Firmamento

Leemos unos versos. Remontamos

ese rayo de luz que nos alcanza.

 

Ascender en la noche tras el rastro

de una estrella extinguida.

 

Hasta perder el hilo.

Hasta hollar nuestra propia oscuridad.

 

Hasta cavar en ella

un nuevo firmamento.

 

EDUARDO GARCÍA 

Eduardo Garcia 2008.jpg

Eduardo García (São Paulo, 1965-Córdoba, 19 de abril 2016) fue un reconocido poeta. Hijo de españoles, permaneció en Brasil hasta los siete años. Vivió su infancia y juventud en Madrid, donde obtuvo la licenciatura en Filosofía, especializándose en Estética. Desde 1991 residió y trabajó como profesor de Filosofía en Córdoba, los últimos años en el IES Blas Infante.

Como poeta es autor de Las cartas marcadas, No se trata de un juego, Horizonte o frontera, Refutación de la elegía, La vida nueva y Duermevela, así como de recopilaciones de su obra, dentro y fuera de España. En paralelo a su obra de creación, cultivó la reflexión sobre el fenómeno poético en dos ensayos: Escribir un poema y Una poética del límite. En 2015 publicó Las islas sumergidas, libro de aforismos, donde conjugó poesía y pensamiento. Escribió columnas en Milenio, suplemento cultural del diario El Día (2000-01), así como reseñas críticas en diversas revistas literarias. Participó como traductor en los volúmenes colectivos de traducciones de Elaine Feinstein (Música urbana, Hiperión, 2002) y Douglas Dunn (Elegías). Conferenciante y profesor de talleres de poesía y cursos de escritura creativa, coordinó el Homenaje al poeta Pablo García Baena celebrado en las ciudades de Córdoba y Málaga en el año 2003. También cultivó la crítica de ensayo y poesía en la revista de libros Mercurio.

Su obra poética estuvo en permanente evolución. En sus primeros libros cultivó lo que el propio autor denominaba un “realismo visionario”. A partir de Refutación de la elegía (2006) su poesía se internó más a fondo en el territorio de lo onírico. Desarrolló entonces una lírica vitalista de exaltación de las fuerzas del deseo. La ensoñación ganó terreno en sus poemas, así como el cultivo de formas poéticas más extremas: de un lado el versículo; de otro, la fragmentación del discurso. 

Recibió, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica (2009), el Premio Internacional de Poesía «Ciudad de Melilla» y el Premio «Ojo Crítico» de Radio Nacional de España.

Dedicamos esta semana este espacio a un poeta y compañero que acaba de dejarnos, arrebatado por una cruel enfermedad que no le ha permitido continuar una obra meritoria. Si os interesa conocer más a este autor, podéis ver el siguiente vídeo:

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Otelo

ACTO TERCERO- ESCENA III

YAGO.- Señor, temed mucho a los celos, pálido monstruo, burlador del alma que le da abrigo. Feliz el engaño que descubre el engaño y consigue aborrecer a la engañadora, pero ¡ay del infeliz que aún la ama, y duda, y vive entre amor y recelo!

OTELO.- ¡Horrible tortura!

YAGO.- Más feliz que el rico es el pobre, cuando está resignado con su suerte. Por el contrario el rico, aunque posea todos los tesoros de la tierra, es infeliz por el temor que a todas horas le persigue, de perder su… ¡Dios mío, aparta de mis amigos, los celos!

OTELO.- ¿Qué quieres decir? ¿Imaginas que he de pasar la vida entre sospechas y temores, cambiando de rostro como la luna? No: la duda y la resolución solo pueden durar en mí un momento, y si alguna vez hallares que me detengo en la sospecha y que no la apuro, llámame imbécil. Yo no me encelo si me dicen que mi mujer es hermosa y alegre, que canta y toca y danza con primor, o que se complace en las fiestas. Si su virtud es sincera, más brillará así. Tampoco he llegado a dudar nunca de su amor. Ojos tenía ella y entendimiento para escoger. Yago, para dudar necesito pruebas, y así que las adquiera, acabaré con el amor o con los celos.

