INTERIORES

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Abrió la puerta y la encontró como otras veces, tirada en el suelo del salón. Estaba descalza y la bata arrugada dejaba ver la mancha blanca de las piernas cruzadas de venillas azules.  El líquido de una botella abierta había oscurecido la mopa a su alrededor.

-¡Muérete, muérete de una puñetera vez! –masculló con rabia, las llaves todavía en la mano.

Entonces ella levantó el rostro hinchado y sucio y arrastrándose con dificultad, se abrazó a sus pies y le besó delicadamente los zapatos.

MARÍA TERESA MORALES

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María Teresa Morales Rodríguez nació en Peñarroya-Pueblonuevo. Estudió Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid. Fue profesora de Lengua y Literatura en el IES Blas Infante y en el IES  Séneca de Córdoba. El Ateneo de Córdoba publicó su libro La cocina tradicional cordobesa (col. Arca del Ateneo, Córdoba, 1999), de matiz antropológico, centrado en las costumbres y usos culinarios de la provincia. Ha colaborado en la revista El Arca del Ateneo con diversos artículos. Ha sido distinguida por el Ateneo con la Fiambrera de plata en 2002. Obtuvo el primer premio en el III Concurso de Cuentos del Servicio Municipal de Bibliotecas de Córdoba en 2003, el II premio en el Concurso de Relatos “Mujerarte” de Lucena en 2004, un accésit en el VIII Certamen de Narrativa “Mujeres Creadoras” de Baena en 2004, y quedó finalista en el II Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba en 2005. Su última obra es Dulce hogar, el libro de microrrelatos en el que se encuentra el que publicamos.

Este texto ha sido seleccionado por Rafael Jiménez Álvarez. Nos explica así su elección:

El lunes 21 octubre acudí al Círculo de la Amistad para asistir a la presentación del libro Dulce Hogar. Fue un acto organizado por el Ateneo de Córdoba para una obra editada por Manolo Patiño; dos motivos más que suficientes para no perdérmelo. Sin embargo, lo que hizo imprescindible mi presencia allí era su autora. María Teresa Morales fue mi profesora de Lengua y Literatura cuando cursaba 1º o 2º de bachillerato en la antigua “Sección Delegada” del Instituto Séneca (hoy IES Góngora) en la calle Claudio Marcelo. Una profesora de las que dejan huella.

Algo que actualmente puede resultar tan fácil como tener acceso a una obra de la literatura universal, en aquella época no lo era en absoluto. Recuerdo que la única biblioteca pública que había en Córdoba, creo que se llamaba “Biblioteca Provincial”; estaba ubicada en la calle Capitulares, donde hoy se encuentra la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Si mi memoria no me traiciona, creo recordar que solo tenía abierta al público una única y escueta sala con una maciza mesa de madera donde no cabían más de doce o catorce lectores. Me parece que los préstamos de libros no existían, o eran poco accesibles para preadolescentes como yo.

En fin, que gracias a María Teresa pude leer Guerra y Paz o Platero y yo, volúmenes que ella me prestó de su biblioteca personal. Y es que, en un chico de 11 o 12 años para el que los libros eran un artículo de lujo en su humilde familia, aquello resultaba un regalo del cielo.

 El libro en cuestión recoge en sus 55 páginas una colección de 25 microrrelatos que tienen en común, aparte de su escueta extensión, el tema del hogar al que se refiere el título. Y también lo terrible de las situaciones que narra y  que pueden ser tan cotidianas. La edición artesanal a que nos tiene acostumbrados Depapel cuenta con interesantes ilustraciones que acompañan al texto y que pueden resultar valiosas para reflexionar sobre lo leído.

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2 respuestas a INTERIORES

  1. buensuceso dijo:

    A Maria Teresa la conozco personalmente y no sólo por ser de mi pueblo, no sabía que se dedicase a la escritura y me alegra haberme enterado. A mi me dio clase de Biología en el instituto de bachillerato de Peñarroya Pueblonuevo ( mi pueblo ) una prima suya, Balbina Morales que inculcó en mí el amor por las ciencias, el amor por la naturaleza lo llevaba ya de siempre y el amor por la docencia, ” si algún día soy profesora, de Ciencias Naturales, por supuesto, me gustaría ser como ella. Daba unas clases amenas en las que de vez en cuando hacía incisos, seguía con perfectos esquemas el dearrollo de los contenidos y mantenía el orden en la clase sin apenas enfadarse o subir el tono”, Hacía que te gustara aprender por encima de todo. En fin recuerdos querido Rafael , recuerdos……….

  2. María Expósito dijo:

    La verdad es que te quedas con ganas de seguir leyendo

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