NÁUFRAGOS

 

Las turbinas del Europa se detuvieron con un sonido ronco. Sus 1.100 camarotes de lujo se escoraron levemente hacia estribor, donde se acumulaba el pasaje, movido por la curiosidad. Abajo, el oleaje amenazaba con hundir los restos de una embarcación harapienta, con 30 africanos a bordo. Alcanzaron la cubierta Windsor del crucero en buen estado físico, entre los aplausos y la emoción lógica de los pasajeros. El capitán les dio formalmente la bienvenida al Europa antes de hacer que se retiraran a descansar. “La ley del mar”, pensó para sus adentros, “se escribe hoy con la caligrafía limpia de la solidaridad”.

Pero pronto comenzaron los problemas. Un delegado de la compañía trasladó su preocupación al capitán de la nave. Sólo quedan libres cabinas de primera clase y cinco suites en la cubierta Neptuno. El capitán no alcanzaba a ver el problema, así que tuvieron que explicárselo. Puede que al pasaje no le parezca bien que, sin haber pagado, los africanos se alojen en camarotes de categoría superior a la de los suyos. Tal vez deberían trasladar a algunos de los pasajeros de clase turista a las de lujo y alojar a los náufragos en los camarotes que queden vacíos. El capitán trató de recordar qué decía la ley del mar al respecto, pero no consiguió recordarlo.

El departamento de relaciones públicas de la compañía se reunió con carácter de emergencia en su sede de Ginebra. No podían permitir que los inmigrantes caminaran en harapos por el crucero, por lo que miembros de la tripulación les acompañaron a las boutiques de la cubierta Milano, donde cada uno de ellos podría elegir una camisa, un pantalón y algo de calzado. Elegantemente vestidos de Armani y Ralph Laurent, paseaban por las cubiertas del Europa, ya recuperados. En los ojos del pasaje reconocieron el respeto, la conmiseración y el miedo. Les hicieron muchas fotografías, y en todas sonrieron.

Los náufragos fueron repartidos esa noche entre las mesas de los invitados, en las que fueron recibidos con diversos grados de entusiasmo. Un experto en materia de inmigración, que disfrutaba de unas merecidas vacaciones con su esposa e hijos, explicaba a Khaled, mientras servían los entrantes, la necesidad de las leyes de extranjería y los cupos de entrada, los efectos de los planes de regulación a medio y largo plazo y las perniciosas consecuencias del efecto llamada, pero Khaled no parecía comprenderle y se disculpaba por ello; a fin de cuentas, nunca recibió educación, una guerra partió en dos su adolescencia, y la miseria en su país hizo que nunca antes pudiera salir al extranjero.

En todo caso, en la mayor parte de las mesas se estuvo de acuerdo en que era la necesidad la que les hacía arriesgarlo todo en el mar, y hubo consenso en cuanto a lo necesaria que era su presencia en nuestros países. A fin de cuentas, se dijo también, alguien tiene que hacer el trabajo de mierda que nadie quiere hacer ya en Europa. Y además elevan nuestro índice de natalidad, añadió alguien en otra mesa, comentario éste que obtuvo la aprobación de todos.

Los problemas empezaron cuando comenzaron a comerse el paté con mermelada que el servicio del barco repartió por las mesas. Y no hicieron más que agudizarse cuando la hija adolescente de un empresario francés comenzó a mostrarse más atraída de lo que la ley del mar recomienda por la ingenua voracidad de Adewale, un subsahariano musculoso de piel negra, casi azul, al que la camisa Ralph Laurent le sentaba, y en eso hubo también consenso, más que bien. “Me parece bien que eleven nuestro índice de natalidad, pero no a costa de mi hija”, debió de pensar la madre de la atractiva joven antes de cambiarla de asiento, alejándola de las aguas territoriales del africano y su poderosa influencia.

Para los postres, mientras el capitán daba la bienvenida a los recién llegados al Europa con un micrófono, el equipo de relaciones públicas reorganizaba las mesas agrupando a todos los náufragos en una, con el único fin de evitar problemas de orden intercultural.

