DÍA DE LA CONSTITUCIÓN

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

 MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, 1938-39)

Miguel Hernández Gilabert nació en Orihuela en 1910 y murió en Alicante en 1942. Su corta, pero intensa vida estuvo marcada por la adversidad y el sufrimiento. Desde niño fue pastor de cabras, tuvo que luchar contra la voluntad de su padre para dedicarse a la literatura, combatió en la Guerra Civil en el bando perdedor, sufrió la muerte de su primer hijo, la impotencia ante el hambre que pasaban su segundo hijo y su mujer (recuérdense las conmovedoras “Nanas de la cebolla”), la cárcel, la terrible tuberculosis y la temprana muerte. A pesar de no haber podido realizar estudios superiores, en su obra se aprecia claramente la influencia de nuestros clásicos, tanto en los esquemas métricos como en los temas y el tono. Pero también aparecen imágenes de una fuerza deslumbrante, influidas por las vanguardias. Poeta y dramaturgo, Dámaso Alonso lo consideró un epígono de la Generación del 27. Entre sus obras destacan Perito en lunas (1933), El rayo que no cesa (1936), Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (1938-39) o Cancionero y romancero de ausencias (1938-41).

Esta semana queremos recordar la importancia que tiene nuestra Constitución en nuestras vidas. Por eso hemos elegido este conocido poema en el que Miguel Hernández confiesa su constante lucha en busca de la libertad. Porque, en el mundo acomodado en el que vivimos, es bueno, de vez en cuando, pensar en lo difícil que puede ser la vida sin ella y en los esfuerzos que realizaron muchas personas para conseguirla.

Podéis escuchar este poema cantado por Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos en el siguiente vídeo:

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