ENSEÑAR LAS VERGÜENZAS

Me enseñaron la vergüenza.

Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo, de mis actos, de mis pensamientos.

Me enseñaron que lo que pienso es absurdo, que lo que hago es ridículo, que lo que deseo es sucio.

Y aprendí a no decir lo que pensaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor pensara algo mejor.

Y aprendí a no hacer lo que me apetecía, por vergüenza de que alguien a mi alrededor creyera que era inoportuno.

Y aprendí a no perseguir lo que deseaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor opinara que era inapropiado.

No contenta con someterme a la mirada externa, me plegué también a la vergüenza ajena.

Y aprendí a preguntarle a la vergüenza cómo vestirme, no vaya a ser que alguien pensara que voy buscando gustar, destacar. Y aprendí a escuchar a la vergüenza al desnudarme, no vaya a ser que me sintiera cómoda en mi cuerpo, y me acostumbrara a enseñar(me)lo sin miedo. Y aprendí a consultar con la vergüenza antes de abrir la boca, no vaya a ser que dijera sin filtro lo que me pasa por la cabeza, y se enterara la gente.

Y dejé de bailar, de reír a carcajadas, de rascarme el culo, de preguntar lo que no entiendo, de opinar lo que pienso, de compartir lo que siento, de pedir ayuda, de ponerme faldas, de ir a la playa, de comer o llorar en la calle, de ir sin sujetador, de pintarme, de salir sin pintar, de bajar a la calle despeinada, de usar esa ropa que dicen que no me pega nada, de llamar a quien echo de menos, de tomar la iniciativa, de decir que no, de decir que sí, de quejarme, de vanagloriarme, de estar orgullosa, de admitir que estoy asustada.

Y, a base de sentirme cada día más avergonzada, entendí que mi vergüenza nunca iba a sentirse saciada. Que toda la vida iba a imponerse entre yo y mi representante impostada. Así que busqué a mi sinvergüenza interna. Y le costó salir un poco, le daba vergüenza. Pero acabó sacándome a bailar, haciéndome dúo al cantar, saliendo conmigo a la calle con la cara sin lavar, animándome a hablar, a ignorar las cosas que me deberían avergonzar…

Y ahora no tengo tiempo para sentir vergüenza. Estoy ocupada viviendo.

Este texto aparece, sin firma, en la página web de Faktoria Lila (http://www.faktorialila.com/index.php/es/). Faktoría Lila “es un espacio de aprendizaje, creación y acción feminista. Es un espacio para todas las personas que quieran crear sus propios modelos de serlo, en libertad, sin imposiciones. Porque creemos que los cambios individuales son el primer paso para las revoluciones colectivas. También es un espacio de creación y aprendizaje colectivo, donde recogemos propuestas de trabajo conjunto y creamos espacios de aprendizaje “a medida”. Es un taller para quienes intuyen que detrás de la idea del amor en la que nos hemos socializado se oculta un sistema de prejuicios que nos condiciona y perjudica a unas y otros. Organizamos talleres sobre las formas en que podemos combatir la subordinación de las mujeres, desde el empoderamiento individual y la organización colectiva de mujeres y hombres. Queremos aprender, desaprender y experimentar para construir otro mundo en el que las mujeres seamos libres para ser como queramos ser, sin estar sometidas a los mandatos de la desigualdad, la belleza imposible obligatoria y el amor “como dios manda”. Porque creemos que los cambios individuales son el primer paso para las revoluciones colectivas.”

Así se definen sus componentes:

Ainhoa Lila. Feminista, observadora e indagadora de aprendizajes y cambios en clave feminista. En la tarea de aplicar todos los que pueda.
 
Irantzu Lila. Feminista, periodista, (de)formadora en talleres sobre igualdad, feminismos, amor romántico, liderazgo y comunicación. En proceso de desprincesamiento…
 
Esti Lila. Feminista, especialista en gestionar recursos y personas. Organizadora desorganizada. Enamorada, pero desprincesada. Madre polifacética.
Arkaitz Lila. Feminista, hombre en de-construcción, amo de casa, (re)formador en talleres sobre igualdad, feminismos, amor romántico, nuevas masculinidades, violencia de género. Cuidador. En proceso de desteñido del azul príncipe….
 
Lidia Lila. Feminista, socióloga e investigadora; curiosa, con ganas de cambiar el mundo. Especializada en género y en-rededa en las nuevas tecnologías. Fan del amor, pero del sano…
María Lila. Coach y (des)formadora que cree en el aprendizaje por descubrimiento. Acompañante en procesos de empoderamiento y convencida de que el cambio personal es imprescindible para el cambio global.

Con motivo del Día mundial para la erradicación de la violencia contra las mujeres, hemos seleccionado, por iniciativa de Mercedes Luchena, este texto, que podéis ver con imágenes en el siguiente vídeo:

Me enseñaron la vergüenza.

 

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Una respuesta a ENSEÑAR LAS VERGÜENZAS

  1. José Antonio Álvarez Enamorado dijo:

    Me encanta, Mercedes. Ole tú, ¡sin-vergüenza!

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