Los africanos disfrutaron así del postre en su particular gueto de hilo blanco. Luego fueron conducidos a la discoteca Rumor Latino. Allí, Adewale buscó los ojos de la hija del empresario francés y encontró sus manos. Se besaron en la cubierta Tudor, bajo una luna que impresionó al náufrago por lo mucho que se parecía a la que había dejado atrás, en el cielo de su país.

Mientras tanto, una delegación de pasajeros se reunía con el responsable de la compañía. “Una cosa es que les salvemos la vida, y otra, que se queden con nuestros jacuzzis y con nuestras hijas”, vinieron a decirle, aunque utilizaron otras palabras. “La ley del mar está muy bien, pero interfiere con las leyes del mercado”, resumió el comercial cuando planteó al capitán el nuevo escenario, así lo llamó él. Poco después, los inmigrantes eran trasladados a uno de los almacenes de carga del barco, donde pasarían su primera noche en el Primer Mundo.

Y a la ley del mar pronto le sucedió la ley de la tierra.

Todos en la cubierta Mare Nostrum aplaudieron a los inmigrantes mientras descendían, vestidos aún de Armani, por la pasarela del barco. Khaled sonreía agradecido, mientras sus grandes ojos oscuros veían frente a él a las autoridades locales que aguardaban en el muelle, y que pronto habrían de devolverles a su país en guerra.

Cuando allí le preguntan hoy cómo es Europa, Khaled nunca contesta: piensa que no le van a creer. Pero recuerda a menudo la tarde que les llevaron al puente de mando del Europa y preguntó al capitán hacia dónde iban cuando les encontraron. “A ninguna parte”, respondió éste desconcertado. “El Europa es un crucero de placer”, añadió, y aunque trató de evitarlo, sonó a disculpa. Khaled aceptó educadamente la explicación, pero no la comprendió. “A ninguna parte”, pensó inquieto para sí: “los náufragos son ellos”.

FERNANDO LEÓN DE ARANOA

Fernando León de Aranoa - Seminci 2011.jpg

El guionista y director de cine Fernando León de Aranoa nació en Madrid en 1968. Allí se licenció en Ciencias de la Imagen. Ha publicado relatos, recopilados en el volumen titulado Aquí yacen dragones, y es también ilustrador. Comenzó trabajando como guionista en series y programas de televisión (Turno de oficio, Un, dos tres… responda otra vez) y escribiendo para humoristas como Martes y trece. Debutó como directos con el cortometraje Sirenas (1994), premiado en varios festivales, al igual que el resto de su obra, los largometrajes Familia (1996), Barrio (1998), Los lunes al sol (2002), Princesas (2005) y Amador (2010), por los que ha obtenido varios premios Goya y conchas de oro y de plata en el festival de San Sebastián. Su última película, que presenta en el festival de Cannes, se titula Un día perfecto y es un homenaje a los trabajadores humanitarios que ayudaron a la población en la guerra de Bosnia. Como documentalista ha dirigido en México Caminantes (2001) y uno de los capítulos del documental Invisibles (2007), concretamente el titulado Buenas noches, Ouma.

El relato que publicamos apareció en el diario El País el 26 de agosto de 2007 y ha sido seleccionado por Ángel Campillo. Han pasado los años, pero el problema que denuncia, lejos de solucionarse, sigue agravándose día a día. Podríamos decir que se trata de un relato con moraleja, sugerida en el paradójico final.

Os dejamos un vídeo en el que Fernando León presenta su libro de relatos Aquí yacen dragones.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

SI ALGUNA VEZ FUI PRÍNCIPE…

  

Si alguna vez fui príncipe
de la luz fue en tu reino…

Me coronaste con tu risa
en la tibia arboleda de tus brazos.
Hiciste para mí rosa la rosa,
pájaro el pájaro y cetro la alegría.

Agotaste los ojos mirándome dormir.
Por esto acaso fueron tan hermosos mis sueños.

A manos llenas me trajiste el mar,
ya para siempre compañero mío.

Fue mi primer paisaje el color de tu falda
y tu voz la primera canción de mi existencia.

La huella de mi pie cupo en la tuya.
Tú eras la dicha y yo te perseguía
con mi pequeño corazón de niño
por las orillas de los mares.

