AGUA CLARA

    La vida es el río que va a dar al mar, por supuesto, y también está claro que nunca nos bañaremos dos veces en la misma corriente, según dijo Heráclito, pero uno puede sentarse en la ribera entre las flores de esta incipiente primavera y contemplar cómo fluye el agua, que no es sino la propia memoria limpia o turbia. Existe el placer de remontar el cauce hasta llegar al manantial donde uno se bañaba de niño, aquellas risas, aquellos gritos, y recordar también los felices y turbulentos días de la adolescencia cuando era todavía agua plateada de alta montaña, tan fría e incontaminada la que llegaba a la cascada.

    Bajo la espesura de los sauces había plácidos remansos, que a veces un rayo de sol hería hasta el fondo de la madre y allí de joven la vanidad del cuerpo se fundía con el verde del agua desnuda. Pero hubo en momento en que la vida dejó de deslizarse suavemente sin peligro río abajo y en las riberas aparecieron los primeros cocodrilos. Recuerdas muy bien cuándo fue y quiénes eran esos enemigos. Después aún tuviste que atravesar un banco de pirañas antes de llegar a este prado de primavera donde ahora estás sentado contemplando cómo pasa el agua.

    El río tiene una doble corriente, una superficial y otra profunda, como sucede también en la vida. Este suave airecillo de marzo va a producir muy pronto un violento deshielo, y con la crecida por la superficie verás pasar junto con animales muertos, árboles arrancados de cuajo y enseres inútiles, todo lo que en ti fue vano y estúpido. En cambio, por el fondo del cauce a ciegas con el légamo fluirán hacia la muerte, hacia el mar, el esfuerzo que hiciste para no ceder al fracaso, los amores y sueños que hayas tenido, toda la belleza que pudiste obtener como un regalo en tu paso por la tierra. Pero nunca habrá que morir mientras en esta orilla sea primavera.

MANUEL VICENT

Manuel Vicent nació en Villavieja (Castellón), en 1936. Estudió Derecho, Filosofía y Periodismo. Colaboró en las revistas Hermano Lobo y Triunfo, entre otras, y en los periódicos MadridEl País, en el que actualmente aparecen sus columnas y artículos. Ha escrito además novelas (Tranvía a la Malvarrosa, Jardín de Villa Valeria, Son de mar, Balada de Caín), relatos (Los mejores relatos de Manuel Vicent), biografías y entrevistas (Retratos de la transición, Daguerrotipos, Borja Borgia), libros de viaje (Viajes, fábulas y otras travesías) y de gastronomía (Comer y beber a mi manera). Es también galerista de arte. Su estilo, barroco y sensual, cargado de dualidades de contrarios, resume, en palabras de su autor, «esos momentos que nos hacen felices, perplejos, escépticos y expertos en dioses menores». Dios y el carpe diem, el afán por gozar de los pequeños grandes placeres que nos brinda la vida aparecen constantemente en sus obras. Entre su palmarés se encuentran premios tan prestigiosos como el Alfaguara de novela y el Nadal.

Vicent es un autor bien conocido por nuestros alumnos, que hoy se gradúan. A ellos va dedicada la Pausa semanal en esta ocasión. Este año deja nuestras aulas una nueva promoción que verá discurrir el río de su vida, en el transcurso de la cual esperamos que las experiencias buenas y enriquecedoras sean mucho más abundantes que las negativas y que sepan llevar el rumbo del barco que es su vida sin dejarse embarrancar en la orilla. 

Podéis conocer mejor a este autor si veis el siguiente vídeo:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/esta-es-mi-tierra/esta-tierra-valencia-sentidos-manuel-vicent/672085/

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