Autorretrato de 4º A

Mi infancia son recuerdos de mañanas de fútbol en un  patio de colegio,
pasear por una calle solitaria era entonces la mayor de mis aventuras.
Mi infancia son recuerdos de largas tardes de verano,
de olores que me mecen en pañuelos mojados.
¿Soy de escarcha o de albero?                 
 
Desdeño la mentira tanto o más que a los que mienten.
Hay en mis venas gotas de agua del mar calmado,
que se enfurece por una leve llovizna,
como si de una tormenta se tratara.
 
Desdeño volver a ser el niño de antes,
porque en mis venas aún perdura
aquella eterna discusión entre el bien y el mal.
Desdeño esos recuerdos imborrables,
que no dejan espacio para una nueva vida.
¿Soy persona o marioneta?
 
Adoro la naturaleza y los colores de la infancia:
azul, rojo, naranja…
Adoro esas sonrisas plasmadas en mis labios,
aunque trate de ser fuerte, acabaré llorando.
¿Soy jinete del caballo de mi vida?
 
Soy lo que nunca he sido,
converso con la mujer y con la niña que siempre me acompaña,
en lo profundo de mí, sé que nunca seré diferente.
¿Soy yo o ya he cambiado?
 
¿Soy quien quiero ser o quien quieren los demás que sea?
¿Me convertí en quien nunca quise ser o soy la mayor de mis utopías?
Cada signo de interrogación me aturde.
 
Converso con el día y la noche.
Abstraído del mundo converso con el semipintado lienzo,
y, entre blanco y negro, me dice que soy un hombre, solo eso.
 
Y cuando llegue el día del último suspiro
espero haber dejado algún vago vestigio.
 
(Recreación del poema “Autorretrato”, de Antonio Machado, realizado por el alumnado de 4º ESO A del IES Medina Azahara)

La profesora del Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES Medina Azahara, Cristina Castilla, que ha seleccionado este poema, cerrando el ciclo de textos publicados semanalmente durante el curso 2010-2011, nos explica cómo tuvo lugar su elaboración colectiva:

Este poema es el resultado de varias actividades de clase relacionadas con la Generación del 98 y con Antonio Machado. Su proceso de elaboración fue el siguiente:

          A partir de algunos versos del conocido “Autorretrato” de Machado, el alumnado de 4ºA elaboró su  autorretrato, recreando y transformando el poema de base. En general, salieron textos bastante aceptables, con el valor añadido de constituir una reflexión sobre su identidad, la memoria y los recuerdos personales; aprovechando el filón, los animé a aunar voluntades y crear un poema colectivo, que estuviera integrado por ecos de cada uno y que al mismo tiempo constituyera una especie de autobiografía de la clase. Para ello, seleccionamos al menos un verso de cada alumno  y después intentamos encajar las 24 piezas para darle unidad. Al resultado final le añadí las fotos de los alumnos y un archivo musical de fondo, que aparece en la siguiente página web:

http:www.wix.com/cristinacastillar/4a.

 Incluimos a continuación el poema original de Antonio Machado:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Y aquí tenéis el poema cantado por Joan Manuel Serrat:

 
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