YAGO.- Dices bien. Y así conocerás mejor la lealtad que te profeso. Ahora no puedo darte pruebas. Vigila a tu esposa: repárala bien cuando hable con Casio, pero que no conozcan tus recelos en la cara.
No sea que se burlen de tu excesiva buena fe. Las venecianas sólo confían a Dios el secreto, y saben ocultárselo al marido. No consiste su virtud en no pecar, sino en esconder el pecado.

OTELO.- ¿Eso dices?

YAGO.- A su padre engañó por amor tuyo, y cuando fingía mayor esquiveza, era cuando más te amaba.

OTELO.- Verdad es.

YAGO.- Pues la que tan bien supo fingir, hasta engañar a su padre, que no podía explicarse vuestro amor sino como obra de hechicería…
Pero ¿qué estoy diciendo? Perdóname si me lleva demasiado lejos el cariño que te profeso.

WILLIAM SHAKESPEARE, Otelo.

 

ACT  III- SCENE III

IAGO

O, beware, my lord, of jealousy;
It is the green-eyed monster which doth mock
The meat it feeds on; that cuckold lives in bliss
Who, certain of his fate, loves not his wronger;
But, O, what damned minutes tells he o’er
Who dotes, yet doubts, suspects, yet strongly loves!

OTHELLO

O misery!

IAGO

Poor and content is rich and rich enough,
But riches fineless is as poor as winter
To him that ever fears he shall be poor.
Good heaven, the souls of all my tribe defend
From jealousy!

OTHELLO

Why, why is this?
Think’st thou I’ld make a lie of jealousy,
To follow still the changes of the moon
With fresh suspicions? No; to be once in doubt
Is once to be resolved: exchange me for a goat,
When I shall turn the business of my soul
To such exsufflicate and blown surmises,
Matching thy inference. ‘Tis not to make me jealous
To say my wife is fair, feeds well, loves company,
Is free of speech, sings, plays and dances well;
Where virtue is, these are more virtuous:
Nor from mine own weak merits will I draw
The smallest fear or doubt of her revolt;
For she had eyes, and chose me. No, Iago;
I’ll see before I doubt; when I doubt, prove;
And on the proof, there is no more but this,–
Away at once with love or jealousy!

IAGO

I am glad of it; for now I shall have reason
To show the love and duty that I bear you
With franker spirit: therefore, as I am bound,
Receive it from me. I speak not yet of proof.
Look to your wife; observe her well with Cassio;
Wear your eye thus, not jealous nor secure:
I would not have your free and noble nature,
Out of self-bounty, be abused; look to’t:
I know our country disposition well;
In Venice they do let heaven see the pranks
They dare not show their husbands; their best conscience
Is not to leave’t undone, but keep’t unknown.

OTHELLO

Dost thou say so?

IAGO

She did deceive her father, marrying you;
And when she seem’d to shake and fear your looks,
She loved them most.

OTHELLO

And so she did.

IAGO

Why, go to then;
She that, so young, could give out such a seeming,
To seal her father’s eyes up close as oak-
He thought ‘twas witchcraft–but I am much to blame;
I humbly do beseech you of your pardon
For too much loving you.

WILLIAM SHAKESPEARE, Othello.

A lo largo de esta semana se celebra el 400º aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare. La semana pasada rendíamos homenaje al autor español y esta nos centraremos en el inglés. Las fechas de este aniversario (23 de abril de 1616) coinciden solo en apariencia, pues en realidad no fallecieron estos autores el mismo día, ya que en Inglaterra se regían por el calendario juliano y en España por el gregoriano. 

