LA CALLE DE ARMAS

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Así te amaba, voz lejana, cuando decías:
Amanecía entonces en la calle de Armas…
Era un carro ruidoso de gaseosas, sifones y aguas medicinales
donde la aurora, dulce, sonreía
como en triunfal cuadriga de leonados caballos.
Cantaban, enjauladas, desde los hondos patios, las perdices,
y el santero enlazaba de frescos heliotropos
el centro de la Virgen del Socorro.
Abrían los torneros sus puertas,
y en la tienda cercana de tejidos
colgaban de las perchas, rígidos, los capotes
y las listadas telas flameaban al indolente aire
como paramentos suntuosos abatidos sobre murientes fiestas.
Las barberías humildes,
el azogue manchado del espejo,
irisaban de un rosa pálido de pomadas,
de un azul de colonias, de verdes brillantinas,
como un pavo real entreabriendo el ocaso purpúreo de su cola.
Y los moldes de lata para dulces,
las jaulas, las parrillas, los grandes rayadores,
como escudos vencidos de guerreros,
colgaban en la puerta del latonero hábil,
donde el estaño finge un pez que salta líquido.
En el número 7 de la calle de Armas,
al pasar, el estío soplaba sus vaharadas de esencias turbadoras:
inmóvil mediodía en las eras calientes
cuando un sátiro joven deja caer el chorro de agua de su flauta.
Allí estaban las hoces, las trallas, los rastrillos,
las cribas, los sombreros de segador, los bieldos,
y Junio respiraba coronado de adelfas
que mustian los deseos con sus labios ardientes.
Sobre grandes canastos
se encontraban la yesca y el laurel victorioso,
las navajas y el huevo de zurcir calcetines;
y en papeles aparte, la sal y los cominos,
el azafrán bermejo, como cabellos cárdenos de corsarios turquíes,
el orégano amargo y el perejil fragante.
María Francisca, abeja en panal de almidón,
con delantales blancos de caladas vainicas, por la confitería
repartía la dicha en cajas de sorpresa,
con estampas brillantes de fabulosos pájaros en selvas irreales
y misteriosas cruces que acercando a los ojos,
enseñaban la casa santa de Loreto
o la gruta de Lourdes.
Cuando la tienda estaba dormida en la bateas al sopor de las moscas,
sus prodigiosas manos,
con tibias tenacillas y el ámbar de sus uñas,
rizaban los manteles albos de los altares,
los amitos, roquetes, los finos pañizuelos eucarísticos
y los mismos repliegues, idénticas cenefas
que bordaban de crema los pasteles de hojaldre,
cándidas margaritas, abullonadas nubes,
rodeaban el sacro pelícano sangrante
y el vellón inocente del Agnus Dei.
Con un largo quejido
anunciaba el sillero amarillas aneas,
y el vendedor de cuadros extendía sus cromos
donde una mujer rubia, con el cabello suelto
y felpa de brillantes,
desde una rosaleda, arrojaba a los cisnes blancos copos de almendro,
mientras la muerte rema, adornada de flores,
por el viejo taller del relojero,
en la dorada barca del tiempo, al compás de la péndola.
tenue cual la guadaña abatiendo las mieses.
Así, lejana, voz perdida, te amaba cuando decías:
Era el amanecer en la calle de Armas…

