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 “Cuando las uvas dulces van por el aire, el otoño se rompe de parte a parte”, dice una canción de Labordeta que me gusta especialmente y que suelo recordar cuando llega esta época del año. Septiembre es un mes hermoso, La oscura garnacha espera ser vendimiada ajena a las convulsas noticias que llegan de Irak, de Haití, de Estados Unidos. Me gusta el sol de septiembre.  A las puertas de los colegios las abuelas esperan a sus nietos bajo el cálido sol del mediodía y en algún momento surge un pensamiento para los niños muertos en la escuela de Belsan. Los fines de semana apetece salir al campo. Subir por las carreteras de Huesca hacia el Pirineo. Coger moras y comerlas a destajo. Poner los pies en el punto exacto donde comienza el camino de Santiago aragonés, en la misma frontera con Francia, junto al puerto de Somport. Cruzar el río Aragón. Bajar entre húmedos herbazales hasta las ruinas del Hospital de Santa Cristina. Fotografiar escaramujos y extraños insectos. Subir al fuerte del Coll de Ladrones. Fotografiar nubes y puentes. Oí r hablar en francés y en aragonés. Existen varias palabras en aragonés para nombrar el otoño: agorrada, otoñada, agüerro, tardagó (que es femenino), y también sanmigalada (que comprende la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre). “Hacer sanmigalada” quiere decir liquidar todas las cuentas pendientes, y también cambiar de trabajo. Ha empezado el curso y a algunos nos ha pillado con el pie cambiado, con muchos asuntos sin resolver.

 CRISTINA GRANDE, Lo breve, Tropo Editores, 2010, pp 36-37

Cristina Grande Marcellán es una de las últimas revelaciones del panorama literatio español. Nació en Lanaja, Huesca, en 1962 y estudió Filología Inglesa y Cinematografía en la Zaragoza. Es fotógrafa y escritora. Ha publicado libros de relatos (La novia parapente, Dirección noche y Agua quieta) y una novela (Naturaleza infiel, RBA), todos muy elogiados por la crítica. También ha realizado distintas exposiciones fotográficas. En sus obras se aferra al humor o al amor en medio de la crueldad y la inquietud presentes en su universo narrativo en pleno naufragio.

Nuestro compañero Rafael Jiménez Álvarez ha elegido el texto de esta semana por estas razones:

Descubrí a esta autora y este libro el verano de 2010 en Benasque, el municipio pirenaico donde suelo veranear desde hace años. Tuve noticia de que se había abierto una librería y acudí a conocerla. Y allí supe de esta escritora que también frecuenta aquella zona. Me encantaron estos relatos cortos, directos, entrañables y tan bien escritos.

 El texto lo he elegido también por la época del año en que nos encontramos y por su aporte léxico, ese tesoro de palabras que se van perdiendo. Me gustaría poder escribir así.

Os invitamos a dar un paseo por el Pirineo en otoño con el siguiente vídeo:

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