William Shakespeare (Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 – id., 1616) es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos. Hijo de un acaudalado comerciante y político local, poco o nada se sabe de su niñez y adolescencia. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal y que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran estas económicas o derivadas de su carrera política. Siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que solo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena. La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain’s Men, más tarde conocida como King’s Men, propietaria de dos teatros, The Globe y Blackfriars. También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios. En 1613 dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.

La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa, y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona. Pero fue su obra dramática (catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos) la que lo encumbró a la fama. Se trata de un compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. Además, Shakespeare dota a sus  personajes de una manera peculiar de hablar y a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial. Destaca la comedia Sueño de una noche de verano, y las tragedias Hamlet, prototipo de la duda; Otelo, de los celos; Macbeth de la ambición o Romeo y Julieta del amor. Sus últimas obras son tragicomedias con final feliz. La tempestad sería su testamento literario.

Os proponemos un juego, gracias al periódico El Mundo: averiguar quién fue el autor de cada una de las diez frases siguientes (Cervantes o Shakespeare).

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/04/160210_shakespeare_cervantes_400_aniversario_citas_quiz_wbm

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La mentira se salva por la mentira

quijote2

Un día Don Quijote, el caballero tan conocido, el más magnánimo caballero que jamás haya existido, vagabundeando con su fiel escudero Sancho, tuvo un ataque de perplejidad. Había leído que sus predecesores de los tiempos antiguos, por ejemplo, Amadís de Gaula, habían tenido a veces que luchar durante años enteros con cien mil soldados enviados contra ellos por las potencias infernales o los magos. Ordinariamente, un caballero que tropieza con semejante ejército de réprobos saca su espada, invoca en su ayuda el nombre de su dama y se lanza solo en medio de sus enemigos, a los que extermina, sin dejar uno. Todo esto estaba bien claro; pero aquel día, Don Quijote permaneció pensativo. ¿Cómo querían que un caballero, por fuerte y valiente que fuese, exterminase a cien mil adversarios en un solo combate de veinticuatro horas? Se necesita tiempo para matar a cada hombre; para matar a cien mil hace falta un tiempo inmenso. ¿Cómo podía ocurrir todo aquello?
“Ya he salido de mi perplejidad, amigo Sancho, dijo al fin Don Quijote; esos ejércitos eran diabólicos; por lo tanto imaginarios; los hombres que los componían no eran más que una creación de la magia; sus cuerpos no se parecían a los nuestros; tenían más analogía con los de los moluscos, los gusanos o las arañas. De tal modo que la espada de los caballeros los cortaba de un solo golpe sin encontrar más resistencia que la del aire. Y siendo así, podían matar tres, cuatro y hasta diez de esos guerreros de una sola estocada. Así es como resultaba fácil deshacerse, en algunas horas, de ejércitos de ese género”.
En esto, el autor de Don Quijote, gran poeta y profundo observador del corazón humano, ha comprendido uno de los aspectos más misteriosos de nuestros espíritus. Ya no se escriben libros como aquel. Veréis en Don Quijote, en cada página, revelados los más secretos arcanos del alma humana. Notad que ese Sancho, el escudero, es la personificación del buen sentido, de la prudencia, de la astucia, y que, sin embargo, se ha convertido en compañero del hombre más loco del mundo; ¡precisamente él, y ningún otro! A cada instante engaña a su amo, lo engaña como a un niño pequeño; pero al mismo tiempo se siente lleno de admiración por la grandeza de su corazón y cree reales todos sus sueños fantásticos; no duda ni un minuto el que su amo no llegue a conquistarle una ínsula.
Es de desear que nuestra juventud adquiera un serio conocimiento de las grandes obras de la literatura universal. Yo no sé lo que les enseñan hoy a los jóvenes como literatura, pero el estudio de Don Quijote, uno de los libros más geniales y también de los más tristes que haya producido el genio humano, es muy capaz de educar la inteligencia de un adolescente. Verá allí, entre otras cosas, que las más hermosas cualidades del hombre pueden llegar a ser inútiles, excitar la risa de la Humanidad, si el que las posee no sabe penetrar el sentido verdadero de las cosas y hallar la “palabra nueva” que debe pronunciar…
Aparte de eso, yo no he querido decir más que una cosa; a saber: que el hombre que puso en acción los sueños más locos, los más fantásticos, llega de pronto a la duda y a la perplejidad. Toda su fe ha desaparecido, y no porque lo absurdo de su locura le haya sido revelado, sino porque una circunstancia secundaria aclara momentáneamente su inteligencia. Este hombre de ideas de otro mundo experimenta súbitamente la nostalgia de lo real. Si libros que él venera como verídicos le han engañado una vez, pueden engañarle siempre; quizá todo lo que contienen es mentira. ¿Cómo volver a la verdad? Cree volver a ella imaginando un absurdo mayor que el primero. Los centenares de miles de hombres evocados por los magos tendrán cuerpos de moluscos, y la espada del buen caballero trabajará diez veces más deprisa en su faena. Su necesidad de semejanza quedará satisfecha. Tendrá derecho a creer en el primer sueño gracias al segundo, mucho más ridículo.
Interrogaos a vosotros mismos y ved si cien veces no os ha ocurrido lo mismo. ¿Os habéis sentido enamorados de una idea, de un proyecto, de una mujer? ¿Habéis tenido una duda? Os habéis cuidado de crearos una ilusión más engañosa que la primera, que os habrá permitido continuar estando enamorados y desprenderos de la duda.