PABLO GARCÍA BAENA

Pablo García Baena © José Carlos Nievas

Pablo García Baena (Córdoba, 1923-2018) estudió Bellas Artes. En 1947  fundó, junto a Ricardo Molina, Juan Bernier, Julio Aumente y Mario López, junto con los pintores Miguel del Moral y Ginés Liébana, la revista Cántico. Desde entonces conocidos como Grupo Cántico, ensalzaban la poesía barroca, exaltada y vitalista y reivindicaban una mayor exigencia estética, enlazando con la poesía de la Generación del 27. Su poesía influyó entre las generaciones más jóvenes, sirviendo de puente entre los Novísimos y la Generación del 27. La revista, que estuvo en funcionamiento entre los años 1947 y 1957 se convirtió en una de las más importantes de la postguerra. Entre 1958 y 1971 se produjo un parón en su producción literaria que aprovechó para  viajar por distintos países. Finalmente volvió a escribir compaginando su actividad literaria con su trabajo como anticuario en Benalmádena (Málaga), donde residió entre 1965 y 2004, año en el que volvió a fijar su residencia en su ciudad natal. Su obra, antes casi olvidada, fue rescatada por un grupo de poetas de la promoción del 70. Destacan los títulos Rumor oculto (1946), Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957), Prehistoria (1994), Poniente (1995), En la quietud del tiempo (2002) y Los Campos Elíseos (2006). En prosa, escribió, entre otras obras, Lectivo (1983), El retablo de las cofradías (1985)  y Zahorí Picasso (1999).  De los galardones recibidos deben mencionarse el premio Príncipe de Asturias en 1984, las Medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba en 1984 y de la Provincia de Málaga en 2004, el título de Hijo Predilecto de Andalucía en 1988, el Premio Andalucía de las Letras en 1992 y la XVII edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2008. 

Para conmemorar el Día de Andalucía, publicamos un poema en el que, como en tantos otros de su autor, Córdoba aparece como fondo o como tema principal. A pesar de ser un poeta conocido en toda España, nunca quiso trasladarse a Madrid, sino que prefirió vivir en su ciudad natal, fuente permanente de inspiración para él. 

En este vídeo, el poeta, fallecido en enero de este año, recita dos de sus poemas.

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LANZAROTE, PRIMERA ESTROFA

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                            A César Manrique, pastor de vientos y volcanes.

Vuelvo a encontrar mi azul,

mi azul y el viento,

mi resplandor,

la luz indestructible

que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,

mis músicas dejadas,

mis palabras primeras mecidas por la espuma,

mi corazón naciendo antes de sus historias,

tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,

que es vivir más, en andas de este viento,

fortificar su azul, errante, con el hálito

de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta trasparencia,

y puedo serlo aún, aunque sangrando,

profundamente, vivamente herido,

lleno de tantos muertos que quisieran

revivir a mi voz, acompañándome.

Mas no quiero morir, morir aunque lo diga,

porque no muere el mar, aunque se muera.

Mi voz, mi canto, debe acompañaros

más allá, más allá de las edades.

 

He venido a vosotros para hablaros y veros,

arenales y costas sin fin que no conozco,

dunas de lavas negras,

palmares combatidos, hombres solos,

abrazados de mar y de volcanes.

Subterrráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.

Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

RAFAEL ALBERTI

Rafael Alberti Merello (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999) es uno de los poetas más populares de la Generación del 27. Su primer libro, Marinero en Tierra, fue escrito añorando el mar de su tierra natal, durante su estancia en Guadarrama y Rute  para recuperarse de una tuberculosis. Con esta obra obtuvo en 1924-25 el Premio Nacional de Literatura. Sigue La Amante (1925) y El alba del alhelí (1925-26), obras de corte vanguardista, frente al neopopularismo de la primera. Góngora es la principal influencia de Cal y canto (1926-27), para pasar luego al surrealismo de Sobre los ángeles (1927-28). Después seguirán obras de tono político, tras afiliarse al Partido Comunista y durante la Guerra Civil. La poesía de Alberti cobra cada vez más un tono irónico y desgarrado, como los poemas burlescos Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), Sermones y moradas (1929-1930) y la elegía cívica Con los zapatos puestos tengo que morir (1930). A partir de 1931 abordó el teatro con El hombre deshabitado El adefesio. Al terminar la Guerra Civil española, se exilió en Argentina, desde donde se trasladó a Roma en 1962. En 1945 publicó en Buenos Aires A la pintura: poema del color y la línea, dedicado a su otra gran pasión. Regresó finalmente a España en 1977, donde su producción poética continúa y se prolongará hasta muy avanzada edad. Fue elegido diputado por el Partido Comunista, pero pronto renunciaría a su escaño para proseguir su tarea literaria y ofrecer recitales por toda España. Sus libros de memorias La Arboleda perdida cosecharon un gran éxito. Entre las numerosas distinciones y homenajes que se le dedicaron destaca el Premio Miguel de Cervantes, que le fue concedido en el año 1983.

