Los hijos

 

Tus hijos no son tus hijos,

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,

y aunque estén contigo,

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas

viven en la casa de mañana,

que no puedes visitar,

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos

semejantes a ti

porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,

como flechas vivas, son lanzados.

Deja que la inclinación,

en tu mano de arquero

sea para la FELICIDAD.

 
KHALIL GIBRÁN (1883-1931)

 

Khalil Gibrán  nació el 6 de enero de 1883 en Bcharri, un pueblo de Líbano. Viajó a los Estados Unidos, cuando tenía doce años. Estudió inglés y empezó a perfeccionar su técnica de dibujo, una de sus pasiones junto a la literatura desde muy pequeño. En el año 1902 y 1903 murieron sus hermanos y su madre, dejándole una profunda tristeza que no lo abandonó nunca más y que transmitió en sus escritos. Cuando cumplió 23 años comenzó a publicar una columna en árabe con el título “Lágrima y sonrisa” en el diario Al Mohayer. Tres años después viajó a París, para completar sus estudios de dibujo y pintura. Allí conoció al escultor Gustave Rodin, quien se convirtió en su maestro y consejero. Como poeta, logró una síntesis entre la cultura árabe, que vivió durante la infancia y que heredó de sus antepasados, y su educación en la civilización occidental. Escribió, entre otras obras, El profeta,  Jesús, el Hijo del Hombre, Arena y Espuma, El jardín del Profeta, Los Dioses de la Tierra y Poemas y parábolas. El Profeta, considerado su mejor libro, contiene una serie de máximas con su pensamiento más profundo. Es su obra más difundida.  Este poema ha sido propuesto por Pilar Fernández, quien nos comenta sus razones:

He  elegido este poema porque me hace más ligera la tarea de educar y me producen un profundo respeto   las “flechas” que lanzamos a la vida ¡ojalá que den en la diana de la felicidad!

  
 

Podéis ver aquí una recreación musical y visual del poema:

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