FIODOR DOSTOIEVSKI, La mentira se salva por otra mentira (1879), Diario de un escritor.

Fiodor Dostoievski (1821-1881) es uno de los grandes escritores de la literatura universal. Destaca en sus obras el análisis psicológico de los personajes, los principios morales y una fuerte preocupación religiosa. Nació en Moscú, en una familia noble venida a menos. Vivió una infancia triste, marcada por un padre autoritario y alcohólico. Tras la muerte por tuberculosis de su madre, modelo de las protagonistas de las novelas de Dostoievski por su dulzura y abnegación, su padre moriría a manos de sus siervos. Dostoievski siempre sintió la culpa de este asesinato por haberlo deseado en su interior (ver Los hermanos Karamázov). Al reunirse con sus amigos para comentar las obras de los socialistas franceses (prohibidas por el zar), fue acusado de conspiración y condenado a muerte. Momentos antes de la ejecución, le conmutaron la pena por cuatro años de trabajos forzados en Siberia. Como consecuencia de este trauma, empeoró la epilepsia que sufría desde niño. En Siberia se dedicó a leer la Biblia, se desengañó de sus ideas socialistas y, desde entonces, la religión fue un elemento fundamental en su vida. Dostoievski recrea esta amarga experiencia en su novela Recuerdo de la casa de los muertos. Cumplió la condena y volvió a escribir. En 1857 se casó con María Dimítrievna Isáieva, una joven viuda tísica. El matrimonio resultó ser un fracaso desde el día de la boda, cuando Dostoievski sufrió un ataque de epilepsia frente a su sorprendida esposa. Al morir esta, la pasión por el juego agravó su situación financiera, por lo que tuvo que marchar a Europa para huir de sus acreedores. Para poder cumplir con sus apremiantes contratos, en 1.866 había empleado a una taquígrafa, y en veinticinco días le dictó la novela El jugador. Anna Grigorievna Snitkina, la taquígrafa, era una joven de veinte años y de carácter dulce, con quien el novelista se casó al año siguiente. En Europa obtuvo relativo éxito, pero nunca se libró de las dificultades económicas, en parte debido a su afición al juego. Regresó a Rusia envejecido, arruinado, incluso desprestigiado. Sin embargo, con las nuevas obras, especialmente con El adolescente (1875) y la serie de articulos Diario de un escritor (que empezó a publicar en 1876) recobró su fama y también, gracias al inesperado talento práctico de su joven esposa, pudo vivir desahogadamente por primera vez. Aunque las desgracias no lo abandonaron: en 1878 murió su hijo Aliosha, golpe terrible para el autor, que ya antes había perdido a una niña. En sus últimos años vivió en su casa de Staria Russa, cerca de San Petersburgo, y trabajó en la que sería su novela magna: Los hermanos Karamazov (1879-1880). A estas alturas ya era un escritor muy popular y venerado. El 9 de febrero de 1881, un mes antes de que asesinaran al zar, falleció Dostoievski, a causa de una hemorragia pulmonar.