Francisco Luque, tras un viaje por Lanzarote, nos propone este poema, escrito por Alberti en el Taro de Tahíche (Lanzarote) el 31 de mayo de 1979 y recitado el 2 de junio de ese mismo año en el Auditorio de los Jameos del Agua, en un mano a mano con Nuria Espert, que declamó poemas de Lorca. Se trata de un poema inacabado dedicado a César Manrique, que construyó su casa en el Taro de Tahíche en 1968 sacando partido al espacio natural de cinco burbujas volcánicas, lugar en el que hoy se encuentra la fundación de este artista canario. Alberti había dejado ya su escaño en las Cortes y se dedicaba a su obra literaria, pero seguía siendo un icono de la libertad.

En este vídeo podéis ver la casa de César Manrique en Tahíche.

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ESTO ES AMOR

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

LOPE DE VEGA

  Sciammarella

Félix Lope de Vega Carpio (Madrid, 1562-1635) es uno de los escritores más importantes del Siglo de Oro español. El llamado ‘Fénix de los ingenios’, ‘Ingenio de España’, ‘Poeta del cielo y de la tierra’ y hasta ‘Monstruo de la Naturaleza’, renovó las fórmulas del teatro español en un momento en el que comenzaba a ser un fenómeno masas. En sus 73 años de vida se le atribuyen alrededor de 3.000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y casi 2.000 comedias. Sin embargo, fue tan prolífico con la pluma en la mano como extremo en su vida y es imposible entender sus obras sin las mujeres. Fue desterrado de Madrid, participó en dos campañas militares, secuestró a una de sus amadas antes de marcharse, fue padre de numerosos hijos legítimos e ilegítimos, se casó dos veces, engañó a todas y hasta se hizo sacerdote para calmar, sin éxito, sus pasiones y, sobre todo, para garantizarse la vejez. A pesar de sus vaivenes, a lo largo de toda su vida mostró gran curiosidad por aprender cualquier disciplina y leyó e investigó en diferentes materias hasta sus últimos días.

Lope de Vega, como afirma en este poema, sabía de lo que hablaba cuando escribía sobre el amor. Esta semana se celebra el Día de los enamorados, por lo que hemos recordado al insigne escritor e incansable amante que supo llevar su vida amorosa a sus numerosas obras. Para él, escribir y amar eran la misma manera de vivir.

Podéis escuchar este famoso soneto recitado en un vídeo extraído de la película Lope, del director Andrucha Waddington (2010), una completa biografía del autor.  

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Nabi Saleh

Ya he comentado cómo el activismo en diferentes organizaciones, especialmente si tienen carácter internacional, nos ayuda a aprender muchas cosas, geografía entre otras. Es curioso cómo nos ofendemos cuando alguien del extranjero muestra su desconocimiento acerca de España, o incluso de Córdoba, y cómo paseamos nuestra ignorancia con aplomo y desprecio hacia lo que se sale de nuestro entorno geográfico o cultural. Al fútbol debemos agradecerle que se conozca Camerún y sepamos que nh, en portugués/brasileño, se pronuncia como nuestra ñ (¡gracias, Ronaldinho!). Hace unos años, pedí a un estudiante chino, que tenía como alumno, que nos señalara en un mapa de China su ciudad de origen. No había oído hablar de ella en mi vida; tenía ocho millones de habitantes.

