DÍA DE LA MADRE

 

 

Las manos de mi madre

                 Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
                tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
                ¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
                las que todo prodigan y nada me reclaman!
                ¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
                me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

                Para el ardor ingrato de recónditas penas,
                no hay como la frescura de esas dos azucenas.
                ¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
                son dos milagros blancos apaciguando angustias!
                Y cuando del destino me acosan las maldades,
                son dos alas de paz sobre mis tempestades.

                Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
                porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
                Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
                ¡Son las únicas manos que tienen corazón!
                (Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
                aprended de blancuras en las manos maternas).

                Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
                cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
                ¡las manos maternales aquí en mi pecho son
                como dos alas quietas sobre mi corazón!
                ¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
                ¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

                                                                  ALFREDO ESPINO  

ALFREDO ESPINO nació en El Salvador en 1900 y murió muy joven, en 1928. Su padre, Alfredo Espino, era poeta, y su hermano, Miguel Ángel Espino, fue prosista. Se licenció en Derecho. La negativa de sus padres a consentir su casamiento con varias jóvenes, en distintos momentos, lo llevó a un estado de depresión y angustia y lo convirtió en alcohólico. Se suicidó durante una de sus crisis, con 28 años. Su único libro se titula Jícaras tristes. Es una colección de 96 poemas y fue publicado por sus  amigos póstumamente. Su poesía, de gran éxito en su país pero poco estudiada, muestra un estilo sencillo y lírico y está compuesta de romances, sonetos y vesos libres. El autor dedica a su madre, maestra, este poema.

Carmen Carrillo lo eligió por las siguientes razones:

Sería bonito hacer un homenaje a las madres dado que el próximo domingo celebramos su día (aunque en realidad deberíamos celebrarlo cada día del año). He pensado en este poema del poeta centroamericano Alfredo Espino porque creo que las manos de una madre simbolizan perfectamente todo el amor que trasmiten a sus hijos y reflejan igualmente la abnegación más grande que un ser humano puede dar a otro.

Además de dedicar este poema a todas las madres, esta semana recordamos especialmente a nuestro compañero Curro, con el deseo de que, en estos duros momentos y en una fecha como esta, nos sienta a todos cerca de él.

Podéis escuchar una versión de este poema cantada por Mercedes Sosa:

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