Educar

 

 

            Educar

            Educar es lo mismo

            que poner un motor a una barca,

            hay que medir, pensar, equilibrar,

            y poner todo en marcha.

 

            Pero para eso,

            uno tiene que llevar en el alma

            un poco de marino,

            un poco de pirata,

            un poco de poeta,

            y un kilo y medio de paciencia concentrada.

 

            Pero es consolador soñar, 

            mientras uno trabaja,

            que esa barca, ese niño

            irá muy lejos por el agua.

 

            Soñar que ese navío

            llevará nuestra carga de palabras

            hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

 

            Soñar que cuando un día

            esté durmiendo nuestro propio barco,

            en barcos nuevos seguirá nuestra bandera       

            enarbolada

 

                                               GABRIEL CELAYA (1911-1991)

 

Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta, que firmaba sus poemas como Gabriel Celaya, nació en Hernani,  Guipúzcoa, en 1911. En Madrid inició sus estudios de Ingeniería y trabajó por un tiempo en la empresa familiar. Conoció allí a los poetas del 27 y a otros intelectuales que lo inclinaron hacia el campo de la literatura. A partir de este momento se dedicó por entero a la poesía. En 1947 fundó en San Sebastián, con su inseparable Amparo Gastón, la colección de poesía Norte. Obtuvo en 1956 el Premio de la Crítica por su libro De claro en claro, al que siguieron entre otros: Plural en 1935, Las cartas boca arriba en 1951, Cantos Íberos en 1955,Casi en prosa en 1972, Buenos días, buenas noches en 1976  y Penúltimos poemas  en 1982. En 1986 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas.Falleció en 1991. Se le considera uno de los grandes representantes de la llamada “Poesía social” de los años 50, junto con Blas de Otero y Ángela Figuera, corriente en la que los poetas denuncian problemas o injusticias de su tiempo.

 

Este precioso poema ha sido seleccionado por nuestra compañera Encarna Padilla, quien nos explica así sus motivos:

“Ahora que el barco de mi vida profesional avista el puerto en el que quedará definitivamente anclado, quiero compartir con vosotras y vosotros estos pensamientos de Celaya. En momentos de mi larga travesía en los que el desaliento me invitaba al abandono, han sido el viento amable que ha empujado mi barco con la ilusión intacta”.

Podéis ver este poema acompañado de música aquí:

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