Durante mi reinado
el sol nunca se puso
y el mundo estuvo acorde.

… y un día te perdí sin saber cómo,
sin saber dónde, sin saber por qué.

Luego fui destronado.

Me golpeó el dolor con guantelete
de acero en pleno rostro.

Fui conducido al mundo, encadenado,
humillado y cegado, hambriento y mudo,
en la anónima noria de la vida.
No se me ahorró miseria ni desdicha.

Me encontré solo y escribí poemas.

Abdiqué de la luz.
Ahora soy viejo
y estoy perdido entre las sombras,
enredado en el tiempo y en la muerte,
como tú, madre mía…

ARTURO MACCANTI

Arturo Maccanti Rodrigues nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1934, hijo de padre italiano y madre de familia portuguesa, llegados a la isla pocos años antes. Estudió Derecho en la Universidad de La Laguna. En 1955 renunció a la nacionalidad italiana y obtuvo la española. En 1977 publicó De una fiesta oscura, a la que siguieron Cantar en el ansia (1982), No es más que sombra (1995), Viajero insomne (2000), Óxidos (2003), El volcán y la isla (2003), El mar (Una elegía) (2003) y Helor (2005). Recibió el Premio Canarias de Literatura en 2003. En 2005 el conjunto de su obra quedó reunido en el volumen Vivir sobre la vida. El tema fundamental de su obra es el paso del tiempo. El autor falleció en 2014.

 Ángel Campillo ha elegido este poema, que publicamos con algún retraso, para celebrar el día de la madre.

En el siguiente vídeo podéis encontrar una entrevista a este autor realizada por Juan Cruz.

 

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

MIS QUERIDOS FILÓSOFOS

 

Ocurre a veces que uno necesita reconciliarse formalmente con la razón, días en que el mundo se vuelve opaco y el alma se siente huérfana de conceptos y anhelosa de armonía y claridad. Es el momento entonces de regresar a la filosofía. Y es que a veces el conocimiento intuitivo y emocional del arte y de la literatura empacha y cansa, quizá porque su empeño no es tanto esclarecer las cosas como enriquecerlas y, valga la paradoja, iluminarlas con nuevos enigmas, de modo que en la filosofía descansamos de ese oscuro entender y, por decirlo así, canjeamos por ideas claras y distintas nuestras perplejidades y vislumbres, como quien convierte su incierta mercadería en letras de cambio bien acreditadas.

Siempre he sido aficionado a la filosofía, y nunca me ha faltado un filósofo de cabecera. Cada momento ha tenido el suyo. Ha habido épocas de Nietzsche, de Ortega, de Spinoza, de Berkeley, de Heidegger, de Benjamin y Adorno, de Sartre y de Camus, y de tantos otros, y siempre de Schopenhauer, de quien nunca me canso, y por supuesto de Montaigne. De Montaigne me admira la suave y amena indagación que hace de sí mismo y de las cosas sencillas de su alrededor. Pocas veces nos dice nada que el lector no creyera haber pensado antes. La obviedad se convierte sin saber cómo en un hallazgo y en un don. Los pensamientos de siempre cobran en él el resplandor del primer día, y hasta sus muchas citas clásicas se nos revelan con toda la fuerza repentina de la novedad. De pronto descubrimos que todo en el mundo está por descubrir.

Así que uno es una especie de trotaconceptos, un vagabundo que en cualquier parte (un tratado de lo más sesudo, un artículo de periódico, una sentencia, hasta un refrán) encuentra hospedaje: es decir, encuentra el consuelo, y hasta la caricia maternal, de una idea que de pronto, como un relámpago en la noche, pone luz en el mundo. En cuestión de ideas, soy nómada. Apenas he conocido el placer de la creencia, y aún menos el de la militancia. Soy un viajero que hoy hace fonda aquí, y pide siempre el menú degustación, y que mañana continúa alegremente su camino. Como mero aficionado a la filosofía, me gusta además mi irresponsabilidad de lector, cosa que en la literatura me ocurrió solo en mis primeros años de juventud, cuando leía de todo, sin ley ni canon, y tenía tan buen apetito que no había libro o cómic al que le hiciera ascos. Por otra parte, yo suelo leer los textos filosóficos con cierto ánimo novelero, como si me contasen una historia cuyos personajes, héroes y malvados, son las ideas, y donde hay un argumento, un conflicto, una trama, una intriga, y hasta un desenlace desdichado o feliz. De filosofía, entiendo poco, y no aspiro a más, y en mis lecturas hace tiempo que renuncié a obtener cualquier botín teórico, lo cual me ofrece una levedad de lo más placentera. Vivo desde siempre en una alocada soltería filosófica.