Esta semana se conmemora el 400º aniversario de la muerte de Cervantes, que coincide en fecha, aunque no en día, con la de Shakespeare, debido a la disparidad del calendario en vigor en sus respectivos países. La obra de ambos autores ha dado lugar a innumerables interpretaciones. Aquí publicamos la visión que Dostoievski, admirador profundo de la inmortal novela, aporta sobre el hidalgo manchego. Una buena ocasión para revisar la obra de estos tres grandes autores y encontrar su riqueza y sus profundos significados.

La Biblioteca Nacional ha publicado este magnífico Quijote interactivo. En él aparece la edición original, la modernizada, detalles sobre la obra e incluso las rutas que siguió el caballero. 

http://quijote.bne.es/libro.html

Además, os invitamos a ver la exposición sobre Cervantes, El Quijote y Shakespeare que se montará en nuestro centro. 

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Sencillo poema de las flores de Córdoba

                                                
                                                  A Mariángeles, cuya luz ilumina mis pasos.

La tierra era estéril,

el pozo no daba agua,

los surcos eran piedras,

pensabas dejar la labor,

que la cosecha estaba perdida,

que jaramagos y malas hierbas crecían por doquier.

 

Que nada era posible,

pero todo se hace cuando se va haciendo.

 

En una roca compacta,

nació una bella flor.

 

MANUEL TORIBIO GARCÍA

Manuel Toribio García (Andújar 1958), Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada, Concejal de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Andújar por el PSOE en 1983, Profesor de Enseñanza Secundaria desde 1984, ejerce la docencia desde el año 2000 en el IES Santa Catalina de Siena de Córdoba, centro del que es director a partir de 2004. Ha publicado numerosos trabajos de investigación sobre el patrimonio artístico de las ciudades en las que ha vivido y sobre Historia Contemporánea, especialmente “Andújar en la guerra civil española” y “Andújar 1936”, y desde hace unos años está investigando sobre el historiador cordobés Antonio Jaén Morente. Ha coordinado varios cursos de profesores sobre el río, el vino, los archivos, la Ley Moyano, etc. Sus últimas obras son Antonio Jaén Morente: el límite imposible (Córdoba, Imprenta tecé, 2013) y Cuatro cordobeses para la historia (Renacimiento, Córdoba, 2015), obra de la que es coautor, además del poemario Hecho de cristal (Piélago, Málaga, 2015), al que pertenece el poema que publicamos. Manuel Toribio está entregado a sus tres vocaciones: la docencia, la investigación histórica y la poesía.

En plena primavera, hemos seleccionado este poema de un historiador afincado en Córdoba que pone el corazón en todo lo que escribe.

Aquí tenéis un vídeo sobre Córdoba en primavera.

