DÍA DE LOS DIFUNTOS

 

D. JUAN:
Tarde la luz de la fe
penetra en mi corazón,
pues crímenes mi razón
a su luz tan sólo ve.
Los ve… con horrible afán
porque al ver su multitud
ve a Dios en la plenitud
de su ira contra don Juan.
¡Ah! Por doquiera que fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí
y a la justicia burlé,
y emponzoñé cuanto vi.
Yo a las cabañas bajé
y a los palacios subí,
y los claustros escalé;
y pues tal mi vida fue,
no, no hay perdón para mí.
¡Mas ahí estáis todavía
(A los fantasmas.)
con quietud tan pertinaz!
Dejadme morir en paz
a solas con mi agonía.
Mas con esta horrenda calma,
¿qué me auguráis, sombras fieras?
¿Qué esperan de mí?
(A la estatua de DON GONZALO.)
                      
ESTATUA:
Que mueras
para llevarse tu alma.
Y adiós, don Juan; ya tu vida
toca a su fin, y pues vano
todo fue, dame la mano
en señal de despedida.
 
D. JUAN:
¿Muéstrasme ahora amistad?
 
ESTATUA:
Sí: que injusto fui contigo,
y Dios me manda tu amigo
volver a la eternidad.
 
D. JUAN:
Toma, pues.
 
ESTATUA:
Ahora, don Juan,
pues desperdicias también
el momento que te dan,
conmigo al infierno ven.
 
D. JUAN:
¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mí!
 
ESTATUA:
Ya es tarde.
 
(DON JUAN se hinca de rodillas, tendiendo al cielo la mano que le deja
libre la estatua. Las sombras, esqueletos, etc., van a abalanzarse sobre él, en
cuyo momento se abre la tumba de DOÑA INÉS y aparece ésta. DOÑA INÉS
toma la mano que DON JUAN tiende al cielo).
 

José Zorrilla (Valladolid, 1817-1893) es una de las máximas figuras de nuestro Romanticismo y, junto con el Duque de Rivas, el representante más destacado de su vertiente nacionalista y tradicional. En su accidentada vida destacan las pesadumbres que le produjeron su relación con un padre intolerante y rencoroso y las penurias económicas. Estuvo exiliado en Francia y México y conoció tanto el éxito popular como el olvido.

Destaca como autor dramático y como poeta lírico y narrativo por su gran facilidad para crear personajes y para versificar. Entre su obra poética sobresalen sus Leyendas y entre sus obras dramáticas, Don Juan Tenorio, estrenada en 1844, que se considera el drama romántico más popular de nuestra literatura. Durante muchos años fue representado por estas fechas, dado el protagonismo que adquieren en la obra los difuntos, especialmente la dulce novicia Doña Inés. Los españoles conocían, y aún conocen, de memoria muchos de sus sonoros y vibrantes versos.

Esta semana publicamos una segunda Pausa Semanal, pues la celebración así lo requiere. En esta ocasión es un texto propuesto por Pilar Nevado, que nos explica así su elección:

El protagonista de Don Juan Tenorio es el héroe romántico por excelencia. Mentiroso, rebelde, soberbio, seductor y sin escrúpulos, el Don Juan de Zorrilla, a diferencia del de Tirso, consigue su salvación por el amor que le profesa doña Inés.

Es este un mito universal y moderno a la vez, que desde su origen en leyendas y romances medievales ha sido recreado y estudiado en distintas épocas y por diferentes autores: Tirso, Moliére, Mozart, Baudelaire, Unamuno, Ortega …, y es la única obra española que se ha representado durante décadas en fecha fija coincidiendo con el del Día de los difuntos.

Todavía hoy nos sigue conmoviendo por la fuerza del amor y del destino.

La elección de esta obra se debe, en primer lugar, a la coincidencia de su representación con una celebración tan arraigada como la del Día de los difuntos. En segundo lugar, por el mensaje que transmite: el efecto purificador del amor. Y, por último, porque me recuerda a los seres queridos que ya no están entre nosotros, en especial, a mi padre al que escuchaba recitar esta obra durante su retransmisión anual por el espacio Estudio 1 de TVE.

 INÉS. Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en
comprensión
no cabe de criatura:

y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura. 

 También Pilar nos propone este enlace, con una soberbia interpretación de Paco Rabal perteneciente al Tenorio emitido hace años por Estudio 1:

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