Luego, otro día, resulta que te cansas y hasta reniegas de ese lenguaje y de esa luz, de esas pretensiones de alzar una torre de conocimiento tan alta como la de Babel, y regresas a la penumbra del arte y la literatura, y así vas, de los filósofos a los poetas, del razonamiento a la revelación, del no entender entendiendo al alivio, y acaso también al espejismo, de entender algo de una vez para siempre, y de reposar al fin en esa Ítaca tan inalcanzable que es la ilusión de la verdad. De las palabras que te guían a las palabras que te pierden.

Uno no sería ni la persona, ni el ciudadano, ni el lector y el escritor que es, sin la filosofía, sin esa fina lluvia de ideas, de pálpitos, de querellas intelectuales, de ecos dialécticos, que nos vienen del pasado y que se filtran en nuestra inteligencia y en nuestro corazón y que nos dotan de la clarividencia y el carácter necesarios para enfrentar críticamente el mundo y construir nuestra visión propia de la realidad, y que solo ahí, en ese gran río de conocimiento que es el legado de nuestros mayores, podemos encontrar. Esa es nuestra herencia, y no tenemos otra. En la filosofía (y, si se quiere, también en la literatura, que no es otra cosa que el patio de vecindad de las humanidades) está la llave de nuestra salvación como personas libres, lúcidas y mayores de edad.

Porque ocurre que del mismo modo que las facciones de nuestro rostro o las huellas de nuestros dedos son distintas, así también nuestro mundo interior y nuestra visión de la realidad son por fuerza exclusivos. Somos irrepetibles. Estamos condenados a ser originales. O mejor: en nosotros está la semilla de la originalidad, y de nosotros depende que caiga en buena tierra o que se agoste sin remedio. Pero para saber lo que valemos, y para lograr ser nosotros mismos, nos lo tenemos que ganar, y para eso es necesario un poco de soledad, de recogimiento, de esfuerzo, de lentitud… y de la ayuda de nuestros filósofos, de los de antes y de los de ahora, de los densos y de los ligeros, de los ceñudos y de los festivos, porque sin ellos estaremos condenados a la ignorancia y a la palabrería: carne de cañón.

Y he aquí que ahora, nuestros actuales gobernantes, no contentos con haber menoscabado la literatura en las escuelas, los libros en las bibliotecas y el teatro y el cine en las taquillas, han decidido también arrinconar a la filosofía, haciéndola meramente optativa, lo cual equivale a su extinción. ¿Qué muchacho, o qué padres de muchacho, van a elegir o a animar a elegir como asignatura la filosofía, que al fin y al cabo no sirve para nada, cuando se puede optar por otra materia más técnica y práctica, que acaso pueda servir para aspirar a un puesto de trabajo, por mísero que sea?

Triste país el nuestro. Trabajando cada cual para obtener sus pequeñas ventajas, nos estamos labrando entre todos la desdicha colectiva. Hoy sabemos ya que, en asuntos de educación, de ciencia y de cultura, el sueño de la Transición produjo, si no monstruos, sí figuras grotescas. Al cabo del tiempo, al cabo de tantos proyectos y sueños de regeneración, uno contempla el panorama social y comprueba que, tras la apariencia y el barniz de la modernidad, seguimos siendo el mismo país ignorante y atrasado de siempre. Queda una gran minoría ilustrada, cómo no, pero se antoja poco logro para las oportunidades históricas que tuvimos y que una vez más desperdiciamos. Diríase que hay una conjura para que estas cosas sean así. No de otro modo se puede interpretar el desprecio y la saña con que nuestros gobernantes persiguen a las humanidades en las escuelas y a la ciencia y a la cultura allá donde se encuentren. Como si hubieran recibido de ellas una afrenta que hay que vengar y reparar.