Nabi Saleh no tiene ocho millones de habitantes, es una aldea pequeña, en Cisjordania. Cisjordania está menos presente en las noticias que Gaza. La resistencia palestina, en Nabi Saleh, es pacífica y el hostigamiento por parte de las autoridades israelíes continuo. Hay que recordar que el muro de Cisjordania separa el interior de los propios territorios palestinos. Para ir a trabajar, a recolectar, hay que atravesar un sinnúmero de controles. El Grupo de Amnistía Internacional en Córdoba ha trabajado apoyando a los habitantes de la aldea de Jayyus, también en Cisjordania, y su principal problema era que les permitieran acceder a sus tierras sin la excesiva demora que hacía peligrar las cosechas. En el año 2013, en diciembre, con motivo del Día internacional de los Derechos Humanos, nos visitaron, en Córdoba, dos miembros de la familia Tamini. Entonces aprendí quiénes eran los habitantes de Nabi Saleh, cómo habían apostado sin dudas por la resistencia pacífica. Tuve la suerte de compartir comida y cena con ellos, además de la charla, y de aprender muchas cosas, gracias a unos magníficos amigos palestino-cordobeses, que nos hicieron de traductores. Se puede encontrar el vídeo de esta charla en la web del Grupo Local de Amnistía en Córdoba.

Hoy tenemos que hablar de Ahed Tamini, encarcelada a muy temprana edad. Ahed, como Raif Badawi, en Arabia Saudí, debe tomarse como símbolo de resistencia, y no debemos olvidar que es solo la cara visible de una realidad mucho más amplia. Más de 300 menores están presos en cárceles de Israel. El día 30 de enero se celebra el Día Internacional de la No Violencia y la Paz. No sé qué haríamos hoy con Gandhi, cuya muerte se conmemora ese día. Pintaremos palomas y recortaremos símbolos en los colegios. Haremos marchas y diremos que hay que luchar por la paz, sin saber muy bien qué queremos decir con ello. De vegades la pau no és mes que por (A veces la paz no es más que miedo) cantaba Raimon. No dejemos que lo sea.

Mª JESÚS MONEDERO ISORNA, Diario Córdoba, 28/1/2018

Mª Jesús Monedero Isorna es profesora jubilada de Lengua castellana y Literatura y activista de Amnistía Internacional. Desarrolló su labor docente en el IES Averroes de Córdoba, aunque es natural de Bilbao. Llegó a Córdoba en los años setenta, cuando su marido, el profesor Luis Sánchez Corral, obtuvo una plaza en la Escuela Normal de Magisterio. Ha sido durante muchos años coordinadora de Amnistía Internacional en Córdoba y responsable del área de comunicación. En su labor docente siempre ocuparon un lugar muy importante las obras de teatro que ponía en escena con sus alumnos. También ha colaborado en montajes teatrales y operísticas, tanto en el Gran Teatro de Córdoba como en el Teatro Villamarta de Jerez. Es una incansable activista en favor de los derechos humanos y una sensible, aunque reservada, pianista. 

El pasado 30 de enero se celebró el Día de la Paz. Mª Jesús Monedero estuvo en nuestro centro acompañada de Nieves Acosta y Bernardo Ríos. Los tres dramatizaron diferentes textos que trataban sobre la paz y la necesidad de respetar a todo aquel que es diferente. Admiramos y agradecemos a estos tres profesores por su denuncia de las situaciones injustas que se siguen produciendo con demasiada frecuencia en el mundo.

En el siguiente vídeo podéis informaros sobre Ahed Tamini, la adolescente palestina mencionada en el artículo que publicamos.

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CANCIÓN DE BRUJERÍA

Señor compañero, Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.

Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,
haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día

y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.

