EL NIÑO YUNTERO

Decenas de infantes tienen que soportar tortuosas jornadas de trabajo

                   El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

MIGUEL HERNÁNDEZ

Miguel Hernández (1910-1942) fue un extraordinario poeta nacido en Orihuela, el centenario de cuyo nacimiento se celebra este año, concretamente el día 30 de octubre. Su vinculación con poetas de la Generación del 27, fundamentalmente con Vicente Aleixandre, le ha valido el calificativo de “epígono del 27”. A pesar de sus escasos estudios, es uno de los poetas en los que la influencia de los clásicos queda más patente, en obras como Perito en lunas o El rayo que no cesa. También fue autor teatral y escribió poesía comprometida, como Viento del pueblo. Su prematura muerte, en una insalubre cárcel de Alicante, llegó a causa de una tuberculosis. Son bien conocidas sus “Nanas de la cebolla”, dedicadas a su hijo nacido en plena posguerra, o sus magníficos sonetos. En “La pausa semanal” queremos aportar también nuestro homenaje y recuerdo a uno de nuestros más valiosos poetas.

Podéis oír este poema cantado por Joan Manuel Serrat y por Víctor Jara:

Carmen Jiménez ha seleccionado este texto por lo que tiene de denuncia de la injusticia del trabajo infantil y de las duras condiciones en que vivían los campesinos hasta hace muy pocas décadas. Nuestro alumnado, ajeno a estos avatares y cómodamente instalado en el bienestar actual del primer mundo, debe conocer que no siempre se vivió así, para poder apreciar el valor del esfuerzo realizado por las generaciones anteriores con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los jóvenes.

 

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