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De la amistad

Lo que ordinariamente llamamos amigos y amistad no son más que uniones y familiaridades trabadas merced a algún interés, o merced al acaso por medio de los cuales nuestras almas se relacionan entre sí. En la amistad de que yo hablo, las almas se enlazan y confunden una con otra por modo tan íntimo, que se borra y no hay medio de reconocer la trama que las une. Si se me obligara a decir por qué yo quería a La Boëtie, reconozco que no podría contestar más que respondiendo: porque era él y porque era yo. Existe más allá de mi raciocinio y de lo que particularmente puedo declarar, yo no sé qué fuerza inexplicable y fatal, mediadora de esta unión. Antes de que nos hubiéramos visto, nos buscábamos ya, y lo que oíamos decir el uno del otro, producía en nuestras almas mucha mayor impresión de la que se advierte en las amistades ordinarias; diríase que nuestra unión fue un decreto de la Providencia. Nos abrazábamos por nuestros nombres, y en nuestra entrevista primera, que tuvo lugar casualmente en una gran fiesta de una ciudad, nos encontramos tan prendados, tan conocidos, tan obligados el uno del otro, que nada desde entonces nos tocó tan de cerca como nuestras personas. Escribió él una excelente sátira latina, que se ha impreso, en la cual explica la precipitación de una amistad que llegó con tal rapidez a ser perfecta. Habiendo de durar tan poco tiempo su vida y habiendo comenzado tan tarde nuestras relaciones (pues ambos éramos ya hombres hechos, él me llevaba algunos años), no tenían tiempo que perder, ni necesitaban tampoco acomodarse al patrón de las amistades frías y ordinarias, en las cuales precisan tantas precauciones de dilatada y preliminar conversación. En la amistad nuestra no había otro fin extraño que le fuera ajeno, con nada se relacionaba que no fuera con ella misma; no obedeció a tal o cual consideración, ni a dos ni a tres ni a cuatro ni a mil; fue no sé qué quintaesencia de todo reunido, la cual, habiendo arrollado toda mi voluntad, la condujo a sumergirse y a abismarse en la suya con una espontaneidad y un ardor igual en ambas. Nuestros espíritus se compenetraron uno en otro; nada nos reservamos que nos fuera peculiar, ni que fuese suyo o mío.

MICHEL DE MONTAIGNE, Ensayos.

Miguel Eyquem, señor de Montaigne, nació en el castillo de Montaigne (de donde sus ascendientes tomaron el nombre), en los confines del Perigord, en 1533, donde también murió en 1592. Su padre descendía de una antigua familia de comerciantes de Burdeos; su madre era de origen español. Gozó de una esmerada educación, con fundamentos latinos, y estudió leyes, que ejerció por poco tiempo en Burdeos, para retirarse a escribir, aislado de la ajetreada vida activa. No buscó su fama, sino disfrutar y comentar los libros de su bien surtida biblioteca. Viajó por Alemania, Suiza e Italia y reflejó sus impresiones en su Diario de viaje. Tuvo que dar fin a su periplo al ser nombrado alcalde de Burdeos. Durante la guerra civil que enfrentó a católicos y calvinistas (hugonotes), fue acusado de haber eludido sus responsabilidades. Pasó sus últimos años en su castillo corrigiendo sus escritos.

La primera edición de su principal obra, Ensayos, apareció en Burdeos en 1580. Durante toda su vida fue escribiendo esta obra, consistente en comentarios de los temas más variados (la guerra, la política, la religión, el hombre, la razón humana y los límites de su conocimiento, etc.) desde un punto de vista personal. Fue el creador de este género, tan actual. Los Ensayos no siguen un plan premeditado, pero ello no les resta unidad. El autor suele saltar de un tema a otro, siguiendo el fluir de su pensamiento. Se trata de una obra moderna y fundamental en la historia del pensamiento y la literatura, propia de un hombre cultivado y curioso, que no deja de cuestionarse sobre todas las experiencias vividas.

Esta semana queremos recordar al pensador renacentista cuyos Ensayos pueden leerse hoy con interés.

En el siguiente vídeo podéis leer algunas de las frases más famosas de este autor:

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Luces de Bohemia

ESCENA UNDÉCIMA

 Una calle del Madrid austriaco. Las tapias de un convento. Un casón de nobles. Las luces de una taberna. Un grupo consternado de vecinas, en la acera. Una mujer, despechugada y ronca, tiene en los brazos a su niño muerto, la sien traspasada por el agujero de una bala. MAX ESTRELLA y DON LATINO hacen un alto.

