CÓRDOBA

 

                                                              A Carlos Castilla

 “¿A quién pediremos noticias de Córdoba?”

Porque las piedras que amabas a la tarde han sido derribadas,

talados los cipreses y su claustro de salmos silencioso,

destruidos los arcos,

el capitel rodó sobre la ortiga

y los artesonados aplastaron blasones,

soberbia, yelmos, gules…

Corrió la lagartija sobre lises

y las manos falaces arrasaron vergeles,

enmudeció la esquila en la espadaña,

abatieron dinteles, picaron tracerías, hundieron hornacinas

y a la venta pusieron atauriques,

teselas, surtidores, plata ilustre de ofrendas

y cobraron monedas de la traición tus hijos,

subastaron tus lágrimas, oh madre,

patria mía.

 

No había más belleza en este mundo.

Por las calles de cal, cuando furtiva

ajena sombra iba enamorada,

incansable de sol a sol,

tejiendo el embeleso luna a luna,

telones de murallas, celosías

de altas clausuras,

palmas de sombra sobre tapias blancas,

era ya sólo amor el escenario,

la letanía armoniosa de los nombres:

Muro de la Misericordia, Alcázar Viejo,

Plaza de los Aguayos, Piedra Escrita,

Tesoro, Hoguera, Cidros, Mucho Trigo.

¿Qué ramos de tristeza los naranjos al cielo levantaban?

¿Qué soledad y sus arpas de relente

enfriaban heridas como joyas?

Fuentes cegadas, oigo vuestros caños por la memoria,

vivas gargantas sollozantes.

Palpo el mármol, los fustes, las verdinas

sobre bronces ecuestres. Aromas como anillos

ciñen nupcias, suben por galerías desvaídas:

jazmín morisco, lilas, ajedrea.

Edén siempre perdido,

concédeme el recuerdo y su llave de niebla.

 

Don Luis se alejó por la calleja,

el Duque miró el ángel dorado del ocaso,

volvió al baño Lucano y tus hijos

de la campiña fueron a trabajar a Düsseldorf.

Amarillas banderas

como présagas aves codiciosas

enlutaron terrazas. Usura y avaricia

la heredad repartieron destruyéndola,

dividieron tu duelo,

echaron suertes

sobre el solar patricio,

fonsque sophiae,

mientras te disfrazaban percalinas

para un siniestro carnaval turístico,

oh inmortal, eterna, augusta siempre,

oh flor pisoteada de España.

 PABLO GARCÍA BAENA

Pablo García Baena nació en Córdoba en 1923. Estudió Bellas Artes. En 1947 fundó, junto a Ricardo Molina, Juan Bernier y Julio Aumente, la revista Cántico, punto de encuentro de un grupo de escritores andaluces que reivindicaba una mayor exigencia estética y enlazaba con la poesía del 27. Su obra, antes casi olvidada, fue rescatada por un grupo de poetas de la promoción del 70. Destacan los títulos Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957), Prehistoria (1994), Poniente (1995), En la quietud del tiempo (2002) y  Los Campos Elíseos (2006). En prosa, ha escrito, entre otras, Lectivo (1983), El retablo de las cofradías (1985) y Zahorí Picasso (1999). Ha recibido el premio Príncipe de Asturias en 1984, las medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba en 1984 y de la Provincia de Málaga en 2004, y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2008.  

El texto que proponemos, con motivo de la celebración del Día de Andalucía, pertenece al poemario Antes que el tiempo acabe (1978). En el siguiente vídeo podéis ver al poeta, uno de los mejores que ha dado Córdoba, recitando dos de sus composiciones.

 

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