LUIS GARCÍA MONTERO

Luis García Montero (Granada, 1958) es poeta, ensayista y columnista de opinión, además de Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada. Realizó su tesis doctoral sobre Rafael Alberti, a quien lo unió una gran amistad. Pertenece al movimiento poético conocido como “La otra sentimentalidad”, “La nueva sentimentalidad” o “La poesía de la experiencia”, nacido en Granada en 1983 y constituido por el propio García Montero, Javier Egea y Álvaro Salvador. Estos tres poetas granadinos afirmaban partir de las teorías de Juan de Mairena, personaje filósofo creado por Antonio Machado, y defendían que para llegar a una nueva poesía acorde con los tiempos era necesaria «una nueva sentimentalidad». García Montero es autor de once poemarios y varios libros de ensayo.  También de una biografía del poeta Ángel González, titulada Mañana no será lo que Dios quiera (2009). Recibió el Premio Adonáis en 1982 por El jardín extranjero (1983), el Premio Loewe en 1993 y el Premio Nacional de Literatura en 1994 por Habitaciones separadas (1994). En 2003, con La intimidad de la serpiente, fue merecedor del Premio Nacional de la Crítica y en 1999 estuvo nominado para el Premio Cervantes. Otras de sus obras son Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980), Tristia (1982), Rimado de ciudad (1985),  Diario cómplice (1987), Las flores del frío (1991), Casi cien poemas (1997),  Completamente viernes (1998), Poesía urbana (2002), No me cuentes tu vida (2012), Una forma de resistencia (2012), Alguien dice tu nombre (2014) y Un lector llamado Federico García Lorca (2016). Ha recogido algunos de sus artículos periodísticos en los volúmenes La puerta de la calle (1997), La casa del jacobino (2003) y Almanaque del fabulador (2003).

La pausa semanal vuelve con un poema, en esta ocasión de Luis García Montero, al que tuvimos la suerte de escuchar el miércoles en nuestro centro. Ese día nos contó una anécdota de su infancia. Un profesor de Literatura les llevó un día a clase un tocadiscos para escuchar a Joan Manuel Serrat cantando a Machado. Al poeta le gustó tanto esa clase que con sus ahorros compró el disco, el primero de su vida, con apenas diez años. Y quién iba a decirle que al cabo de los años ese mismo cantante iba a llamarlo a él por teléfono, porque le había puesto música a uno de sus poemas y quería pedirle permiso para incluir esa canción en su nuevo disco. El poema apareció en su libro Habitaciones separadas, decisivo en la obra de Luis García Montero y en la historia de la poesía española contemporánea.

Y aquí está la canción de Serrat, que tituló “Señor de la noche”:

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HIPÓTESIS

Si muero alguna vez

no quiero camposantos:

qué ridícula imagen de la muerte,

que es inmensa,

apresada en un féretro.

 

Si llegase a morir

no me echéis a una hoguera:

debo respeto al cuerpo que me da cobijo,

y dado que es de agua

no lo ofendáis con fuego.

 

Si por error muriese

no me aromaticéis,

no me mortifiquéis,

dejadme estar.

 

Si finalmente he de morir un día

enterradme sin rito en un monte collado,

desnudo como vine

 

para que en otra era,

si una muchacha pasa silbando por ahí,

si tropieza con una piedra blanca

que se asoma a la tierra,

quizá la desincruste

 

y frote con cariño mi cráneo inmaculado,

 

y lo acerque a su oreja

                                               y oiga atenta el rumor

de un teatro vacío.

 

RAFAEL ESPEJO, Hierba en los tejados.

Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) es licenciado en Filología hispánica por la Universidad de Granada y colaborador como articulista de opinión y crítico literario en diversos medios. Ha publicaco Círculo vicioso (1996), Premio Federico García Lorca de poesía; Con (1999); El vino de los amantes (2001), Premio Hiperión; Nos han dejado solos (2009), Premio Emilio Prados, y Hierba en los tejados (2015), Premio Ojo Crítico de RNE. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés, al portugués y al italiano. En 2009 fundó La Catrina, agrupación que unía a sus poemas acompañamiento musical y animaciones visuales, y que dio lugar en 2011 a Los duelistas, junto a Dr. Montañés (teclado y sintetizador) y Jhonny Moreno (acordeón y chelo).

Esta semana traemos a La pausa semanal, a propuesta de Mª Dolores Ariza, un poema de Rafael Espejo, un poeta palmeño que vendrá a visitarnos el próximo martes. Participará en un encuentro con nuestro alumnado de 1º de Bachillerato, en el que se hablará de poesía, de la importancia de leer a los clásicos y, por supuesto, nos leerá algunos de sus poemas. Los versos de hoy pertenecen a su último libro, Hierba en los tejados, por el que fue galardonado con el Premio Ojo de la Crítica de Radio Nacional. Se llama “Hipótesis”. En él el poeta reflexiona sobre su propia muerte y deja por escrito cómo quiere que sea su entierro. 