Seguimos, pues, como siempre en nuestra desdichada historia, a la espera de un Gobierno ilustrado, que crea de verdad en esa gran evidencia de que el progreso y la grandeza de un país se construyen por fuerza desde la educación. Algo que todo el mundo dice pero que nadie hace, quizá porque tampoco ellos, los mandatarios y demás malandrines, son amigos de la lectura y el estudio. Basta leer un par de horas a Montaigne, o cultivar el hábito de alternar, aunque sea solo de pasada, con nuestros queridos filósofos, para defendernos de la banalidad y desenmascarar y ponernos a salvo de los discursos baratos, tramposos, fatuos y hasta ridículos de la mayoría de nuestros políticos. Más que nunca, ante la ristra de elecciones que se nos avecinan, quizá esta sea la hora de regresar a la filosofía.

LUIS LANDERO

Luis Landero

Luis Landero nació en Alburquerque en 1948, hijo de agricultores que emigraron a Madrid. Desempeñó multitud de trabajos para costearse sus estudios de Filosofía y Letras en la Complutense, entre ellos el de profesor de guitarra flamenca. Ha ejercido como profesor de Lengua y Literatura en un instituto y de Arte Dramático en Madrid, aunque en la actualidad se encuentra jubilado. Su primera obra, Juegos de la edad tardía (1989) le valió el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura. Otras novelas son Caballeros de fortuna, El mágico aprendiz, El guitarrista, Retrato de un hombre inmaduro y El balcón en invierno. Ha reunido sus artículos en el libro ¿Cómo le corto el pelo, caballero? También ha escrito un ensayo, Entre líneas: el cuento o la vida. Se ha calificado su estilo de cervantino y hoy es uno de nuestros novelistas más destacados.

Mercedes Luchena ha compartido con nosotros este artículo, publicado en El País el 28 de abril pasado. Es una dura e interesante reflexión sobre la situación actual de la educación y la Filosofía en nuestro país.

Si os interesa conocer mejor a Luis Landero os proponemos el siguiente vídeo:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-2-luis-landero/2955201/

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

LAS MAYAS

 

Entra mayo y sale abril:

¡tan garridico le vi venir!

 

Entra mayo con sus flores,

sale abril con sus amores,

y los dulces amadores

comiencen a bien servir.

  ————————–

 Este sí que es mayo famoso,

que los otros mayos no;

este sí que se lleva la gala,

que los otros mayos no.

Estos poemas pertenecen al enorme acervo de la lírica popular castellana. Concretamente, son dos mayas, es decir, poemas dedicados al mes de mayo y a la primavera, en los que el amor se hace patente junto con las labores del campo y la celebración de la naturaleza. Son características de estas obras la brevedad, sencillez y expresividad, conseguidas mediante la repetición de estructuras sintácticas o de palabras, así como la musicalidad derivada de su uso: ser cantadas acompañadas con instrumentos celebrando la abundancia de la cosecha. Se trata de obras anónimas que datan de la Edad Media, con múltiples variantes en las distintas zonas, dado que se transmitían oralmente. Se escribieron en el siglo XV, pero fueron compuestas varios siglos antes, pues se cree que la lírica popular es la primera manifestación literaria castellana, concretamente, las jarchas mozárabes, fechadas en el siglo XI. Otros tipos de composiciones, según su temática, son las albadas, las alboradas, las canciones de vela, de siega, de siembra, de viñadores, de boda, baladas, endechas, etc. Muchos autores posteriores emplearon estas cancioncillas populares en sus obras, como Lope de Vega.

Queremos celebrar la llegada del mes de mayo recordando estos sencillos y entrañables cantos con que los campesinos animaban las duras jornadas de trabajo y celebraban sus fiestas.

En el siguiente vídeo podéis encontrar muchas de estas composiciones.

 

 

 

 

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

LA FUNCIÓN DEL LECTOR/1

 

Cuando Lucía Peláez era muy niña, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos.