MAX: También aquí se pisan cristales rotos.

DON LATINO: ¡La zurra ha sido buena!

MAX: ¡Canallas!… ¡Todos!… ¡Y los primeros nosotros, los poetas!

DON LATINO: ¡Se vive de milagro!

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Maricas, cobardes! ¡El fuego del Infierno os abrase las negras entrañas! ¡Maricas, cobardes!

MAX: ¿Qué sucede, Latino? ¿Quién llora? ¿Quién grita con tal rabia?

DON LATINO: Una verdulera, que tiene a su chico muerto en los brazos.

MAX: ¡Me ha estremecido esa voz trágica!

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Sicarios! ¡Asesinos de criaturas!

EL EMPEÑISTA: Está con algún trastorno, y no mide palabras.

EL GUARDIA: La autoridad también se hace el cargo.

EL TABERNERO: Son desgracias inevitables para el restablecimiento del orden.

EL EMPEÑISTA: Las turbas anárquicas me han destrozado el escaparate.

LA PORTERA: ¿Cómo no anduvo usted más vivo en echar los cierres?

EL EMPEÑISTA: Me tomó el tumulto fuera de casa. Supongo que se acordará el pago de daños a la propiedad privada.

EL TABERNERO: El pueblo que roba en los establecimientos públicos, donde se le abastece, es un pueblo sin ideales patrios.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Verdugos del hijo de mis entrañas!

UN ALBAÑIL: El pueblo tiene hambre.

EL EMPEÑISTA: Y mucha soberbia.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Maricas, cobardes!

UNA VIEJA: ¡Ten prudencia, Romualda!

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Que me maten como a este rosal de Mayo!

LA TRAPERA: ¡Un inocente sin culpa! ¡Hay que considerarlo!

EL TABERNERO: Siempre saldréis diciendo que no hubo los toques de Ordenanza.

EL RETIRADO: Yo los he oído.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Mentira!

EL RETIRADO: Mi palabra es sagrada.

EL EMPEÑISTA: El dolor te enloquece, Romualda.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Asesinos! ¡Veros es ver al verdugo!

EL RETIRADO: El Principio de Autoridad es inexorable.

EL ALBAÑIL: Con los pobres. Se ha matado, por defender al comercio, que nos chupa la sangre.

EL TABERNERO: Y que paga sus contribuciones, no hay que olvidarlo.

EL EMPEÑISTA: El comercio honrado no chupa la sangre de nadie.

LA PORTERA: ¡Nos quejamos de vicio!

EL ALBAÑIL: La vida del proletario no representa nada para el Gobierno.

MAX: Latino, sácame de, este círculo infernal. 

 Llega un tableteo de fusilada. El grupo se mueve en confusa y medrosa alerta. Descuella el grito ronco de la mujer, que al ruido de las descargas aprieta a su niño muerto en los brazos.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Negros fusiles, matadme también con vuestros plomos!

MAX: Esa voz me traspasa.

LA MADRE DEL NIÑO: ¡Que tan fría, boca de nardo!

MAX: ¡Jamás oí voz con esa cólera trágica!

DON LATINO: Hay mucho de teatro.

MAX: ¡Imbécil! 

El farol, el chuzo, la caperuza del sereno, bajan con un trote de madreñas por la acera.

EL EMPEÑISTA: ¿Qué ha sido, sereno?

EL SERENO: Un preso que ha intentado fugarse.

MAX: Latino, ya no puedo gritar… ¡Me muero de rabia!… Estoy mascando ortigas. Ese muerto sabía su fin… No le asustaba, pero temía el tormento… La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza. Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una triste velilla en la trágica mojiganga. ¿Has oído los comentarios de esa gente, viejo canalla? Tú eres como ellos. Peor que ellos, porque no tienes una peseta y propagas la mala literatura, por entregas. Latino, vil corredor de aventuras insulsas, llévame al Viaducto. Te invito a regenerarte con un vuelo.

DON LATINO: ¡Max, no te pongas estupendo!

RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN, Luces de Bohemia.

Ramón Valle y Peña, que firmaba como Ramón María del Valle Inclán (Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1866-Santiago de Compostela, 1936), fue un novelista, poeta y autor dramático español, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó. En sus comienzos abrazó la estética modernista para posicionarse más tarde en la línea más crítica de los autores de la Generación del 98. Satirizó amargamente la sociedad española de su época. Estudió Derecho en Santiago de Compostela, pero interrumpió sus estudios para viajar a México, donde trabajó de periodista en El Correo Español y El Universal. A su regreso a Madrid llevó una vida bohemia. Perdió un brazo durante una pelea. En 1916 visitó el frente francés de la I Guerra Mundial, y en 1922 volvió a viajar a México. Al proclamarse la República, en 1931, desempeñó varios cargos oficiales, entre ellos el de Director de la Escuela de Bellas Artes de Roma.

 Luces de bohemia probablemente sea su obra teatral más lograda e indudablemente es una de las cimas de nuestro teatro. Aparece publicada por entregas en el semanario España en el año 1920. En 1924 se publica el libro, con tres escenas añadidas: la II, la VI y la XI. La obra cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego. Es una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva y absurda. En esta obra Valle Inclán dio forma al “esperpento”, una deformación caricaturesca de la realidad con intención satírica.  

El 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Teatro. Hemos elegido este dramático fragmento de una de las obras más importantes de nuestra dramaturgia para conmemorar la efemérides y destacar la importancia de un género que sobrevive desde el inicio de nuestros orígenes a pesar de las dificultades, denunciando injusticias o simplemente haciéndonos reír. 

En el siguiente enlace podéis ver esta obra completa de Valle Inclán en adaptación realizada en 1985 por Mario Camus.

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Si te quedas mirando largamente

Si te quedas mirando largamente

cualquier cosa del mundo

—un gorrión, una mujer, un árbol,

un río, un desengaño, tal poema

por el que pasa un río

y una mujer desengañada y sola

y en el que se alza un árbol al que acuden

los gorriones mientras cae la tarde—,

si miras cualquier cosa un largo rato

y dejas que entre en ti,

que te vacíe de tu oscuridad

y que en tu ser halle cobijo y sea,

verás y sentirás que cuando miras

tú eres mundo también,

que en ti la vida se entrecruza y canta,

y que todo es sagrado.

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO, Antes del nombre, Tusquets Editores, 2013

Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es un poeta cuya obra está marcada por la temprana pérdida de su padre, lo que la tiñe de un tono elegíaco característico. Licenciado en Filología románica por la Universidad de Murcia, es profesor de Literatura Española en la Facultad de Letras de dicha ciudad. Obtuvo el Premio Adonáis en 1977 por su libro Maneras de estar solo (1978), que lo dio a conocer en la poesía española contemporánea. Otros libros de poemas son Páginas de un diario (1981), Elegías (1984), Autorretratos (1989), La vida (1996), La certeza (2005), al que se le concedió el Premio Nacional de la Crítica, Oír la luz (2008), sueño del origen (2011) y Antes del nombre (2013). Ha publicado el ensayo La fuerza del destino (1992) y traducido una Antología poética de Giacomo Leopardi (1998). Ha colaborado en numerosas revistas literarias y sus poemas figuran en las antologías más representativas de la poesía actual. Algunos de sus libros han sido traducidos a diversos idiomas.

Esta semana en que celebramos el Día de la solidaridad en nuestro centro, hemos elegido este poema en el que se expresa el sentimiento humanitario de ponerse en la piel de otro ser humano que sufre o de cualquier cosa que pasa en el mundo y nos afecta. 

En el siguiente poema, el autor expresa sus sentimientos al morir su padre:

 

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