LA NANA DE LA CEBOLLA

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La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

MIGUEL HERNÁNDEZ

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Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como “genial epígono” de la generación del 27. 

La Nana de la Cebolla, fue un poema escrito en 1939, durante la Guerra Civil Española. Miguel Hernández compuso esta “Nana” en la cárcel, en septiembre, tras ser detenido por su activa militancia durante el conflicto. El poema lo escribió tras recibir una carta de su esposa, en que esta le habla de los dientes que le han salido ya a su hijo y de la penuria en que vive, hasta el punto de que la madre solo tiene para comer pan y cebolla. Miguel Hernández le envió el poema a su esposa e hijo, acompañado de una carta que decía “El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que le he hecho” (Leer carta completa aquí: http://mhernandez.narod.ru/1939.htm). Este poema cierra el Cancionero y romancero de ausencias, que el autor empieza en la cárcel, en trozos de papel higiénico, en 1938, y que se publicó en Buenos Aires, Argentina, después de su muerte en Alicante; está compuesto por seguidillas, y son versos concisos, rápidos y directos, para dar espontaneidad, como si hubiera sido precipitado, sin haberlo meditado demasiado, y con el objetivo de captar la atención del lector.

La entrada de esta semana ha sido elaborada íntegramente, incluyendo el poema, la biografía del autor, las imágenes y la canción, por Ismael Cobacho Márquez, alumno de 2º de Bachillerato B del IES Medina Azahara. También nos deja su comentario al poema:

La vida alberga momentos difíciles, situaciones injustas, y si no que se lo digan a Miguel Hernández Gilabert, perito en Lunas, y retratista de tropelías, el cual, siendo un rayo que no cesa, luchó, con el viento del pueblo, por olvidar su situación, y volver junto a su amor. Con esta nana, a través de un lindo Cancionero y Romancero de ausencias (como la de su familia), nos incrusta en la mente la imagen de la guerra, la imagen de la decadencia del ser humano… Miguel Hernández fue un gran poeta, quien desde su “cárcel mortal”, sigue siendo el hombre que acecha a la bella poesía, sigue siendo el hombre que algún día fue. Por ello, riámonos hoy de la vida, por Miguel Hernández.

En 1972, el cantautor Joan Manuel Serrat lanza un disco llamado Miguel Hernández. Serrat canta, junto con Alberto Cortez las Nana de la Cebolla, musicalizadas por este último:

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