Mucho caminó Lucía después, mientras pasaban los años. En busca de fantasmas, caminó por los farallones sobre el río Antioquía, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas.

Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.

Lucía ya no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto lo ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo.

EDUARDO GALEANO

Eduardo Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en 1940, y acaba de fallecer el 13 de abril de 2015 a causa de un cáncer de pulmón que padecía desde 2007. Fue periodista y escritor. Durante el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, Galeano fue encarcelado y obligado a abandonar Uruguay, por lo que marchó a Argentina, donde editó la revista cultural Crisis. Su compromiso personal y político lo llevó a apoyar la candidatura de Tabaré Vázquez en su país, en 2004. Entre sus libros más conocidos están Las venas abiertas de América latina (1971) y Memoria del fuego (1986). Este fragmento pertenece a El libro de los abrazos (1989).  Sus obras, lejos de ceñirse a los géneros literarios habituales, combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.

Queremos celebrar el Día del libro recordando a este escritor, recientemente fallecido, con un texto que nos recuerda que somos también lo que hemos leído y en el que se reafirma el enorme potencial de la lectura para cambiar a las personas, algo que suscribimos desde este blog y desde nuestra experiencia docente año tras año.

Como regalo del Día del libro, os ofrecemos en pdf algunos de los más importantes de este autor:

Bocas del tiempo

El libro de los abrazos

Espejos

Las palabras andantes

Las venas abiertas de América Latina

Memoria del fuego, I. Los nacimientos

Memoria del fuego, II. Las caras y las máscaras

Memoria del fuego, III, El siglo del viento

Patas arriba

Publicado en Uncategorized | 1 comentario

LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

 

instituto escuela

Clases al aire libre en el Instituto-Escuela, en Madrid, hacia 1933.

Ese sistema, ya lo conocéis. La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombre útiles al servicio de la humanidad y de la patria. Para esto, no desdeña una sola ocasión de intimar con sus alumnos, cuya custodia jamás fía a manos mercenarias, aun para los más subalternos pormenores, contra el uso reinante en toda Europa; novedad esta, cuya importancia comprendía bien el último Congreso de Bruselas, donde al ser expuesta por uno de nuestros compañeros, obtuvo la adhesión más entusiasta. Solo de esta suerte, dirigiendo el desenvolvimiento del alumno en todas relaciones, puede con sinceridad aspirarse a una acción verdaderamente educadora en aquellas esferas donde más apremia la necesidad de redimir nuestro espíritu: desde la génesis del carácter moral, tan flaco y enervado en una nación indiferente a su ruina, hasta el cuidado del cuerpo, comprometido, como tal vez en ningún otro pueblo de Europa, por una indiferencia nauseabunda; el desarrollo de la personalidad individual, nunca más necesario que cuando ha llegado a su apogeo la idolatría de la nivelación y de las grandes masas; la severa obediencia a la ley, contra el imperio del arbitrio, que tienta a cada hora entre nosotros la soberbia de gobernantes y de gobernados; el sacrificio ante la vocación sobre todo cálculo egoísta, único medio de robustecer en el porvenir nuestros enfermizos intereses sociales; el patriotismo sincero, leal, activo, que se avergüenza de perpetuar con sus imprudentes lisonjas males cuyo remedio parece inútil al servil egoísmo; el amor al trabajo, cuya ausencia hace de todo español un mendigo del Estado o de la vía pública; el odio a la mentira, uno de nuestros cánceres sociales, cuidadosamente mantenido por una ecuación corruptora; en fin, el espíritu de equidad y tolerancia, contra el frenesí exterminador que ciega entre nosotros a todos los partidos.

FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS, Discurso de apertura del curso académico 1880-81

giner

Francisco Giner de los Ríos (Ronda, 1839-Madrid, 1915), hijo de un funcionario de Hacienda, fue un visionario que reformó la pedagogía en España creando la Institución Libre de Enseñanza. En 1875 lo apartaron de su cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad Central por negarse a acatar la norma que impedía las críticas a la religión católica o a la monarquía —el mismo destino que sufrió Nicolás Salmerón, también krausista y cómplice en la aventura de la ILE—. Ese mismo año Giner de los Ríos fue encarcelado en Cádiz, donde comenzó a imaginar su futuro proyecto. La Institución nació al año siguiente, “completamente ajena a todo espíritu e interés de comunidad religiosa, escuela filosófica o partido político, proclamando tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia”, según sus estatutos. Su primera vocación —universidad privada y laica, a semejanza de la Universidad Libre de Bruselas, fundada por masones belgas— no cuajó, pero esto, lejos de desanimar a Giner y sus compañeros, los llevó a adoptar la opción estratégica que treinta años después se revelaría como una inversión muy productiva: se volcaron en la enseñanza primaria y secundaria —Antonio Machado y su hermano Manuel serían unos de sus alumnos— y, sobre todo, iniciaron una estrategia de ramificación de su filosofía en una serie de organismos públicos y autónomos —el Museo Pedagógico, la Junta de Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes o el Instituto-Escuela— que contribuirían a formar brillantes científicos, intelectuales y políticos, entre ellos la mayor parte de los componentes de la Generación del 27, el pintor Salvador Dalí o el cineasta Luis Buñuel. Y, aunque menos de lo que sus enemigos proclamaban, el espíritu institucionista caló en numerosos ámbitos. La ILE, un fogonazo que duró seis décadas, expandió una renovadora fe laica, que veneraba la cultura y la ciencia, sacaba los libros al monte y sacudía la pelusa del retraso con el envío de talentos al exterior y la invitación a España de quienquiera que tuviese algo notable que aportar: Marie Curie, Albert Einstein, Alexander Calder o John Dos Passos. Fundada en 1876 y defenestrada (y vilipendiada) tras la Guerra Civil por la dictadura, la ILE fue una de las criaturas más innovadoras alumbradas en España. 

Este año se cumple un siglo de la fundación de la Institución Libre de Enseñanza. Coincide este aniversario con los 25 años de la creación de nuestro centro. Queremos unir ambas efemérides con el deseo de que se reconozca el valor de la enseñanza en el futuro de un país y se dediquen el tiempo, el esfuerzo y los recursos necesarios para avanzar en la mejora de las técnicas educativas y de la formación de las nuevas generaciones.

En este vídeo podéis encontrar más información sobre Francisco Giner de los Ríos.

 

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

ÉXITO

 

 

 

Reír con frecuencia y mucho.

Merecer el respeto de personas inteligentes y el afecto de los niños.

Ganar el reconocimiento de críticos honestos y soportar la traición de falsos amigos.

Gozar de la belleza.

Descubrir lo positivo de los demás.

Hacer un poco mejor el mundo, dejando tras de ti a un hijo bueno o un jardín cultivado, o bien, porque ayudaste a un pobre.

Saber que no viviste en vano y que, gracias a ti, una persona pudo respirar con más tranquilidad.

ESTO es haber triunfado.

Este poema aparece en el libro En busca del éxito, de D. Jongeward, sin indicar el nombre de su autor. Según parece, es una adaptación del poema “Success”, de Bessie Anderson Stanley. Nos lo propone Víctor Jesús Sánchez Flamil, alumno de 1º de Bachillerato C.

Esta es la versión original:

Success

He has achieved success who has lived well, laughed often, and loved much;
Who has enjoyed the trust of pure women, the respect of intelligent men and the love of little children;
Who has filled his niche and accomplished his task;
Who has never lacked appreciation of Earth’s beauty or failed to express it;
Who has left the world better than he found it,
Whether an improved poppy, a perfect poem, or a rescued soul;
Who has always looked for the best in others and given them the best he had;
Whose life was an inspiration;
Whose memory a benediction.

BESSIE ANDERSON STANLEY

Elisabeth-Anne, “Bessie”, Anderson Stanley (1879-1952) es la autora del poema “Éxito”, erróneamente atribuido a Ralph Waldo Emerson o a Robert Louis Stevenson. Fue escrito en 1904 para un concurso convocado por una revista, en el que las obras solicitadas debían responder a la pregunta “¿Qué es el éxito?” en 100 palabras como máximo. Stanley ganó el primer premio.

 Podéis escuchar este poema recitado en inglés en el siguiente vídeo:

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario