionalidad. George (o Jorge Ruiz, como dice su lápida en Roma), nació en Madrid pero vivió -y desarrolló su labor intelectual- entre Inglaterra, Estados Unidos e Italia, país en el que moriría en 1952. Escribió sus obras en inglés, y es considerado un hombre de letras estadounidense. Probablemente su cita más conocida sea «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo», de La razón en el sentido común, el primero de los cinco volúmenes de su obra La vida de la razón  (1905-1906), que marcó el punto más alto de su carrera. Otras obras filosóficas de Santayana son: El sentido de la belleza (1896), su primer libro y tal vez su mejor obra, sobre estética, escrita en Estados Unidos, y Los reinos del ser (4 vols., 1927–1940). Casi toda la obra de Santayana es ensayística. “Cape Cod” es quizá el más hermoso de los pocos poemas que escribió. También destaca su novela El último puritano (1935) y su libro de memorias Personas y lugares (1944).

Mercedes Luchena nos envía este poema del filósofo español, poco conocido en nuestro país, aunque recientemente ha sido objeto de estudios que lo devuelven al lugar que le corresponde.

En el siguiente vídeo podéis conocer mejor al filósofo, a través de Fernando Savater.

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