Aquí podéis ver a Rafael Espejo recitando este poema y otro más, así como a otro poeta cordobés, Juan Antonio Bernier, haciendo lo mismo con sus versos.

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LA FERIA DE LOS DISCRETOS

–¿Saben ustedes lo que yo pensaba cuando estaba en Inglaterra? – dijo Quintín.

–¿Qué? –preguntó Pacheco.

–Poner una capilla. Ustedes habrán visto en Madrid una capilla creo que en la calle de Fuencarral, donde la gente echa mucho dinero. Pues yo la vi al pasar por la corte, y en el colegio siempre pensaba: “Cuando llegue a España pongo cuatro o cinco capillas, y todo el dinero que se recoja para mí.”

–Vaya unas ideas que tiene usted –dijo la condesa.

–Yo siempre he pensado que lo primero es hacerse rico.

–¿Y por qué no trabajar?

–Trabajando es como no se puede uno hacer rico. Yo tengo dos aforismos como regla de mi vida; son estos: Primero, sea tuyo o de otro, no te acuestes nunca sin dinero; segundo, la pereza siempre tiene su premio, y el trabajo su castigo.

PÍO BAROJA

Pío Baroja nació en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Fue un escritor de la generación del 98 y acabó la carrera de Medicina, aunque apenas la ejerció. Trabajó en una panadería legado de su tía en Madrid y ya allí comenzó a colaborar con sus primeros artículos. A la par de trabajar en la panadería, escribió sus primeras novelas. También ejerció la actividad política llegando a presentarse como concejal y diputado, pero fracasó en ambos objetivos. Cuando estalló la Guerra Civil vivió entre París y Madrid, pero ya sus novelas no alcanzaban el nivel de las anteriores. Murió el 30 de octubre de 1956 en Madrid.

Gran narrador, sus novelas se pueden clasificar en dos grupos: obras en las que predomina la acción, como Zalacaín el aventurero, Las inquietudes de Shanti Andía o La feria de los discretos; y novelas de reflexión, con un importante componente filosófico, como El Árbol de la ciencia o La busca. Destaca en ellas la maestría en la creación de los personajes, la estructura abierta, el pesimismo dominante y el estilo sencillo, a veces criticado por su desaliño. 

En esta ocasión es el alumno de 1º de Bachillerato D Javier Amezcua Martínez quien nos propone el texto y añade el siguiente comentario:

El fragmento escogido pertenece al libro La feria de los discretos, publicado en 1905 y ambientado en la Córdoba de 1868, previa a la revolución conocida como  “La Gloriosa”. El escritor en la mayoría de sus libros expone una visión pesimista de España, unida a la experiencia de un hombre de acción; ambas visiones se aprecian en este fragmento. Vemos cómo Quintín se transforma en un hombre de acción. Para ello deja atrás todo sentimiento y vive para él mismo. Ahí se demuestra la visión negativa del autor, ya que piensa que el pueblo de España está condenado a ser así, a ser egoísta, individualista y a tener como afán el dinero. Lo que más llama la atención es la última parte del fragmento en la que afirma que un trabajador nunca podrá llegar a ser rico mediante su labor. Mas si no das un palo al agua y no trabajas, como la inmensa mayoría de los ricos actualmente, cuya única labor es invertir en bolsa, te harás multimillonario. Es asombroso cómo el autor refleja esta ideología, muy española y cómo hoy en día podemos observar que esto sigue ocurriendo. Este fragmento nos hace reflexionar sobre si de verdad la sociedad en la que estamos tiene unos valores adecuados, sabiendo que son contrarios a la cooperación y que es una sociedad individualista, e injustos, cuando el trabajo no es recompensado justamente y para ganar dinero hay que dejar de trabajar.

Si os interesa conocer algunas novelas ambientadas en Córdoba, podéis ver el siguiente vídeo:

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